Cien días: plata para el Fondo, miseria para el pueblo

Cuando, antes de asumir el actual gobierno y estando ya en sobrevuelo rasante los FMI- boys, surgió un preacuerdo superrápido y casi coloquial, entre los representantes del gobierno ubicados en el Ministerio de Economía y Finanzas y los susodichos, tuve la sensación de que se había elegido el camino equivocado. Y que todo lo que se intentara después iba a estar marcado por el siniestro sino que rodea al mencionado sobrevuelo rapaz.

Está en la tapa del libro de la realidad más elemental que los recursos del país no dan para que, luego de pagar «honrosamente» las alícuotas de la deuda externa, con el «excedente» se pueda poner en marcha el país productivo a que se refieren el programa del FA y el gobierno.

Es decir que, al llegar la locomotora del gobierno por la vía que transita, a la encrucijada de la opción entre los dos caminos posibles, el Fondo o el pueblo, y haber optado por entregar la porción del león del superávit primario a los acreedores externos, todo lo que ocurrió después de ello y ocurrirá en el futuro está signado por tal decisión.

1-El paso inmediato fue el establecimiento de «recortes» en los recursos presupuestales a adjudicar a los ministerios. Ya hemos comentado que, en el caso del Mvotma, el importe que se adjudica ha tenido un ajuste de un 45% en menos del que hubiera correspondido aplicar si se hubieran aceptado las cifras originariamente establecidas por el presupuesto del contador Bensión, reajustadas a valor 2005. Y así por el estilo en los demás casos.

2-Luego debió articular el Consejo de Ministros un decreto claramente inconstitucional sobre el futuro de las empresas privadas que estaban actuando como adjudicatarias en el caso del agua corriente. Ello fue necesario para no molestar los intereses privados, coincidentes con los que representa el FMI, por compromisos de hacer «buena letra», manifestados en la visita a España de la delegación gubernamental.

3-Ahora se presenta coyunturalmente la encrucijada del Tratado de Inversiones con USA, el cual, de paso, es claramente unilateral, porque ¿qué inversiones puede hacer Uruguay en EEUU? Está claro que lo que busca son prebendas para la parte imperial.

Y se buscan los más rebuscados e inconvincentes argumentos para tratar de justificar su aprobación. ¿Acaso el hecho de que el Mercosur no esté funcionando como debiera es motivo para entregarnos a los brazos del Imperio?

De un Imperio en decadencia, que recurre a los tratados bilaterales, para formar sucesivos «alquitas», como intento desesperado, al haberles fracasado el proyecto global del ALCA. Sin tener que buscarle tres pies al gato, la cosa pasa, desde la opción tomada y puesta de manifiesto por la redacción «sugerida» de la Carta de intención, por no molestar al poder económico, del cual los acreedores internacionales, llámense FMI, BM o BID, no son más que brazos del mismo pulpo.

O sea que, a partir de ese «atajo» elegido, todo tendrá el signo de cercanía obsecuente con el imperio. Ellos nos «sugerirán» lo que debemos hacer y nosotros lo acataremos, calladamente. Porque si no, no nos compran la carne, no nos prestan más plata, etc., etc… y se nos acaba el mundo… Los cucos de siempre.

Las repercusiones irán apareciendo sobre la marcha, inexorablemente. No a la recuperación salarial, porque la plata no da. No a los jubilados porque la plata no da. No para mejorar el estado calamitoso de escuelas y liceos porque la plata no da. No para viviendas para los necesitados porque la plata no da. Y siga y suma. Pero la plata no da, porque la primera tajada del león se la fijó, a su gusto y paladar, y se la va a llevar sí o sí, con la aquiescencia de «nuestro» gobierno, el inefable FMI. Para eso sí, ¡la plata da!

Se está a tiempo de cambiar la pisada. Pero ya no alcanzará con cambiar al ministro tal o cual, tomándolo como chivo expiatorio. No hay ningún ministro que haga lo que el Presidente no quiere que haga. Y si eso fuera así, afuera y bailando. Porque están haciendo lo que el Presidente les deja hacer. Tengámoslo claro. Se trata de un equipo de gobierno. Y si todo se fuera a limitar al mero cambio de hombres, seguiremos con otros nombres, pero con la misma política económica equivocada. Como fue la tradicional del tradicional partido único que nos malgobernó hasta ahora. En que se cambió al malo de Bensión por el bueno de Atchugarry. Pero la cosa de fondo siguió igual.

Es el momento crucial para cambiar la pisada. Después, a no quejarse.

Ahora todavía se puede juntar en una plaza gente con promesas, que te aplaude y te mira con alguna esperanza, porque hay alguna cosa en proceso, recién se empieza, y el uruguayo es manso. Pero todo tiene un límite. Dentro de unos meses, de seguir así, no se podrá ir a visitarlos ni con guardaespaldas. Esta política económica, clonada de la anterior, no es lo que la gente esperaba y se merece. Al menos, no es lo que creyeron votar. Y lamentablemente, eso se lo vengo oyendo a muchos. Cada día, a más gente. ¿No lo captan así «los hombres y mujeres del gobierno»? *

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