Y la propiedad de los brazos ¿no genera derecho?
Y hoy los empresarios están inquietos por: ¿hasta dónde llega el fuero sindical, la libertad sindical y la ocupación de los lugares de trabajo?
Qué ironía, ¿no?, porque desde principios de los noventa y a nombre de la «modernidad», del «crecimiento», «de la libertad de mercado», de la «competitividad» y la «competencia», de la necesidad de que vinieran «inversiones», etc., etc. se desregularon los derechos de los trabajadores hasta llegar, cientos de miles, a tener que trabajar 4 horas para simplemente poder comprar y kilo de pan y pagar dos boletos de ómnibus «para ir y volver al trabajo». De paso, cañazo, decimos que las cifras oficiales arrojan que la Canasta Familiar Básica, alcanza a $26.000 mensuales para una familia tipo. Los cientos de miles, trabajando 8 horas diarias, a $ 13 la hora, 200 horas por mes, es igual a $ 2.600 por mes, exactamente ganan el 10 por ciento de lo que debieran ganar para que la familia viva en forma decente, o sea, la Canasta Familiar Básica. Y de esto, ¿cuántos empresarios se preocuparon? ¡Pero ojo!, los $ 2.600 son nominales, o sea que a los mismos se les hace los descuentos legales. También hay que aclarar que hay decenas y decenas de miles de trabajadores (as) en peores condiciones salariales, por tanto, de vida.
Durante años cientos de miles de trabajadores tuvieron que dejar de lado el derecho a organizarse sindicalmente por la gran represión antisindical de los empresarios en general y el silencio de los gobiernos, y esto no les quitó el sueño a los «empresarios». A estos los ponemos entre comillas porque desde nuestra visión de lo que es un Empresario, así con mayúscula y en negrita, dista muchos de serlo gran parte de ellos debido a su profunda mediocridad.
Respecto al fuero sindical dicen: «tienen temor a la inamovilidad del trabajador» delegado sindical. En esto queremos decirles a esos «empresarios» que por ejemplo, quienes estamos en el gremio textil, hemos recibido las enseñanzas de Héctor Rodríguez, Juan Angel Toledo, Mitil Ferreira, entre otros, de que para ser un buen Delegado había que ser un buen trabajador, y esto es extensible al resto de los sectores del Mundo del Trabajo. Y en tren de por las dudas eso no equivalía, ni equivale (buen trabajador), a ser alcahuete o que se rompa el alma trabajando o a que se aliene en el trabajo, sino simplemente cumplir con su tarea normalmente y lo normal no lo puede definir sólo el «empresario». Los con mayúscula lo discuten y negocian con el Sindicato.
Los «empresarios» se espantan por las ocupaciones de los lugares de trabajo ya que atacan la propiedad privada. Uno se pregunta: ¿los brazos y el intelecto de los trabajadores son propiedad privada de cada trabajadora y trabajador, o no?, ya que no hemos escuchado a los empresarios defender esa propiedad privada de los trabajadores.
En esto, sin ningún lugar a dudas, el sistema y modelo económico vigente les ha enseñado a los «empresarios», en la teoría y en la práctica, que el Ser Humano no es un sujeto en el trabajo, sino un recurso para la producción y el consumo que haga funcionar el mercado.
Para nosotros la ocupación de los lugares de trabajo no es más ni menos que la extensión del derecho de huelga. Una ocupación sólo puede ser invalidada si los trabajadores y su Sindicato no cuidan las instalaciones tomadas.
El Derecho del trabajo tiene que provenir de lo que el trabajo ES y resulta de él:
El trabajo crea y transforma la naturaleza
El trabajo crea y produce riqueza
El trabajo crea y produce servicios
El trabajo crea y produce cultura
El trabajo crea y transforma la historia
El trabajo crea y transforma la sociedad
¿O no?
Esta pregunta no se la hago a los trabajadores, se la hago a los «empresarios» y al gobierno. Para nosotros aquello es una afirmación.
Como también es una afirmación que, cuando se sale del artesanado y la empresa familiar, el nuevo «empresario» pasa el manejo y la responsabilidad de las máquinas al trabajador transformado en dependiente y es éste quien, fundamentalmente, crea, produce y transforma el mundo, con su intelecto y sus brazos que son su propiedad tan explotada y tan excluida aún al día de hoy en un mundo llamado civilizado.
No emparejamos a todo el empresariado; hay algunas excepciones que confirman la regla, en la concepción de que vale más el engranaje de una máquina que el derecho de los trabajadores a defender su libertad de accionar, individual y colectivamente, para mejorar sus condiciones de trabajo, sus salarios y la vida misma de él y su familia.
Señores «empresarios»: cuiden eso que ustedes y los técnicos llaman «Capital Humano» porque ese es el mayor «capital» con el que cuentan, porque los cheques, las cuentas bancarias y los hierros de sus máquinas no se comen. Ustedes comen, se visten, tienen esparcimientos, se desplazan, en definitiva viven, a partir de lo que producen los trabajadores con su propiedad: el intelecto y los brazos. *
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