Hacia la recomposición del diálogo

El lunes a última hora de la tarde tuvo lugar un nuevo encuentro entre el gobierno y la oposición.

Con motivo de conocer la postura del Ejecutivo sobre el tratado de protección de inversiones entre EEUU y Uruguay que el Parlamento deberá analizar, el líder de la oposición, senador Larrañaga, acompañado de las figuras más relevantes del Partido Nacional, fue recibido en el Edificio Libertad por el presidente Vázquez y algunos ministros. Más allá del tema específico del encuentro, fue un primer paso para destrabar la situación generada a partir de la ruptura del diálogo sobre la participación de la oposición en organismos estatales.

Desde que se conocieron los resultados de la elección nacional del 31 de octubre, el camino hacia un acuerdo interpartidario entre gobierno y oposición estuvo marcado por discrepancias, coincidencias, malentendidos, marchas y contramarchas.

Con una grandeza de la que carecieron los gobiernos blancos y colorados que se sucedieron desde la salida de la dictadura, las fuerzas progresistas ofrecieron una suerte de coparticipación a los partidos tradicionales; el doctor Vázquez llegó incluso a ofrecer a la oposición su participación en el gabinete, extremo que fue rechazado por blancos y colorados. Quedó en pie la propuesta de que figuras de los partidos derrotados integraran los entes, servicios descentralizados y organismos estatales en general. Bueno es recordar que la izquierda sólo tuvo representantes en algunos entes (AFE, Antel, BROU, Ancap) en el primer gobierno de Sanguinetti, y que en las sucesivas administraciones posteriores fue rigurosamente ninguneada; luego de su triunfo en el balotaje de noviembre de 1999, el doctor Jorge Batlle lo dijo expresamente: «A la oposición la quiero en frente».

El gobierno actual, por el contrario, se mostró siempre dispuesto a la participación de la oposición en los organismos estatales, y si las negociaciones se trabaron fue por la intransigencia de la oposición. Ahora, que la sensatez parece prevalecer por encima de intereses mezquinos, debemos saludar este nuevo intento de acercamiento.

Huelga aclarar que no pretendemos consensos impensables, pero sí apostamos a ciertas bases mínimas sobre las cuales establecer acuerdos que permitan una tarea de gobierno (ejecutiva y legislativa) más fluida y eficaz. No olvidemos que para integrar los organismos de contralor (Corte Electoral y Tribunal de Cuentas) es preciso que los ciudadanos propuestos tengan el apoyo de mayorías especiales que la izquierda por sí sola no puede lograr. Porque para la integración de estos organismos de contralor no corre el plazo de sesenta días transcurrido el cual puede el Ejecutivo reiterar el pedido de venia y otorgarse éste por mayoría simple, como ocurre con las venias para integrar los entes y servicios descentralizados.

Pero independientemente de estas cuestiones prácticas, no olvidemos que el 31 de octubre la ciudadanía envió un mensaje claro en el sentido de apostar a un cambio. No solamente porque dio el triunfo a las fuerzas progresistas y su programa de transformaciones, sino porque también un elevado porcentaje de quienes votaron por el doctor Larrañaga lo hicieron con la convicción de, ellos también, estaban apoyando un programa de transformaciones, más allá del acierto o el error en la opción electoral.

Por todo ello, entendemos que sería muy saludable para la democracia y para el normal funcionamiento del sistema político que se lograran acuerdos mínimos entre el gobierno y la oposición. *

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