Tropas uruguayas en Haití
Se nos muestra por la prensa, incluyendo la televisión, la intervención de los cascos azules uruguayos en la hermana república de Haití. Todo espléndido, generoso y hasta diría amorosamente las tropas orientales en representación de la ONU, en misión de paz, humanitariamente se nos dice y cuenta ayudarían a pacificar y ordenar una nación, que aunque conflictiva en su interna, en atraso notorio y demás etcétera, es una república independiente y se supondría soberana.
Es cierto, Haití ha sido la cenicienta de América. Siendo la primera en libertarse históricamente, los imperios de turno no le han dejado levantar la cabeza.
Ayer Francia y después se le agregó EEUU – casi nada. La miseria, la muerte y la explotación han sido su destino desde sus inicios. Pero en circunstancias recientes, tuvo un gobierno nacional e independiente, con las limitaciones naturales con las que se enfrentaba, como fue el del ex jesuita Bertrand Aristide. No olvidar que heredaba un país donde había gobernado Papá Doc y su obeso hijito Baby Doc con sus Ton Ton Macoutes. Famosa por lo cruel, guardia de corps represiva a extremos de asesinatos y desmanes comunes, cuyo apoyo irrestricto imperial les dio apoyo logístico y militar sin limitaciones. Aristide, electo democráticamente por el pueblo, duro como es obvio, hasta que los imperios quisieron o les fue molesto. Nadie intervino, no militarmente, sino económica social, cultural o internacionalmente para ayudarlo.
No hubo cascos azules generosos, bonachones, ayudando a poner electricidad en hospitales como se nos publicita, ni la ONU o Bush o incluso los franceses cuya influencia sigue siendo primaria, se les ocurrió apoyar a Bertrand Aristide.
Cayó con pena y dignidad ante la impotencia de poder defenderse ante fuerzas aplastantes. Y volvió a morir Haití.
Y acá, entramos nosotros.
Yo estoy de acuerdo con que al ejército uruguayo, mal pago con sueldos miserables, con problemáticas familiares de vida y manutención de sus soldados y sus hogares, la inyección económica que debería venir de la ONU, que dicho sea de paso se demoran en pagar las partidas, les viene macanudo. Pueden comer. Y no es poca cosa por cierto. Eso se entiende.
Pero hay mil conflictos por el mundo, lejos de nuestro continente, el Congo, Mozambique, etc., que si bien está mal intervenir, no es lo mismo que una república hermana de América.
Los ejércitos ninguno, y los de países chicos con más razón, no tienen como función intervenir en casas ajenas.
Están para guardar el orden y defender la patria. Pero intervenir en países extraños y en función de ayuda imperial, pues no es otra cosa el caso en definitiva, no tiene gollete.
Los yankis están saturados de guerras e intervenciones permanentes y su imagen internacional está muy machucada. Se llega entonces en otros países regionales cipayos la responsabilidad de los atentados contra las soberanías de naciones molestosas.
Las masacres y asolamientos y crímenes las hacen ellos y los trabajos sucios de menudencias se los pasan a las majugas. La soberanía de las patrias todas, hay que respetarlas. Y si son países pequeños y vecinos por añadidura, hermanados continentalmente es mucho peor.
Mañana nos puede tocar a nosotros. ¿Por qué no?
El acuífero Guaraní, por decir algo, ya lo pretenden varios y no precisamente potencias o multinacionales chiquitas.
Haití tenía un gobierno democrático y lo dejaron caer. Y nosotros concurrimos, no a reponer la legitimidad del presidente arbitrariamente derrocado, sino para imponer a la larga otro gobierno aprobado por los yankis y franceses, con el disfraz de la ONU. Que Haití necesita ayuda, ¡vaya novedad! pero no la que las tropas y sus bayonetas cipayas de los hermanos latinoamericanos, le están prestando. En el colmo del cinismo la televisión nos muestra asentamientos, rancheríos, ferias infectas y diversas miserias haitianas. Podrían ahorrarse semejante viaje a la otra punta del continente y filmar las mismas escenas en los diversos cantegriles nuestros, ejemplo el de Aires Puros en torno a la cancha de La Luz; el de las riberas del Pantanoso en La Teja o el de Aparicio Saravia por nombrar algunos notorios.
No hay grandes diferencias con los haitianos. Basta mirar los carritos de la noche con niños hurgadores revolviendo, viviendo y comiendo de la basura para no espantarnos por los negritos de Puerto Príncipe.
¿Por qué la ONU tan piadosa y compasiva no nos ayuda a financiar nuestras propias carencias en lugar de intervenir haciéndoles la pierna a los yankis, en Haití u otros lados similares?
Por otra parte, la auténtica función de la ONU sería pacificar sí, las grandes guerras y sus genocidios, como el de Palestina o Irak, donde los yankis llevan cientos de miles de muertes para quedarse con el petróleo ajeno.
Y allí sí se justificaría mandar tropas de paz en funciones humanitarias.
Soy nacionalista y no tengo doble discurso. Cuando soy oposición opino de forma libérrima y si gano le hago la venia al FMI, a la ONU y a todo lo que dependa imperialmente del amo del mundo. En definitiva, los yankis.
No olvidar que somos hijos de don José Artigas y del vasco Manuel Oribe. Hay que ser coherentes si queremos tener futuro. Los bandazos no son serios y terminan mal. *
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