Algunas observaciones sobre el voto consular

El primer concepto que es preciso tener en cuenta, es que existen sistemas democráticos que tienen el voto consular y otros que no. En la materia, se ve de todo no solo con relación al voto, sino la política que siguen en cuanto a migraciones se refiere.

Los casos extremos son algunos países europeos y Cuba. Desde que la comunidad da ciertos derechos a sus miembros por el número de población, los esfuerzos por aumentar los ciudadanos en determinados países es notorio. Hasta el extremo de que en estos momentos esos esfuerzos parecen haberse detenido porque es evidente se había llegado a excesos. Italia, por ejemplo, tiene asignado determinado número de parlamentarios para los ciudadanos que viven en el exterior. No se han dado casos en los cuales las elecciones nacionales se definan con el voto que se emite fuera del territorio. Sucedió, y en varias oportunidades, en comicios regionales, en España. Nos referimos concretamente al caso de Galicia, que volverá a tener actualidad en las próximas semanas porque una vez más, eventualmente, puede repetirse una situación similar.

He aquí un ejemplo a considerar cuando se fija posición sobre el tema. ¿Es lógico que el voto del exterior defina un gobierno que la mayoría de quienes van a sentir las consecuencias de su acción no ha querido?

En el otro extremo del espectro con respecto a la integración de los nacionales que viven fuera de su territorio está Cuba. Por supuesto que no con relación al voto, por cuanto no es un país democrático, sino en el tratamiento a esos compatriotas.

Allí a la gente que quiere salir de la isla generalmente se la pone presa. Y en algunos casos se la mata. O mueren por las circunstancias extremas en que deben viajar para ausentarse.

Por supuesto que entre estos dos extremos existe toda una legislación muy variada. Desde aquellos que permiten ejercer el voto integralmente hasta los que tienen ciertas limitaciones. Casos en los cuales, por ejemplo Colombia, se permite el voto para la elección de Presidente pero no comicios legislativos o municipales.

Tampoco puede perderse de vista -sobre el tema pensamos escribir un artículo específico en las próximas semanas- la importancia económica que tienen para los países de origen los nacionales que residen fuera de fronteras.

En particular en América Latina. El monto de las remesas que envían constituye hoy en día un monto superior al total de la inversión externa de la región.

Desde ya apuntamos que los uruguayos del exterior, en la materia, son de los que menos contribuyen a la economía de su país. Ya veremos las cifras. Es este un hecho no menor a tener en cuenta. No estamos ante una colonia que se desvive por enviar recursos a su tierra ni a sus familiares en términos generales. Es evidente que tal vez sean los distintos gobiernos responsables en parte de ello, en la medida que no se han articulado programas e iniciativas para hacer que los vínculos sean perdurables. De cualquier forma este debería ser un tema a poner sobre la mesa en el momento de considerar que participación habrá que darles.

El otro aspecto es el de la normativa. Es claro que el tema, basta la simple lectura del artículo primero de la Carta, para comprender que el punto debe dilucidarse a través de un reforma constitucional. No hay otra manera, desde el punto de vista de derecho, ni del fáctico, por cuanto no tienen los partidarios de dar el voto consular, las mayorías que nuestras normas establecen para legislar en materia electoral. Cambiar el concepto ancestral de que la ciudadanía la obtienen y ejercen los nacionales que residen en el territorio nacional trae consecuencias sobre las cuales bien vale la pena detenerse a meditar y no han estado en la consideración pública de ese debate. El asunto, tal vez sutil se dirá, pero en todo caso relevante, de la ciudadanía y la nacionalidad es una cuestión sobre el cual deberíamos meditar a fondo. No son sinónimos.

Las razones contrarias que tradicionalmente se han esgrimido en relación a este tema son de dos órdenes. Una a propósito de la garantía del sufragio. Parece del caso omitir consideraciones sobre esta cuestión. Creemos que ello ha sido superado por países de honda tradición democrática y por lo tanto deben haber fórmulas para superar ese tipo de dificultades.

El otro, de fondo, es sobre que el que participa de una elección, debe sufrir las consecuencias que determinen sus actos. Pensamos que esta es la cuestión bien importante. ¿Podría considerarse legítimo, en el futuro, un gobierno que fuera minoría entre los nacionales que habitan en el territorio patrio?

En las últimas elecciones es evidente que hubo un nutrido número de compatriotas que vino del exterior a sufragar. La mayoría, sin duda, lo hizo por el Frente Amplio. En sus manifestaciones públicas a distintos medios expresaron que se habían ido porque los malos gobiernos les quitaron posibilidades de obtener trabajo en el Uruguay. Bueno, ahora tienen al frente de la gestión pública a quienes ellos entienden están en condiciones de hacer un «buen gobierno». ¿Cuántos están volviendo?

Todo esto no impide señalar que es mucho el camino que debemos recorrer para procurar mantener vinculados a nuestro a país a los connacionales que viven fuera de fronteras. Pero para ello hay otras acciones y políticas que es necesario llevar adelante, desde el punto de vista cultural y económico. *

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