¡Cuidado, Lula!

La situación política y económica de Brasil se agrava a cada día, arrastrando al gobierno Lula y al Partido de los Trabajadores a una crisis extremadamente grave.

Esta crisis fue abierta por la oposición, a través de un artículo del ex presidente Fernando Henrique Cardoso, en el cual llamaba la atención sobre una crisis institucional en Brasil e invocaba la caída de João Goulart en 1964 y el impeachment de Fernando Collor en 2002 como antecedentes. Este grito de guerra lanzó a la oposición al gobierno de Lula en una feroz ofensiva en contra del gobierno, del Partido de los Trabajadores invocando un supuesto «mar de lodo» en que Brasil se habría sumergido.

A partir de este momento los incidentes más elementales se han convertido en pretexto para terribles amenazas a la gobernabilidad del país y en escándalos horribles. Es claro que el Partido de los Trabajadores se tornó presa fácil de este tipo de ataques en la medida en que construyó su prestigio político en gran parte manejando campañas de «moralización» de la vida pública y buscando diferenciarse de todos los demás partidos por su conducta rígidamente «ética».

Pero la verdadera razón que llevó al partido a su debilidad actual ha sido su sumisión al control de una mayoría conservadora, que sometió toda la vida partidaria al objetivo electoral de alcanzar el gobierno. Este «campo mayoritario» despreció los aliados de izquierda del PT que se habían unido en la campaña presidencial de 1998 y se aproximó de fuerzas políticas poco definidas doctrinariamente para buscar el apoyo del «centro», particularmente del sector empresarial, descontento con la política económica «entreguista» al capital internacional y totalmente favorable al sector financiero nacional.

Con estos apoyos Lula llegó a la segunda vuelta electoral y ganó la segunda vuelta con el apoyo de los partidos de izquierda que se unieron a su candidatura.

Sin embargo, Lula ha despreciado totalmente su base electoral. No solamente se negó a formar un consejo político de los partidos que lo apoyaron en la segunda vuelta (ha perdido el apoyo de casi todos) como se apartó del programa político acordado con las fuerzas que le dieron el apoyo en la primera vuelta a través, sobre todo, de su vicepresidente que se convirtió en un firme opositor a la política económica del gobierno de Lula que siguió estrictamente (a veces hasta más a la derecha) la política económica de Fernando Henrique Cardoso.

Asimismo buscó ampliar su apoyo parlamentario con sectores de la ultraderecha comprometida con la dictadura. En realidad se vio sin base en la izquierda, incluso de su propio partido, en los sectores de centro que lo apoyaron entusiastamente rompiendo años de vacilación política, en la iglesia que exige una reforma agraria más definida y una política social que entra en contradicción con la política económica de entrega de los recursos del país a los prestamistas del Estado. Rompió incluso con el entusiasta apoyo de los militares nacionalistas y de todo el sector militar al mantener la política económica del FMI y al abandonar las fuerzas armadas a las más terribles condiciones económicas.

Esta fue la verdadera fuente del debilitamiento del gobierno de Lula.

Para agravar aun más la situación intentó engañar al país con una enorme propaganda sobre los resultados positivos de la política económica que, después de producir una recesión de -0,5% en 2003, produjo un crecimiento de cerca de 5,0% en 2004 y camina para un crecimiento de cerca de 3,0% en 2005. En verdad el sector productivo del país está totalmente ahogado en deudas a partir de unos intereses absurdos pagados por el Estado para una deuda inexistente forjada única y exclusivamente para «detener» la inflación que nunca cae definitivamente.

Este es el verdadero fundamento de la crisis, FHC y sus secuaces jamás se atreverían a atacar tan duramente el gobierno y el PT si éstos no tuvieran sus sistemas de alianzas totalmente roto en función de su traición al programa de su partido y sobre todo si no supieran de los límites graves a que conduce la política económica ahora en curso. FHC vio reducida su base de apoyo a 23% de la población al final de su gobierno. La aceptación del gobierno de Lula está en torno del 37%, tendiendo a caer cada vez más. Esta era la hora cierta de dar los golpes para tirarlo al suelo. Pero se les está pasando la mano y se arriesgan a derrumbarlo. Sepan estos señores que el pueblo brasileño jamás los colocará en el poder otra vez. ¿Quieren conducirnos a la situación de Bolivia? ¿A la crisis social y política permanente?

El 13 de abril pasado, cuando la ofensiva de la derecha aún no se perfilaba, terminamos un artículo en este diario con la siguiente advertencia: «Cuidado Lula, cuidado Dirceu, cuidado tendencia mayoritaria del PT. Los hechos pueden hacerse irreversibles y entonces se hará muy difícil mantener el poder que 64% del pueblo brasileño les entregó.

Ya no podemos incluir a Dirceu en este aviso pues ya cayó, parece que no podremos incluir también el llamado «campo mayoritario» del PT pues entró en crisis definitiva.

Sólo nos resta una apelación: ¡Cuidado Lula! Ellos te están preservando para someterte totalmente a sus objetivos. Hasta te ofrecerán una alianza como siempre quisieron, con el PT de derecha en la cola del PSDB. El pueblo brasileño no tolerará este escarnio. *

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