Los medios y las clases

Nos referimos a los medios de comunicación y a las clases sociales.

Los medios de comunicación llamada «abierta» y que es en realidad bastante cerrada, suelen informar de una manera muy sesgada acerca de los hechos que afligen a nuestra sociedad.

La distorsión, a veces grosera y otra bastante sutil, que se está produciendo en estos días, nos da algunas pautas de cómo se entiende la información «objetiva», en un sistema mediático como el que hoy predomina en Uruguay.

Sistema que en algún momento habrá que examinar de acuerdo a sus antecedentes, a las leyes en vigor y a los objetivos de construir ciudadanía que se propone llevar adelante este gobierno popular.

En estos días el pensamiento conservador hegemónico pretende mostrar al gobierno como débil ante las movilizaciones populares, como inexperto en el ejercicio de su autoridad y como más o menos irresponsable en lo atinente a la defensa de los valores de la seguridad ciudadana.

Recordemos, por lo demás, que durante decenios, la llamada «seguridad ciudadana» inspiró las medidas represivas más intolerables y la inseguridad para todos los que no comulgaban con el régimen autoritario y sus secuelas.

La exageración de las muestras de protesta, la idea de una peligrosa avalancha del pobrerío ante la negligencia del gobierno, está en el fondo de un ataque de signo conservador y clasista.

Es que los intereses económicos que controlan el poder mediático han ido creando ciertas figuras impactantes en materia de comunicación.

Por ejemplo, resulta fácil y placentero para los ojos conocer todos los detalles de la vida de las familias económicamente poderosas. Los lugares de buen gusto donde realizan sus «saraos», las prendas de las novias el día de su casamiento, los atavíos de las grandes damas en las jornadas de beneficencia, los asistentes a los espectáculos elegantes, el entretejido por vía matrimonial de los apellidos de la plutocracia y demás. Entre El País y Búsqueda y sus revistas «sociales» uno puede constatar cómo algunos se sienten viviendo en el primer mundo, hasta mejor, pues los salarios del servicio doméstico se pagan con sueldos del Primer Mundo… ¡qué jauja, eh!

En cambio, de los obreros que trabajaban en General Electric o en TEM, ILDU o Martínez Reina, de los operarios de Inlasa y sus familias, de las decenas de miles de obreros que perdieron sus puestos de trabajo en los años de la desindustrialización neoliberal, ¿quién sabe dónde están? ¿Cómo viven? ¿Cómo resuelven sus necesidades elementales de salud, vivienda y educación?

¿No provendrán de esa clase obrera, antaño dotada de puestos de trabajo firmes y hoy en la calle, los habitantes de los asentamientos precarios?

¿Qué biografía tienen las miles de familias que se inscribieron para ser asistidos por el Plan de Emergencia?

¿Qué historia laboral y familiar tienen los individuos –y suman cientos en las cárceles– que robaron por primera vez teniendo más de 50 años?

¿Cómo había vivido hasta entonces? Lo más probable es que fuera un trabajador honrado al que luego la vida, la miseria, la desesperación arrojó al delito.

¿Quién es socialmente más peligroso, el que robó para comer o darle de comer a sus hijos o el que, en un acto de irresponsabilidad social, lo arrojó a la miseria?

La forma como ahora se está procurando desacreditar la acción de gobierno del Frente Amplio expresa una tensión que no es nueva. Pero que ahora toma más intensidad porque a quien se trata de desacreditar es a un gobierno legítimo que está jugado al cambio social. Y eso no lo toleran ni los intereses conservadores del gran capital ni los medios de comunicación que son su apéndice político y cultural.

No se trata de una acción conspirativa de los amos de los canales y políticos de derecha sino de una acción más compleja y sobada en la que hay muchas formas de participar y muchas formas de complicidad encubierta.

La lucha por la opinión pública es un campo de batalla esencial y todo parece indicar que las fuerzas populares y el gobierno que las representa no se dejarán arrebatar lo que dignamente han obtenido. No serán derrotados por maniobras mediáticas. *

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