Los militares deben acatar
Muchos de muchas tiendas agitan solapadamente, y no tanto, aquel viejo fantasma donde hacen aparecer a los mandos de las Fuerzas Armadas como disconformes con alguna situación, que siempre agarra a algún ciudadano distraído y lo hace retroceder en el tiempo. Pero reflexiono que si el señor general manifestó lo que le atribuyen algunos medios, es perfecta la actitud de señor senador Rafael Michelini pidiéndole la renuncia al señor general, o desmienta estos comentarios que a él le atribuyen.
Yo no sé si no se quieren dar cuenta de que tienen que tener bien claro las Fuerzas Armadas que deben obediencia al poder civil y acatamiento irrestricto de todos al régimen vigente.
Y con todo respeto a su persona y su investidura, al doctor Gonzalo Fernández le manifiesto que creo que se equivoca cuando dice que los militares colaboran con el poder civil. No, señor secretario, los militares tienen que acatar, no colaborar; para mí esto tiene que quedar definitivamente muy claro, ¡por favor! El 27 de junio de 1973, el dictador Bordaberry y los militares iniciaron el episodio más triste, doloroso y vergonzoso de nuestra historia; y todo va enrabado porque al pasar 32 años tenemos que recordarlo, porque entendemos que no se puede construir sobre cimientos de venganza, pero no dejaremos de recordar un pasado reciente, doloroso, sucio y repugnante creado por señores inhumanos e inescrupulosos.
Nosotros no pensamos en las Fuerzas Armadas como factor de poder, ni su condición de puntal o riesgo o amenaza del sistema constitucional. Son parte importante de la nación porque están dentro y no frente a los demás ciudadanos. Este país nació a la independencia por la rebeldía de sus ciudadanos, del ciudadano común, que un día el país al cual ayudaron a construir los uniformó, les confió la defensa de su territorio, fronteras y sus leyes, a entender que no son ni del ciudadano común ni de sus integrantes, sino de la república toda, y tienen un solo rol que cumplir y que es muy importante.
Viejo dicho: los hombres pasan, las instituciuones quedan. Y quienes quieran invocar solidaridad con algunos trasnochados o quieran asumir algún tipo de complicidad o responsabilidad, que lo haga, porque esas cosas son personales y de cada hombre, pero no tiene el derecho de hacerlo del lado de alguna institución. Hay que tener presente que no vale cerrar los ojos para ocultar la realidad y no querer recordar que no fue válido, y no se puede sostener que asesinar a dos legisladores, asesinar a ciudadanos por el solo hecho de no pensar igual que los usurpadores del poder en esos momentos, desaparecer personas, violar mujeres, son y fueron válidos en nombre de una mal llamada guerra que no existió; le moleste a quien sea, pero es humano y de buenas costumbres recordar y querer aclarar los hechos de antes de 1973, tiempos en que prácticamente no había un estado de derecho.
Y no hay que tener miedo de mirar el pasado y el ejemplo lo tenemos de los judíos: ¿qué hubieran pensado las víctimas del holocausto si sus paisanos no hubieran querido hacer justicia por lo que les pasó, y ya pasaron 60 años?
Así que hay que seguir siendo siempre los mismos, con cabeza fría pero pulso firme. *
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