¿Qué celebramos el 19 de junio?
Hay un asuntito, vecino, que hace mucho tiempo lo tengo en el «embuchado» y creo que de una vez por todas o me lo saco o «reviento». Y es esto de celebrar el «Día del Abuelo» y el de la Jura de la Bandera el 19 de junio. ¡Justamente el 19 de junio! ¿No podían haber buscado en los 364 restantes días del año uno o dos para esas otras celebraciones y dejar que en este día, todos los orientales bien nacidos recordemos y rindamos especial homenaje al Jefe del pueblo revolucionario en armas de 1811, Don José Artigas en el día de su natalicio?
Primero se empezó con lo de la Jura de la Bandera uruguaya los 19 de junio. Un verdadero absurdo histórico, ya que se nos hace jurar en el día del patriarca Artigas, fidelidad a una bandera que él nunca conoció, que ni siquiera previó y que en los hechos jamás quiso que existiera porque su lucha nunca aceptó el estatus de Estado independiente para la Provincia Oriental. Su bandera fue y es la enseña tricolor que flameó en las tacuaras de sus gauchos, en el campamento de Purificación, en la larga marcha del Exodo, la misma tricolor, que fue también estandarte en la Liga de los Pueblos federales que lo nombraron su protector. Y después, se llegó al cenit de la irreverencia al establecerse de hecho, por inspiración de las cajas registradoras de una cámara de comerciantes ingeniosa, la fecha del 19 de junio como «Día del Abuelo».
Como resultado de tal despropósito, y por supuesto, por tener «más prensa» a través de campañas publicitarias en todos los medios y espacios posibles de comunicación la celebración para los abuelos que el natalicio del prócer, hemos podido escuchar despropósitos tales como los dichos de un conductor televisivo, que manifestó algo así como que el próximo domingo era el día del abuelo, de la jura de la bandera y «también» –nótese lo arbitrario e incalificable de este «también»– el día del nacimiento de Artigas.
Pero tan grave es, que para los niños escolares, para la mayoría de ellos, es el día de la jura de la bandera antes que nada, y después, por influencia de la televisión y quizás de su propio entorno familiar, el día del abuelo. Y rematando todo este asunto, las celebraciones oficiales del natalicio del Prócer se llevan a cabo en la ciudad del Sauce, ciudad que respetamos y a la que le concedemos una verdadera vocación artiguista, pero sabido es que la historiografía demostró documentalmente que aquellos primeros datos que determinaban que aquella era la ciudad natal de Artigas, fueron erróneos y que realmente había nacido en Montevideo, siendo aquella región sauceña, el lugar donde pasó buena parte de su niñez y adolescencia, pero no su solar natal.
Celebrar ese día allí, es como si los actos de recordación de la Batalla de las Piedras el 18 de Mayo, se efectuaran en Paysandú, o cualquier otro lugar del país.
Por eso, no puede dejar de preocuparme que nuevamente se llegue a un 19 de junio, sumergidos en esta vorágine deformante, irrespetuosa y que a veces nos ha hecho pensar si en lugar de ser simples despropósitos casuales, no serán realmente circunstancias «causales» inspiradas en la necesidad de «bajarle el perfil» (como se dice ahora) a la grandeza revolucionaria artiguista, quizás porque aún quedan algunos godos sobrevivientes, a los que no les interesa, ni les sirve, que Artigas sea otra cosa para nuestro pueblo, que un mamotreto de bronce en el medio de una plaza, erigido sobre un mausoleo casi faraónico construido en tiempos inconfesables y oscuros para la patria.
Me atrevo a pensar que las nuevas autoridades que llegaron al gobierno haciendo flamear una bandera tricolor artiguista, la misma que el teniente de la revolución oriental Fernando Otorgués izara en Montevideo en 1816, le harán honor a esa enseña, disponiendo lo necesario y oportuno para que las cosas empiecen a cambiar, también en este tipo de situaciones. *
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