Montevideo, cuando el pueblo repudió el golpe
A doce días del golpe de Estado y mientras la huelga general decretada por la central sindical mantiene al país paralizado, una multitud se dio cita en pleno centro de la capital para expresar su repudio al régimen de facto cívico-militar instaurado el pasado 27 de junio.
Desde tempranas horas de la tarde, a ciertos inadvertidos oyentes del programa radial de Rubén Castillo les llamó la atención que el conocido comunicador recitara parte del poema de García Lorca Llanto por la muerte de Sánchez Mejía; concretamente la frase recurrente «a las cinco en punto de la tarde». Fue esta la manera sutil que Castillo encontró para difundir la convocatoria que –en forma clandestina y por medio del boca a boca– habían lanzado la CNT, la FEUU, el Frente Amplio y el Partido Nacional, a manifestar contra la dictadura. Castillo insistía una y otra vez con el poema de Lorca y hablaba de lo atractivo que es el centro a esa hora, con la avenida 18 de Julio llena de gente…
A la hora señalada, a las cinco en punto de la tarde de un día gris y frío, las aceras de la principal avenida del centro montevideano se vaciaron de transeúntes que ocuparon inmediatamente la calzada entonando el Himno Nacional y reclamando «Â¡Libertad sí, dictadura no!».
Desafiando la previsible represión policial, decenas de miles de personas expresaron así su rechazo al golpe. Nuestro corresponsal pudo transitar desde la plaza Cagancha hasta la calle Río Negro, donde un impresionante despliegue policial y militar (efectivos a pie y a caballo, carros lanza-agua, brigada de gases, jeeps del Ejército con soldados armados a guerra) obligó a la muchedumbre a dispersarse; en el gran espacio abierto de la Plaza Fabini (o del Entrevero por el monumento allí ubicado), los manifestantes corrían en distintas direcciones mientras se oían disparos.
La redacción y los talleres del matutino El Popular, ubicados en el Palacio Lapido, sufrieron una violenta invasión de fuerzas represivas. Con el pretexto de perseguir a manifestantes que se habían refugiado en el edificio, soldados y policías se dieron a la tarea de destruir máquinas y mobiliario al tiempo que efectuaban numerosas detenciones.
Extraoficialmente se supo que hay numerosos heridos y centenares de detenidos. Entre éstos, figuran los generales (r) Líber Seregni, líder del Frente Amplio, y Víctor Licandro, del mismo grupo político. Se rumorea que el presidente del Directorio del Partido Nacional, capitán de navío (r) Homero Murdoch, está requerido por incitación a la violencia. *
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