El Foro a favor del silencio y el olvido

Penoso. Penoso e indignante resulta el desesperado esfuerzo del Foro Sanguinettista por deslegitimar la actitud del nuevo gobierno respecto de las violaciones de derechos humanos durante la dictadura; y peor aun, es el intento de reivindicar la acción del primer gobierno posdictadura.

En un artículo aparecido en la última entrega del semanario Correo de los Viernes, el sector liderado por el ex presidente y actual senador colorado se alarma por el rumbo que han tomado las actuaciones judiciales respecto de los crímenes del terrorismo de Estado, como consecuencia de la nueva interpretación que de la Ley de Caducidad está haciendo el gobierno. «Ahora empiezan a ampliarse los criterios sobre la Ley de Caducidad y no se sabe a dónde podrá llegar», advierte, alarmado, el analista, quien se lamenta amargamente: «El país ha sufrido una permanente y machacona prédica dirigida a tergiversar la historia primero y a desbordar los alcances de Ley de Caducidad después».

No es frecuente asistir a una tan flagrante exhibición de tupé. Quienes se han dedicado a tergiversar la historia reciente (y la no tan reciente también) han sido precisamente ellos, los personeros de la derecha, amigos del statu quo y celosos guardianes de la tranquilidad de los terroristas de Estado. Y quienes se dedicaron con ahínco a interpretar torcidamente la funesta Ley de Caducidad fueron también ellos. Los mismos que no tuvieron empacho en extender el manto oprobioso de la impunidad de modo de amparar en ella a los civiles colaboracionistas, así como incluir en su alcance hechos anteriores al golpe de Estado y por tanto no comprendidos en la norma.

Por otra parte, buena cosa sería reconocer que si hubo una prédica permanente y machacona en reclamo de verdad y justicia, ello se debe precisamente a que la Ley de Caducidad fue la peor de las «soluciones» al problema de las violaciones a los derechos humanos, en la medida en que impidió toda instancia judicial, al tiempo que las mínimas investigaciones que habilitó –como lo dispuesto en el artículo cuarto– nunca fueron cumplidas por el Ejecutivo.

Con total descaro, el artículo sostiene que Sanguinetti se ha «lamentado de no haber tenido éxito en esa búsqueda, pero se felicita de que el gobierno que le siguió así lo lograra». No ha sido así: el doctor Sanguinetti jamás se lamentó por no haber tenido éxito en la búsqueda pues él mismo se ocupó de que las investigaciones abortaran en estricto cumplimiento de su consigna de no tener ojos en la nuca. No es, por tanto, ninguna «canallada» –como la califica el artículo– la acusación al dos veces presidente de dificultar las investigaciones.

Pero la frutilla de la torta es la reflexión final del artículo de marras. Respecto de la investigación de los crímenes cometidos por el aparato represivo antes del golpe de Estado, el Foro entiende que sería pertinente investigar, también, los «crímenes de la sedición». Olvida (¿o miente a sabiendas?) que la inmensa mayoría de las acciones guerrilleras fueron investigadas (primero por la Justicia ordinaria y luego por la «justicia» militar) y sus autores no sólo fueron condenados sino que, además, sufrieron condiciones inhumanas de reclusión.

Respetando el irrestricto derecho de todos los ciudadanos de emitir su opinión y hacer públicos sus puntos de vista, debemos denunciar estos desbordes que atentan contra la verdad histórica y que exacerban los ánimos en vez de coadyuvar a lograr el «estado del alma» propicio para que la paz sea definitivamente sellada. *

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