El Palacio Legislativo recibe a un terrorista
La sorpresa es grande: en el Parlamento uruguayo hablará el ex agente de la Central de Inteligencia Americana (CIA), Carlos Alberto «Pipi» Montaner, acusado de participar en actos terroristas contra Cuba.
Para cualquier observador inadvertido, la presencia del ciudadano de origen cubano, radicado en España, no llamaría demasiado la atención, ya que puede ubicarse entre los que «buscan dineros para su vida» con la vieja historia de la lucha contra el comunismo.
Aunque no se menciona en su currículum, tendría que incluirse que a Montaner se le descubrieron materiales y cartas comprobatorias de que, con dineros de la CIA y de organizaciones anticubanas de Miami (Estados Unidos), financia actividades contra la Revolución cubana.
Entre esas actividades envía fondos para el anticubano Proyecto Varela, y designó a Oswaldo Payá para que apareciera como «líder del Proyecto», una forma de mantenerlo con ingresos y sin trabajar en la Isla.
Quienes conocen la vida de Pipi Montaner, lo califican como un peligroso terrorista, con un historial que se remonta a la década de 1960, cuando fue acusado de pertenecer en Cuba a una organización que, orientada por la CIA, escondía explosivos en cajas de cigarrillos.
En 1962, luego de ser detenido en esas actividades contra la población cubana, Montaner logró fugarse del centro de recuperación de menores donde había sido internado y salió de Cuba pidiendo asilo.
Durante el período de la conocida crisis de los misiles (1962), Montaner se alistó en las fuerzas especiales del ejército de Estados Unidos para invadir el país donde nació, bajo mando norteamericano.
Es en el año 1970 que el acusado de terrorismo recibe orientaciones de la CIA para instalarse en España y participar en tareas de operaciones diversas, en Europa.
Orientaciones posteriores que salieron de Langley, centro de operaciones de la CIA, indican a Montaner que debe crear una agencia de prensa, a la que denominaron Firmas Press.
Ella se encarga del envío de información anticubana a varios medios de comunicación europeos y en el continente latinoamericano, como es el caso del diario El País, en Uruguay.
La financiación de esa agencia nunca ha sido clara y existen fuentes que la vinculan con operaciones de lavado de dinero mal habido o directamente con el narcotráfico.
Investigaciones en Europa detallan que, aunque la tarea que le asignó la CIA a Montaner lo hacía aparecer físicamente distante de atentados terroristas, quedó comprobada su participación en la colaboración del ingreso a Francia del terrorista Juan Felipe de la Cruz, quien murió al estallársele una bomba que trasladaba.
Después, el llamado «brazo legal» aprobado en el Congreso de EEUU, que lleva el nombre The National Endowment for Democracy (NED), fue quien suplantó el trabajo directo de la CIA en el financiamiento a organizaciones sindicales, de prensa, de derechos humanos y religiosas, entre otras, según se informa en el libro «Disidentes o Mercenarios» de Katlijn Declerq y Hernando Calvo Ospina.
El libro señala que la NED ha entregado varios millones de dólares a la contrarrevolución cubana, tanto en el interior de la Isla como fuera de ella, mientras el brazo clandestino fue el que apoyó con logística a los mercenarios de la contra.
Montaner organizó en 1990 –junto a algunos de sus amigos– la autodenominada Unión Liberal Cubana (ULC) y atrayendo a otros anticubanos residentes en Miami (Estados Unidos) creó la Plataforma Democrática Cubana (PDC).
Según ellos mismos explicaron, el objetivo era conseguir una presión internacional contra el gobierno cubano, y en ese terreno es que se inscriben las operaciones con representantes de países integrantes de la Unión Europea (UE).
Hacia el interior de Cuba, la orientación de trabajo junto a la terrorista Fundación Nacional Cubanoamericana (FNCA), hoy dividida por disputas internas por negociados y dinero, buscó crear la denominada Concertación Democrática Cubana (CDC), consiguiendo el apoyo para atacar a la Revolución del denominado disidente, Elizardo Sánchez, entre otros.
Aunque sus vínculos con las actividades militares y terroristas contra Cuba habían ya dejado una marca histórica, en los últimos años la CIA encomendó a Montaner aparecer en forma pública como un hombre moderado.
Para ello tenía que tratar de utilizar varias vías para atacar a la Isla, y especialmente mediante esa apariencia, lograr el apoyo de algunos sectores en Europa que cuestionaban a la FNCA por sus acciones vinculadas al terrorismo y a los asesinatos.
Sin embargo, Montaner, aunque en sus conferencias habla de una transición pacífica y de diálogo en Cuba, su trabajo concreto y el fondo de su mensaje es la eliminación física de los dirigentes cubanos, en particular, del presidente Fidel Castro.
Lo anterior surge de documentos firmados junto a otros miembros de la extrema derecha anticubana, donde asegura que quienes invierten en Cuba sufrirán represalias cuando se derribe el actual sistema cubano, viendo como imprescindible el aislamiento económico y político de la más grande de las Antillas.
Ahora, en América Latina continúa defendiendo el neoliberalismo, y acusa a las izquierdas de ser demasiado críticas y no presentar alternativas, con un viejo discurso que sólo corresponde a una época de guerra fría y caza de brujas, comentan varios analistas.
Desde hace muchos años, cuenta con el apoyo del derechista Partido Popular (PP) de España. El ex presidente de ese país, José María Aznar, llegó a escribir el prefacio de uno de sus libros.
Conociendo el historial de Carlos Alberto «Pipi» Montaner, resulta casi incomprensible su presencia como disertante en el Palacio Legislativo, sede del parlamento uruguayo.
A Montaner, el mote «Pipi», que dicen tanto le molesta, se lo pusieron sus amigos de la FNCA en la década de 1960, cuando recibía una preparación militar para atacar a Cuba, en campos de la Florida, Estados Unidos.
Allí, asegura en conversación «confidencial» el anticubano, José Ignacio Rasco, a Montaner los nervios le jugaron una mala pasada y llegó a mojar los pantalones del uniforme camuflado, lo que motivó la risa de muchos de los participantes, incluyendo a sus instructores.
Rasco es cofundador con Montaner –en España– de la organización contra Plataforma Democrática Cubana y mantenía estrechos vínculos con la terrorista Alpha 66.
Desde 1991, está vinculado a la Internacional Demócrata Cristiana (IDC), de la cual fue su vicepresidente, aunque ahora poco se sabe de esa persona. *
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