Herencia maldita en los municipios

El jueves pasado asumieron sus cargos las nuevas autoridades municipales surgidas de los comicios de mayo.

En todo el país, el cambio de gobierno se convirtió en una jornada cívica con características de fiesta, al tiempo que el Poder Ejecutivo confirmaba –mediante la presencia de sus figuras más relevantes en cada una de las ceremonias– su manifiesta intención de lograr una mayor cooperación entre el gobierno central y los gobiernos comunales. La experiencia vivida por la Intendencia de Montevideo desde que en 1990 fue gobernada por las fuerzas progresistas sirvió para que el doctor Tabaré Vázquez se propusiera cambiar radicalmente el relacionamiento entre el gobierno nacional y los departamentales. La grosera discriminación de que fue objeto la comuna capitalina durante la gestión del doctor Vázquez y las dos del arquitecto Arana reveló el espíritu mezquino de los gobiernos blancos y colorados. Una mezquindad que no obedeció más que al deleznable propósito de poner palos en las ruedas a la gestión municipal en manos de la izquierda, como forma de minar su prestigio sin importar que con ello se perjudicara a los vecinos. Dicho sea de paso, vanos resultaron los intentos de desestabilización pues la izquierda fue creciendo, elección tras elección, desde poco más de un tercio del electorado de la capital hasta llegar a los tres quintos en los últimos comicios.

Pero más allá de estas reflexiones y del auspicioso viraje que el gobierno central pretende dar a la relación con los gobiernos comunales, la asunción de las nuevas autoridades permitió revelar –y en algunos casos, confirmar– la caótica situación financiera que vive la mayoría de las comunas.

Dejando de lado el activo disponible en las arcas municipales rochenses con que se encontró Artigas Barrios (que ascendía a la ridícula cifra de 37 pesos), tal vez sea la comuna canaria la que ofrece un panorama más alarmante. El déficit cercano a los cien millones de dólares que deberá enfrentar Marcos Carámbula compromete seriamente el programa de gobierno que los canarios votaron. Pero independientemente de esa situación financiera, las nuevas autoridades han encontrado un municipio no sólo sin recursos sino, además, con una infraestructura prácticamente inexistente. Tal como se informó el sábado, la primera medida adoptada por Carámbula fue la firma de los convenios para poner en marcha el Consorcio Público, integrado por la Intendencia, el MTOP, el Mvotma y OSE. Se trata de un ambicioso proyecto para atender la situación catastrófica de la Ciudad de la Costa en cuanto a vialidad, saneamiento, racionalización del transporte y ordenamiento territorial, que son las carencias más acuciantes que sufren los habitantes de esa zona. Sin embargo, la tarea será ardua, ya que la intendencia canaria casi no cuenta con equipos ni maquinaria para trabajos mínimos; las carencias van desde las máquinas indispensables para reponer pedregullo en los pozos de las calles hasta las herramientas más elementales, como carretillas o picos.

La herencia dejada por la administración anterior se revela, pues, como extremadamente pesada; casi una herencia maldita que habla de la irresponsabilidad criminal de los gobiernos anteriores. Negligencia, ineptitud y grosero clientelismo, han sido las características salientes de administraciones que prescindieron de las necesidades de los contribuyentes, los abrumaron con tributos y no brindaron prácticamente ningún servicio. *

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