La ofensiva derechista contra Lula
Recién arribado del Encuentro Internacional Contra el terrorismo y por verdad y justicia, escribí el artículo «Disparen contra Chávez».
La conclusión de dicho evento es que asistiríamos a una ofensiva de las fuerzas conservadoras y del establishment, para intentar revertir el avance de las fuerzas progresistas y de izquierda en América Latina.
El profesor estadounidense James D. Cockcroft alertó que las bases económicas e ideológicas del Terrorismo de Estado no han variado, aunque el supuesto enemigo haya cambiado y ya no sea el comunismo. Nos advirtió que esas verdades deben ser mejor conocidas por todos los ciudadanos, incluidos los norteamericanos, para no ser víctimas de la manipulación mediática.
Con esa prevención y una visión más abarcativa es que comencé a analizar no sólo la situación nacional sino la regional.
Hoy quiero referirme a la campaña desatada contra el gobierno de Lula. Su objetivo es no sólo golpear a dicho proceso de cambios, sino intentar demostrar que los gobiernos de izquierda también sufren procesos de corrupción.
Con ello buscan ocultar los crímenes y estafas cometidas durante la década de los 90 bajo el amparo de la oleada neoliberal que llegaron hasta los comienzos del Siglo XXI.
El instrumento de esta operación es un diputado brasileño, de un partido aliado del gobierno de Lula, que implicado en una trama de corrupción, busca ensuciar al Partido de los Trabajadores.
Quiero traer a colación un interesante artículo del periodista Renato Rovai, brasileño, bajo el título «Olor extraño en las últimas noticias sobre el PT».
Analiza sus dos visitas a Venezuela, la primera a dos semanas del fallido intento golpista contra Chávez y la segunda hace poco tiempo. Demuestra cómo le acompañó, en la primera, un periodista venezolano, de trayectoria gremial y de buen predicamento en los medios de comunicación venezolanos, que si bien manifestaba matices con los golpistas, justificaba la violación del orden constitucional y el uso de métodos antidemocráticos en aras de la «democracia».
Su justificación residía en la lucha contra Chávez. Afirma el periodista brasileño: «La cobertura mediática de los últimos episodios que apuntan a un supuesto esquema de corrupción en la formación de base del actual gobierno brasileño está tomando perfiles muy semejantes a lo que ocurrió en el país vecino.
Con sutileza ella no se personaliza en el presidente de la República, como lo fue en el caso venezolano, pero sí en su Partido, el PT, Partido de los Trabajadores.
Lo objetivo es que hay una denuncia que necesita ser verificada y es de buen periodismo realizar una investigación sobre la base de entrevistas y en base documental. Le hace bien a la democracia que así actúe la prensa. Es lo que de ella se espera».
Dejemos que actúen los órganos jurisdiccionales, judiciales y parlamentarios, ya que acusar no es sentenciar, pero desde ya sepamos que no estamos ante campañas inocentes y que la solidaridad con el pueblo brasileño pasa por la defensa de su gobierno progresista.
Cuando los sectores conservadores encuentran una brecha o una dificultad, se articulan todos los medios de presión de los dueños del poder, tanto nacionales como transnacionales, para debilitar el proyecto del cambio.
Pero también tengamos una mirada continental y que no nos sea indiferente ninguna agresión, porque esa es la base para impedir maniobras que minen la confianza en el proceso de cambios populares y progresistas, o que permitan aislarlo a nivel de la opinión pública internacional.
La bandera de la democracia va enlazada con la bandera de los cambios y las recientes experiencias de Ecuador y Bolivia, nos obligan a mirar con objetividad las dificultades reales para articular un proyecto democrático junto a reformas estructurales y a la superación de las desigualdades sociales.
Estamos en América Latina. *
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