Paolillo y los nuevos monjes del claustro

Luego de la cansadora pero fermental polémica parlamentaria en torno a Búsqueda, en la que el senador José Korzeniak se manifestó agredido por un editorial insolente del semanario de la derecha, es el momento para comenzar a reflexionar sobre el periodismo y los periodistas quienes, en definitiva, son el centro de toda esta polémica que parece irreal, en un país que debe reconstruir el entretejido social para acoger en su seno una tercera parte de la población que vive marginada y hambreada.

En el marco de esta polémica hemos escuchado cosas atroces, propias de un totalitarismo ideológico, que se aplica en la práctica diaria con los periodistas del referido semanario. El flamante director del semanario confiesa que no pueden integrar los planteles de la publicaciòn personas que realicen militancia política, o estén vinculadas a organizaciones confesionales, ni que tengan perfiles ideológicos que las conviertan en «poco confiables» a la hora de realizar su tarea profesional.

¡Fuerte lo de Paolillo!, No conocíamos esa faceta tan intransigente y despótica de un hombre que ahora pontifica sobre periodismo y que, para colmo, ocupa un lugar en una comisión que asesora a la directiva de APU, un sindicato que congrega a los trabajadores de la prensa y que, en muchas ocasiones, ha defendido esa libertad, inalienable y necesaria, que es la de prensa.

Nada ya nos asombra en estas viñas del señor. Pero pocas veces leímos expresiones, propias de un tiranuelo que sostiene su poder en la persecuciòn ideológica.

Si para Paolillo un periodista por ser integrante de la masonería o del Opus Dei, «tendrá problemas» para trabajar en el semanario que dirige, pues su ideología torcería la supuesta «neutralidad» que exige, en realidad lo que está haciendo no es defender a la difícil profesión de comunicador, sino otra cosa, que es perseguir a la gente por sus ideas. Tampoco quiere a los afiliados a partidos políticos.

Bien sabemos que muchos profesionales desde hace un tiempo han comenzado a manejar la idea, tan ingenua como peregrina, de que los periodistas nos son trabajadores como todos los demás. Son trabajadores especiales que, como monjes de claustro, deben vivir para la causa, siempre nivelando el fiel de la balanza para evitar desbarranques informativos. Los periodistas deberíamos ser –para esa concepción– seres inmaculados que no pueden tener los pies metidos en el barro de la política, ni militancia religiosa y organizarse o participar en hermandades, pues todo ello conspira contra la «sacrosanta» profesión.

Lástima que la confusión sea tan grande. Por suerte la polémica que estalló en torno a Búsqueda y Korzeniak está sirviendo  entre otras cosas  para desenmascarar a algunos personajes insólitos que, con soberbia inaudita, se han convertido en modernos Catones que pontifican sobre una profesión que debe ser, en este mundo tan complejo en que vivimos, un ejemplo de libertad y respeto. El perseguir a los periodistas por su militancia política o confesional, es una afirmación propia de alguien a quien la soberbia lo tiene obnubilado.

Qué lástima. *

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