Los niños van a la escuela; no sólo a la maestra
Días pasados una niña se me acercó a la ventanilla del auto. La luz roja me mantenía detenido. Por obsesivo o por deformación profesional, en estos casos, hago siempre la misma pregunta: ¿vas a la escuela?. La niña de unos diez años me responde que sí. La miro sonriente y me bastó decirle: «Pero, ¿cómo…?» para que ella captara mi pregunta y respondiera: «Hoy no fui a clase porque faltaba la maestra».
Se encendió la luz verde y tuve que retomar la marcha, sintiendo a mis espaldas el bocinazo de quien me seguía.
¿Me mintió?. Siento que la niña me dijo la verdad aunque aquí esto no es esencial a esta reflexión. Lo que sí tenía claro es que, si no iba la maestra no «había escuela». Los escolares se inscriben en la institución escolar, no en una academia. ¡Es distinto «ir a la escuela» que «ir a la maestra»!. Parece sencillo y muy claro, pero…¿es así en la vivencia de los niños, las familias y las mismas maestras?
Me parece una omisión al derecho de los niños de estar escolarizados interrumpir la secuencia de su tarea. La maestra tiene derecho a faltar, los reglamentos prevén esta situación y el niño tiene derecho a ser recibido en la escuela todos los días de los escasos 180 días escolares.
La institución debe responder, más allá del docente. Esto vale también para el liceo.
Los días de clase deben ser de educación activa y no meras guarderías para quemar las horas.
No quiero herir a nadie mucho menos a mis colegas los docentes, pero reducir la escolaridad exclusivamente al vínculo con el docente es una inequidad social. Es el establecimiento quien debe responder.
Veamos el fundamento.
Hay tres palabras: instruir, enseñar, educar que parecen ser sinónimas, sin embargo no lo son.
En una época teníamos «Ministerio de Instrucción Pública», la nueva Constitución habla de «Ministerio de Educación…» ¿Cambió la palabra, cambió la realidad?
Hace unas décadas teníamos «Consejo de enseñanza primaria» y «Consejo de enseñanza secundaria». Ahora nos modernizamos: tenemos «Consejo de educación primaria» y «Consejo de educación secundaria» ¿El cambio fue para ponerse a la moda o implica una opción programática distinta.? No me caben dudas que fue por lo segundo.
Instruir.
Cuando compramos un electrodoméstico, encontramos una cartilla con instrucciones. Debemos seguir prolijamente esas indicaciones para que el aparato comprado funcione. Una academia instruye en el manejo del automóvil.
La instrucción consiste en la trasmisión de normas precisas de quien sabe algo a quien lo desconoce. Quien recibe la instrucción la debe repetir exactamente para obtener el beneficio deseado. La escuela y el liceo instruyen, pero no es suficiente. También se proponen enseñar.
Enseñar.
Esta es una acción más compleja. Quien enseña requiere una preparación adecuada, un conocimiento cabal de lo que enseña y las técnicas de la enseñanza. Didáctica, pedagogía o andragogía. Quien recibe la enseñanza requiere una disposición adecuada y especial. Un tiempo, edad y circunstancias especiales. No se trata, como en la instrucción, de un mero trasmitir de conocimientos, sino lograr que el alumno desencadene sus propios mecanismos interiores para recibir y elaborar su propio conocimiento.
La escuela y el liceo enseñan pero no es suficiente. También deben proponerse educar y verificar si lo logran.
Educar.
Aquí llegamos al punto central y profundo del proceso de escolarización en una sociedad democrática y progresista.
La educación busca llegar al núcleo mismo de la persona (educando) para que descubra su propia riqueza y desde allí recomponga su propio mundo interior y comprenda los procesos, mecanismos, opciones y valores de la sociedad en la que está inserto. El cúmulo de conocimientos que recibe, sabe, debe ordenarlos en orden a proyectarse en la vida buscando su felicidad y realización personal en un ámbito solidario con los demás. Los problemas de la sociedad no le son ajenos está invitado a participar en la creación de un mundo mejor.
¿Quién educa?
Esta gigantesca tarea no recae sólo en el docente, el maestro o el profesor. Esta es una tarea social: el establecimiento escolar educa.
Educa un alumno al otro alumno, su compañero. Se educan los alumnos entre sí. La maestra educa y coordina el aprendizaje grupal. Es referente. Los docentes aprenden enseñando y de sus alumnos. Educan los compañeros de otros grupos. Cada uno con una carga especial, los mayores con más responsabilidades frente a la mirada de los menores. Educan los maestros de los otros grupos, los directores, los porteros los serenos, los profesores especiales, los padres que acompañan el proceso escolar. La educación es un bien común donde todos ponemos y todos retiramos más de lo que llevamos. Quien produce el «valor agregado» es la creación colectiva o social.
Volvamos al principio. La niña que me pedía limosna tiene derecho a reclamar que aunque falte la maestra no cesa su derecho humano de ir a la escuela. La escuela educa. A este modo de encarar la educación llamamos «efecto establecimiento». *
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