Propuestas de política de empleo

Los empleadores y el propio gobierno han argumentado que una de las principales causas del desempleo es el costo elevado de los beneficios sociales. Proponen que sean disminuidos.

Por otra parte disminuir los beneficios sociales («flexibilizar» según ellos) no crea nuevos empleos; apenas disminuye el costo social para los empresarios y penaliza al trabajador.

Otro argumento utilizado al respecto es la implantación de las nuevas tecnologías que liberan mano de obra. Esta reducción puede ser compensada en parte por el desarrollo de otros sectores en caso de que exista una política que desarrolle los sectores que atienden las necesidades básicas de la población, dirigiendo en este caso los recursos hacia los sectores más importantes.

En verdad lo que está sucediendo es un aumento de la productividad en algunos sectores con franco crecimiento inclusive tecnológico de la producción global de la sociedad.

El aumento de la productividad del trabajador debe estar acompañado por el aumento de la producción, siendo condición para la dinamización de la economía.

Están llamando productividad a la capacidad de producir más, utilizando menos mano de obra. Por ejemplo cuando un trabajador pasa a realizar un trabajo que antes lo hacían dos, significa aumento de la productividad, sin ser necesariamente aumento de la producción.

Si los dos trabajadores son mantenidos con esa nueva productividad, la producción será el doble. Evidentemente si esta producción está dirigida a un mercado restringido, no habrá interés en producir más; pero si ella busca atender las demandas efectivas de la población, funcionará inclusive como dinamizadora del mercado.

 

Lo social como factor de crecimiento económico

Las realidades sociales no pueden ser reducidas a costos como forma del pensamiento arriba descripto que podemos llamar «mercantilista».

Dejar de lado lo social produce costos elevados y hasta no productivos; estos costos pueden ser verdaderos desperdicios que atrofian más las propias formas de producción.

La prioridad del mercado es que existan costos altos para pocos resultados sociales. Lo que se paga en propaganda con la difusión de mensajes vacíos por los medios de comunicación, con campañas electorales centradas en el recurso financiero y el marketing y sin ninguna discusión política sin beneficio real para la población es algo grave, principalmente si consideramos las grandes desigualdades sociales de nuestra realidad.

 

La ideología de la globalización

La globalización es un proceso que apunta a la unificación de todos los mercados del mundo sobre la articulación de las transnacionales. Ella requiere el predomino de las reglas del mercado sobre las regulaciones dictadas por los gobiernos de los países. Marca el ingreso del capitalismo en una nueva etapa de su desarrollo, en que las corporaciones transnacionales comienzan a avasallar la soberanía de los estados nacionales.

Atribuir el aumento del desempleo al aumento de la productividad es sustentar un discurso ideológico de globalización. Esto no es un proceso resultante de la evolución natural, ni tampoco irreversible.

Pero esto debe ser sometido a la voluntad política de la sociedad. Ante la globalización que atiende a ciertos sectores del capital, los gobiernos no pueden dejar de plantear alternativas.

No podemos aceptar –con el pretexto de la globalización– la irresponsabilidad social.

Qué producir, para quién, para qué y cómo hacerlo deben ser opciones que deben ser definidas en función de las necesidades y los derechos básicos de la población.

Este es un imperativo ético de la modernización y un criterio central de análisis de los gobernantes. Si el modelo impuesto deja cientos de miles de trabajadores y trabajadoras sin empleo y en la desesperación de la falta de perspectivas, este modelo produce un impacto que no puede ser aceptado.

Enfrentar el desempleo requiere de coraje, determinación política y capacidad de propuestas alternativas. Una perspectiva ética, una política económica preocupada solo en garantizar la estabilidad de la moneda no puede llevar adelante una política de empleo.

Esto implica políticas de investigación, de financiación y de reestructuración económica que sean solidarias; en que la justicia y la igualdad de hecho se tornen de una vez en punto de referencia para el desarrollo de la economía.

 

Impacto social

Hasta hace poco tiempo, los sectores dominantes consideraban la discusión sobre el medioambiente como económicamente insignificante.

Cuando la devastación ambiental comienza a ser un riesgo para el equilibrio del planeta, la discusión se impone. Hoy el impacto ambiental es ampliamente discutido.

La idolatría del mercado considera ahora la cuestión social como un subproducto inevitable, como antes era la cuestión ambiental. Es preciso decir basta a esa irresponsabilidad.

No podemos aceptar que la cuestión se coloque en términos de qué hacer con los pobres en nuestra sociedad. Ellos no interesan más que como mano de obra, no son consumidores, no tienen calificación profesional; por lo tanto no tienen utilidad del punto del vista del mercado.

¿Cuál es entonces el lugar social del pobre?

Para los defensores del mercado, ellos estarían al cuidado de las sociedades filantrópicas a través de políticas compensatorias.

Es bueno destacar que muchas ONG corren el riesgo de asumir ese tipo de irresponsabilidad. *

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