El gobierno se reúne a conversar en El Quincho
El gabinete de Tabaré Vázquez hará su segundo «retiro espiritual» este sábado en El Quincho de Suárez, para conversar de política.
Motivó la reunión la sensación de que algo se iba de las manos. Probablemente sea que el gobierno gobierna, pero no está ejerciendo la conducción política del país.
Hacia 1996, Líber Seregni concretó la venida de un experto chileno en administración, para formar cuadros del Frente Amplio. El método expuesto incluía, como una orientación a atender, conservar el apoyo de la opinión pública.
No para ganar las siguientes elecciones; sencillamente porque sin ese apoyo no se puede concretar una acción de gobierno. Y eso vale hasta para administrar los gastos de un edificio. A escala de una nación, eso se llama liderazgo político. Sin eso, el país no marcha.
Sabiendo eso, el presidente Sanguinetti llamaba casi a diario a legisladores foristas clave en distintos temas, para coordinar acciones políticas.
Parte de la ciencia es la comunicación pública. Y la política comunicacional de este gobierno es pobre. No presionar a los medios como se hizo en el período referido, no discriminarlos, está bien. Pero eso es un mínimo; como que la política económica no puede limitarse a no robar.
Concentrar la información de gobierno los lunes, con un batiburrillo de resoluciones y declaraciones que los medios consignan en forma apretada sin gererar repercusiones, no es una buena idea.
Pero la comunicación es una herramienta. Hacer política significa tener iniciativa, marcar la cancha y elegir los temas: definir la agenda pública.
Alguien aplicó a esto la llamada «Regla del 80-20″, o «70-30″. En todo tema habrá un 70% con una posición y 30% con la contraria, simplifican. Si los temas que se debaten son siempre los que a uno lo dejan con el 30% de apoyo, se irá consolidando una sensación térmica de oposición generalizada.
En las últimas semanas, los temas fueron: primero el Tratado de Inversiones, que nadie sabe quién apuró. La semana siguiente, los doctores Leborgne, planteado de manera que dejó al gobierno a la defensiva. La siguiente, el motín en Colonia Berro. La siguiente, presuntos malestares militares. La siguiente, los cortes de calles.
El gobierno no puede imponer la agenda. Otros también juegan. A veces perderá. Pero no puede carecer de iniciativa en ese rubro. El país no lo soportaría.
Podemos suponer que los ministros están administrando bien. Que están afilando laboriosa e inteligentemente importantes transformaciones. Que estudian salidas a crisis e ineficiencias generalizadas. Que preparan un presupuesto óptimo. Es decir, que gobiernan. Pero nada podrán culminar bien sin opinión pública, sin conducir políticamente al país.
Hoy, no sólo los legisladores no tienen una comunicación fluida con el Presidente, sino que mucho menos la tiene el Frente Amplio. Una de las transformaciones políticas más grandes de las últimas décadas fue que sectores marginales que votaban al pachequismo ahora voten al Encuentro. Y un grupo insignificante está horadando esa base social sin que los comités de base tengan herramientas para entusiasmar con un proyecto.
Esta semana, el oficialismo parece haber reaccionado. Varias medidas a diversos niveles parecen demostrarlo. *
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