A 21 años del retorno de Wilson

Y ¿Cuál es el significado de este hombre trascendente y emblemático para el país y el Partido Nacional?

Por lo pronto interpreta los más puros principios de libertad y respeto por la Constitución y la ley heredados desde el fondo mismo de la historia partidaria. Manuel Oribe, libertador de la patria y fundador del Partido Nacional, perseguido y obligado en su tiempo al exilio europeo, vuelve a riesgo de su vida a pacificar el país y acuerda con Venancio Flores, deponiendo sus legítimos intereses y aspiraciones a la Presidencia de la República en aras del bienestar del pueblo oriental que sufría una revolución cruenta permanente. Ciento cincuenta años después, Wilson es consciente de que a su vuelta del exilio lo menor que le esperaba era la cárcel.

Cinco días después de los comicios, donde se le niega el derecho a ser candidato por su Partido Nacional, se le otorga la libertad. Es entonces que expone su famosa oración de paz en la explanada municipal, ante su pueblo que indignado esperaba palabras encendidas de lucha y desquite ante la iniquidad y despojo sufrido. No obstante, fiel al mandato histórico tradicional de sus mayores, extiende un manto de paz y concordia haciendo un llamado a la unidad futura de la patria.

Para los que somos espiritualistas, vimos la tranquila pero severa imagen del espíritu de don Manuel a su diestra, aprobando con satisfacción el generoso, desprendido y patriótico gesto como extensión del suyo propio que fuera su principal mandato ideológico. Nadie cuestiona sus condiciones parlamentarias, ni su obra como ministro de Ganadería, donde creó y conformó la formación de La Estanzuela sin perjuicio de programar su Reforma Agraria. Tampoco se puede cuestionar su ejemplar honradez administrativa y personal en los cargos representados, como la objetividad y ecuanimidad en la dirección de su partido.

Indiscutible, la proverbial lucha por el rescate de la libertad de su patria.

Trece años de riesgos físicos, angustias económicas propias del exilio, atentados sufridos, postergaciones familiares (uno de sus mayores dolores fue no poder disfrutar de la crianza de sus nietos) la angustia y nostalgia por la patria lejana.

El discurso de la Explanada Municipal marca su pensamiento fiel al mandato del fundador de su Partido Blanco. «Defensores de las Leyes». Jamás los blancos quebraron la integridad constitucional. El respeto a la Constitución y libertad que de ella emana han sido religión y dogma sagrado en el alma de la colectividad. Nunca como en estas fechas de gestas históricas tiene más vigencia la conocida frase del doctor Herrera: «Â¡Qué lindo es sentirse blanco!». Wilson fue en su momento «ese» partido. Fue su espíritu, su quehacer, su pasado y su futuro, el ejemplo a seguir en su norte libertario, la lucha por la integridad nacional libre de toda influencia extranjerizante, la defensa del ser soberano nacional. O sea, la razón de la existencia de esa colectividad que no sólo hizo la patria sino que estuvo presente en la construcción permanente de la misma. Wilson representó en su lucha todas esas realidades.

No se concibe un Uruguay sin la existencia del Partido Nacional o Blanco. Ni se concibe al Partido Nacional o Blanco sin la estatura de hombres como Wilson Ferreira. En todas las circunstancias críticas, durante 170 años de existencia aparece inexorable el mandato oribista por los ejemplos de los Berro, Leandro Gómez, Timoteo Aparicio, Aparicio Saravia, Herrera o Wilson, para despejar el cielo de las tormentas que circunstancialmente ocultaron amenazantes el sol libre de la patria. Cuando en estas fechas hemos llevado algún clavel blanco a su tumba, el calor del cariño al sentimiento nacional ha vencido la frialdad marmórea de su lápida mortuoria.

Wilson no ha muerto. Vive en el recuerdo, pensamiento, espíritu y afecto de su gente que no nos cansaremos de repetir aquel temperamental y visceral grito que con su enronquecida voz nos enseñara y legara: ¡Vivan los blancos, carajo! ¡Viva Wilson! *

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