¿Quo vadis?

Tengo a la vista algunos de los comentarios realizados por el compañero Fernández Huidobro, a raíz del cambio de opiniones surgido entre militantes del M(PP), mostrando a la luz pública la lógica y no escondida existencia en el grupo, de diferentes puntos de vista sobre la situación, hoy y aquí, generada por el actual gobierno.

El compañero se refiere al posible «delirio» de quienes llegaren a pensar que, «a continuación del fracaso de este gobierno se abrirán las puertas para el paso de las verdaderas fuerzas de izquierda  que no existen hoy fuera del FA, y menos existirán si contribuyen a romperlo»-. Y afirma que «en ese aciago caso se abrirán las compuertas para el paso torrencial, implacable y majestuoso de formidables fuerzas de derecha.

Opinión a la que se agrega la del compañero Pepe Mujica diciendo, con otras palabras, más o menos lo mismo en tanto «cuando un gobierno progresista o de izquierda fracasa, no viene un gobierno más de izquierda, viene un derechazo.

Estas conclusiones apocalípticas, que tienen sus sesudas contradictores del mismo palo (1), merecen algunas precisiones, para tratar de que prime el sentido común, y de su mano, se pueda salvar algo.

Lo que mucha, mucha gente está deseando, no es el fracaso de este gobierno, sino la necesidad de que el mismo, «se ponga las pilas», en cuanto al cumplimiento de lo ofertado oportunamente en su plan de gobierno y/o en su programa por la fuerza política a la que aquél dice representar.

Un primer elemento preocupante ha sido, desde el pique, el corte radical de relacionamiento con la fuerza política, a la que, aun hoy y entre bambalinas, se dice querer fortalecer. Varias de las decisiones fundamentales tomadas en estos 100 y pocos días se han caracterizado por la «umbilictomia», y de paso, y no por casualidad, por un total alejamiento del cambio prometido. Empezando, nada menos que, con los contactos realizados previo a la asunción, con los delegados del poder económico mundial, de la que surgió el contenido, sugerido por tales, de la proverbial Carta de Intención recientemente bendecida por «ellos». Y todas las decisiones que le han seguido han tenido el signo distintivo de una política de «agradar a los e(x)ternos acreedores.» Como ya dijéramos recientemente, desde la decisión de los recortes presupuestales del primer Consejo de Ministros, siguiendo por lo atinente al decreto «del agua», los «peloteos» referidos al Tratado (¿BI que?) de Inversiones con EEUU, todo ha llevado el signo de la «buena letra» con el Imperio.

En el caso de Jorge Batlle, que preanunció que iba a dar «dos platos», pero no de sopa, sino de lo «incomible»que habían ofrecido los tres anteriores gobiernos del «unicato rosado», la gente no podía quejarse, pues votó con conocimiento de causa de lo que le iban a «servir» en la mesa.

Todo lo contrario de lo que viene sucediendo ahora, en relación al ofrecimiento electoral del FA (etc.), que se precisó en promesas de «cambios buenos» Y se supone que entre ellos estaría la dedicación de todos los recursos producidos, a la mejora del «status» de los empobrecidos uruguayos. Ahora resulta que se sigue hablando de que, ya está «acordado», que hay que pagar más de 2.000 millones de dólares por año, a los «gauchos»(?) del Fondo. Y con «loquetequeda» (?), arreglárselas para solucionar «lo nuestro». Y eso no estaba en los «versos» que se vendieron antes de la actuación.

Incluso, en las negociaciones con el Fondo se actuó «a lo grande» ( a favor de ellos, claro), porque ni siquiera se mencionaron posibilidades de mejoras de condiciones pactables, u otros recursos, tales como las enunciadas por el doctor Sarthou, en el sentido de 1- la ilegalidad de la deuda contraída por los esbirros de la dictadura; y 2- la situación de emergencia que vive el país que amerita tratamientos especiales, previstos en tratados internacionales, tales, inclusive, como la condonación de la misma.

No se trata de tener expectativas de que, luego del fracaso de este gobierno, puedan venir como salvadoras, «las verdaderas fuerzas de izquierda«. Se trata de que este gobierno, intente seriamente no fracasar y se decida a caminar por el sendero diferente, que le prometió a sus votantes.

Porque, de otra manera, la amenaza apocalíptica de «la venida de la derecha», nos empieza a sonar como aquel cantito, cuando se nos decia que, si nos movilizábamos por algo justo, como el de «verdad y justicia», se nos venían encima, de nuevo, los milicos…

Lo que la gente está esperando es que que la prometida izquierda, o progresismo, si asusta la primera palabra, cumpla con lo estipulado en sus ofertas preelectortales.

Y que no se nos aparezca, tal como me lo comentaba con tristeza un viejo militante de todas las horas, como que el Partido Colorado, al menos en lo económico, nos sigue gobernando, aun hoy, bajo el seudonimo del novísimo F.A.P

(1) Compañero Jorge Zabalza, opiniones vertidas en el Semanario «Siete sobre siete.»

«No veo por qué esa caída de las expectativas, esa desilusión, pueda ir hacia la derecha. En Bolivia no fue hacia la derecha, en la Argentina tampoco. La caída de De la Rúa no fue hacia Menem. En Venezuela se cayó la vieja izquierda y se cayó todo el proyecto de Acción Democrática y sin embargo no fue hacia la derecha.

Acá no me atrevo a hacer pronósticos, pero sí creo que el esquema que emplea el Ñato de que la desilusión con un gobierno progresista va hacia la derecha tiene el interés de que nadie se oponga. Es la última onda, te descalifican para que no digas lo que pensás y empieces a rebajar los planteos: o sos «infantil», o sos un «mongólico» porque reclamás lo del agua, o sos un «vejiga» porque reclamás la reforma agraria». *

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