El funcionamiento de los partidos, factor de democratización
En el curso de los últimos años, más de una vez, desde las páginas de LA REPUBLICA hemos reflexionado acerca de la importancia que para el país y para sus instituciones democráticas tenía el funcionamiento interno de los partidos.
Recordamos especialmente los debates dentro del Partido Colorado con algunos sectores que con lucidez percibieron que la ausencia de vida interna conduciría inevitablemente al monopolio de la acción política en pocas manos, a la pérdida de la capacidad de realizar un seguimiento de la acción política del gobierno y al mismo tiempo sobre las nuevas problemáticas que aparecían en la sociedad.
Lamentablemente para el país, y para el Partido Colorado, esas propuestas enunciadas en el Comité Ejecutivo y a través de la prensa no encontraron eco en una estructura orgánica del partido dominada por la personalidad de dos fogueados dirigentes políticos, los doctores Julio María Sanguinetti y Jorge Batlle.
El resultado fue el pronosticado por quienes defendían un funcionamiento orgánico estable para el partido como factor imprescindible para la práctica de un buen gobierno: separado por un abismo de la mayoría de la población, pese a su gigantesco aparato instalado en el Estado, el Partido Colorado se aisló de sus bases políticas y obtuvo los peores resultados electorales de su historia.
Había llegado a esa situación después de un proceso de decenios donde la vida partidaria, la reproducción de las concepciones doctrinarias que lo caracterizaban como partido y su inserción real en la sociedad fueron dejados de lado: el partido se confundía con el aparato del Estado, la adhesión al mismo era el resultado de las prácticas clientelísticas, del ejercicio de los padrinazgos y del otorgamiento de prebendas.
El curso de la vida democrática del país, al tiempo que dio sus espaldas a la propuesta colorada abrió camino para que una nueva fuerza política accediera al gobierno: el Frente Amplio y sus aliados progresistas.
A partir de ese momento los factores que hasta entonces habían gravitado sobre el Partido Colorado pasaron a ejercer su influencia sobre la nueva fuerza política en el gobierno.
El proceso de instalación de las nuevas autoridades y los primeros meses de gobierno mostraron que la organización política de izquierda estaba experimentando algunas dificultades para recobrar el ritmo, la intensidad y la calidad política de su vida interna.
Algunos de sus organismos clave dejaron de reunirse, como el Plenario Nacional, que estatutariamente debe hacerlo cada dos meses. Otros, como la Mesa Política, mantuvieron un orden de desempeño languidecente, que no estaba a la altura del gigantesco desafío que, para esa fuerza política significa hacerse cargo del gobierno nacional y poner en práctica los rumbos programáticos aprobados en sus congresos.
De esa situación de cierta atonía, en tanto partido, parece ahora estarse saliendo a partir del impulso dado por la estructura de bases y de algunos dirigentes que, aquí y allá, han expresado su preocupación sobre la importancia de un Frente Amplio activo, como complemento, factor de estímulo y contralor del gobierno de izquierda.
Fuentes provenientes de la Mesa Política dan cuenta de algunas resoluciones que avanzan, en ese sentido, de manera muy clara: la convocatoria para mediados de agosto de un Plenario Nacional para examinar un temario que se podría sintetizar como de Balance y Perspectivas apunta en ese sentido.
Otros documentos puestos a consideración de las organizaciones de base y los partidos frentistas también avanzan en el mismo sentido: el fortalecimiento orgánico del Frente como factor activo en el desarrollo de las políticas de izquierda.
Son decisiones trascendentes que habrán de permitir, sin duda, por un lado canalizar preocupaciones en el plano interno y por otro complementar la labor de gobierno que se impulsa desde la Administración estatal con la movilización que democratiza la información, forma opinión y fortalece ciudadanía. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad