El pueblo tiene la palabra

A partir de los sucesos de Salud Pública los sectores conservadores, reflejados por sectores de los partidos tradicionales, sumados a los instrumentos del poder económico y comunicacional, han querido retomar la iniciativa. Repuestos del tremendo impacto que significaron las elecciones de octubre y municipales de mayo, que instalaron un nuevo mapa político, han desplegado una estrategia de resistencia. Pero lo real es que una amplia mayoría social y ciudadana le ha dado al gobierno nacional y a las ocho municipalidades de izquierda progresista un contundente respaldo.

Lo primero es que el pueblo quiere un cambio profundo a la política que se vino desplegando en las últimas décadas, y que ha dejado al país con un nivel de endeudamiento externo per cápita de los más altos del mundo y un serio déficit social.

Quizás algunos sectores políticos creen que no hay mejor defensa que un buen ataque y antes de que se pronuncien las auditorías sobre las unidades ejecutoras y sobre las empresas públicas busquen crear un clima adverso al gobierno y abrir el paraguas de sus posibles responsabilidades en irregularidades cometidas. Pero está claro que la gente nos votó para gobernar, para buscar soluciones concretas a los problemas heredados. Ahí estará el eje de nuestras preocupaciones. Gobernar es adoptar decisiones y ello implica distribuir recursos, afectar intereses si se busca la justicia social y recuperar a los sectores sumergidos.

El poder económico que hasta ahora tuvo su correlato en el plano político; se siente amenazado y buscará crear un clima negativo a los cambios moviendo todos sus instrumentos, en particular los medios de comunicación de los que son dueños e incluso estimular desbordes por la izquierda. Aquí cabe recordar la célebre regla del tránsito, adelantarse por la izquierda para retomar la senda por la derecha.

Las fuerzas de izquierda progresistas junto a las iniciativas legales, municipales o del Poder Ejecutivo, deben movilizar las masas para mantener un diálogo vivo que dé respuestas a sus inquietudes y alimente el estado de ánimo de la gente.

La comunicación y la movilización responsable es la doble vía del avance de las fuerzas del cambio.

Si de parte de las fuerzas conservadoras se ha iniciado una estrategia de desgaste y acoso, los progresistas deberán cerrar filas en torno al gobierno del cambio y ganar las calles con sus verdades. Veamos cómo ha ido evolucionando la semiótica de la derecha.

Primero amenazaron con que en caso de ganar la izquierda sería el caos. Los hechos demostraron que no sólo la transición ha sido sin traumas sino que el riesgo país se mantiene a niveles insólitamente bajos. Es más, mientras anteriores gobiernos efectuaron ajustes fiscales, Lacalle, Sanguinetti y Jorge Batlle, el actual gobierno busca equilibrar sus cuentas sin aumentar la penuria social.

Mientras un sector colorado busca atacar la iniciativa de aliviar la superpoblación carcelaria, como un objetivo que aumenta la inseguridad pública, desde filas del otro partido tradicional se atiza la confrontación de derecha con un discurso «izquierdista».

Realizar los cambios estructurales, en esta realidad latinoamericana de duro discurso de guerra preventiva por parte del poder hegemónico, requiere gradualidad, firmeza y amplitud de base político social. Las élites económicas y políticas tradicionales y conservadoras se resisten a que la nueva realidad política se consolide.

Si bogas palos; si no bogas, palos también. Las pintadas que atacan al gobierno porque logró un entendimiento con el FMI, sin arriar su propio programa de izquierda, serían otras si ello no se hubiera logrado y nos atacarían como factor de inestabilidad e incapacidad. Como no hay turbulencias financieras, se las quiere sustituir con turbulencias políticas. Lo mismo sucede en el tema Derechos Humanos: si se busca cumplir con la Ley y llegar a fondo con las investigaciones sobre el tema detenidos-desaparecidos, se acusa de inexperiencia y de incentivar intranquilidad en el seno de los militares. Todo lo que modifique el statu quo recibe ataques.

Ahora se suman hechos callejeros que en lugar de facilitar el cumplimiento del Plan de Emergencia, no sólo lo dificultan sino que agregan otro tipo de ingredientes. La seguridad pública será bandera complementaria de la justicia social y de la plena vigencia de las libertades democráticas.

Que nadie se equivoque, los cambios se harán, las auditorías cumplirán su fin de esclarecimiento y seguiremos nuestro camino de cambios en democracia. El pueblo, como siempre, tiene la palabra. *

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