¿Soluciones o conferencias internacionales?

No pasa una semana en que no den comienzo los preparativos de alguna gran conferencia internacional sobre temas graves.

Contra la pobreza, por el abastecimiento de agua potable, por el desarrollo de los países más atrasados.

Conferencias llamadas «cumbre» a las que asisten las autoridades de los países de una región, conferencias técnicas en las que participan ministros y expertos gubernamentales de la cuestión abordada. Ya a esta altura hay una secuencia casi permanente de estos eventos. Han devenido producción en serie, una verdadera industria.

Hasta parece que cuanto más se agrava la situación social y cuanto más grave es el deterioro del medioambiente, más entusiasmo brotara de los organizadores de conferencias internacionales.

Las conferencias contra el hambre no han detenido su vertiginoso crecimiento. Han saciado quizá los anhelos en viático y bienestar de muchos ministros y funcionarios internacionales, pero para los destinatarios finales de la ayuda, lo habitual es que nunca mejore nada. Con o sin conferencias.

En el campo de la distribución de la riqueza y de la pobreza, en los últimos veinte años, la humanidad entera parece despeñarse con un ritmo febril en dos líneas aparentemente contrapuestas y, como resulta fácil de entender, absolutamente complementarias.

Tan complementarias como cuando sobre el asunto se inventaron los primeros refranes.

Y los primeros compendios de demagogia preelectoral, del tipo de «que los ricos no sean tan ricos para que los pobres no sean tan pobres». ¿Quién no empezó a oírlo en su más tierna infancia?

Días pasados la World Wealth Report daba cuanta, en un informe no totalmente carente de humor, de un padecimiento que viene aquejando a los ricos: su incesante multiplicación. Crecen tanto y de manera tan desmesurada que empiezan a molestarse unos a otros. Se encuentran «vulgares», «masivos». Los ricos más viejos hablan del «aluvión zoológico» que significa el atropellado crecimiento de los millonarios en el mundo.

La investigación fue realizada por la consultora Merrill Lynch y Capgemini. Dicen estos expertos (que vienen relevando el crecimiento del número de millonarios desde hace 9 años) que sólo en el año 2004 el número de millonarios en dólares en todo el mundo creció un 7,3% con relación al año anterior.

El número de millonarios aumentó dos veces y media más que el ritmo de crecimiento económico mundial, dice la afamada consultora.

Por supuesto que esta zafra de millonarios no es pareja. En la reseña de que disponemos no se da cuenta por países ni aparecen todos los continentes. De todos modos resultan ilustrativas algunas tendencias.

Así por ejemplo el crecimiento de los millonarios en Alemania fue del 0,6% y en Francia del 2,6%. En España el índice trepa a 8,7% y en la Gran Bretaña del laborista Blair, al 8,9%.

De todos modos es justamente en la más empobrecida Africa donde el crecimiento de los millonarios es más espectacular: 13,7%.

Como contracara del informe de la W.W.R., en la Naciones Unidas se trabaja ahora en la redacción de un borrador de documento sobre el estado del mundo para ser aprobado como la Declaración del Milenio de 2000.

En muy apretada síntesis: 11 millones de niños mueren al año por enfermedades que se pueden prevenir. Medio millón de mujeres fallecen en el parto. Más de mil millones de personas viven en viviendas insalubres, 115 millones de niños no asisten a la escuela.

En el mundo real, los hechos son más fuertes y más elocuentes que las declaraciones oficiales, que los enunciados humanitarios y las buenas intenciones de los gobiernos y de los organismos internacionales. *

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