Acuerdos y debates en la izquierda española
En las últimas semanas, las dos formaciones más importantes de la izquierda hispánica han iniciado un proceso de intercambios políticos que podría culminar en un proceso de unificación.
Por un lado, el histórico partido de los socialistas, el Partido Obrero Socialista Español (PSOE), con su sólida implantación electoral y su discutida experiencia de gobierno durante el liderazgo de Felipe González.
Por el otro, Izquierda Unida, formada a partir de un sector proveniente del también histórico Partido Comunista y cuya evolución en los últimos años mostró, a la vez, un espíritu fermental, contestatario e innovador junto con crecientes dificultades en el plano electoral. No obstante su peso como corriente de pensamiento crítico, Izquierda Unida, conducida por Julio Anguita, ha venido disminuyendo su peso electoral de año en año.
De plasmarse el acuerdo programático que se viene examinando, la izquierda española estaría recorriendo un sendero con ciertas analogías a lo sucedido en Francia, en donde el gobierno socialista presidido por Lionel Jospin incluye en su gabinete a miembros del Partido Comunista Francés, para el desarrollo de un programa común sobre el que se construye la mayoría parlamentaria de que dispone el gobierno.
De hecho, el debate en España recién se inicia y el intercambio de opiniones está todavía en sus primeros pasos, al menos en el debate público.
A esa cuestión se refiere un artículo del destacado filósofo Francisco Fernández Buey publicado en su edición del domingo por el diario madrileño El País.
Fernández Buey, que ha estado siempre en las posiciones más contestatarias y renovadoras de la izquierda europea, va más allá del debate acerca de la posible unidad entre Izquierda Unida y el PSOE.
Sus consideraciones pueden ser tomadas desde una visión más general, válida para las transformaciones que viene experimentando la izquierda en Europa y, en cierta medida, en nuestra América Latina.
Dice Fernández Buey: «La pérdida del sentido crítico y, como consecuencia de ello, de los reflejos elementales ante los principales acontecimientos sociales y culturales del mundo actual ha crecido tanto, se ha hecho tal, que en ese ámbito es difícil decir qué es lo que diferencia ahora a la izquierda de la derecha. Todo ocurre como si al desplazarse el mundo, lenta pero continuadamente, en una misma dirección (la de la aceptación de lo dado, de lo establecido, de lo querido por los de arriba) los que viajamos en él no nos diéramos cuenta del movimiento mismo. Para tomar conocimiento de la velocidad del movimiento y saber que todo lo esencial se mueve por el momento hacia la derecha, hace falta, como cuando uno viaja en avión, otro término de comparación distinto del móvil con el que nos movemos. (…) Como en los tiempos de Galileo, para saber de verdad tampoco en este caso basta con el sentido común. Hace falta sentido común ilustrado.
(…) Tiene que haber un movimiento social en otra dirección. Movimiento social crítico, alternativo, hacia la meta de la emancipación humana. (…)Quiero decir: organización, programa y actuación en consecuencia. Tiene que haber un programa sociocultural claro, comprensible para las gentes y distinto a lo que ya dicen y hacen lo de arriba y mentores de la derecha. Lo mejor (…) es poner un ejemplo. No basta con decir ‘redistribución de la riqueza a favor de la mayoría’ o ‘creación de puestos de trabajo’ o ‘derecho a la vivienda’. Todo eso está ya dicho e instrumentalizado convenientemente por los que mandan».
Y para eso –agrega– lo mejor es acudir al humorista-filósofo. «Todas las terceras vías conducen a Wall Street», ha hecho decir El Roto a uno de sus parias.
Para ayudarnos a salir de la trampa de esta «lógica», el humorista-filósofo de Fernández Buey nos propone como pregunta esencial: «¿Para cuándo la moderación salarial de los banqueros?»
El debate, como se puede apreciar, va mucho más allá de una simple cuestión de alianzas electorales. Vale la pena no perderlo de vista.
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