Entre el favor político y el privilegio injusto

Cuando se analizan las causas por las cuales una gran parte de nuestra sociedad sufre las consecuencias de una pobreza extrema, sobran elementos coincidentes que confluyen en orígenes comunes. La mayor parte de estas situaciones apunta a señalar las culpas a decisiones políticas equivocadas, con un anverso benigno que casi siempre apunta a favorecer a algo o a alguien. Pero luego y con los resultados a la vista, estos tienen un reverso de dramatismo que el análisis político escondió bajo la mesa de discusión. Muchos uruguayos recuerdan la imagen del ex presidente Batlle mostrando ante cámaras un pedazo de cuero que desde nuestro país había llegado en un contenedor a España. En ese momento manifestó que ese minúsculo objeto le había costado al país nada menos que dos millones de dólares por concepto de devolución de impuestos a las exportaciones. Es decir, Batlle dejó en evidencia que el procedimiento de estímulo financiero a un grupo de empresarios que se dedica a la exportación, también originó un grupo delictivo que se dio cuenta de que era muy fácil obtener suculentas sumas de dinero solamente aparentando exportar alguna cosa. Desde luego que delincuentes de esa naturaleza no pueden operar sin complicidades y seguramente no son ajenos a los medios en que se mueven los rubros de exportación.

Sin embargo, la devolución de impuestos, que son sustituidos por los gravámenes que pagamos el resto de los uruguayos, no ha sido objeto de una discusión que debe ir más allá de los intereses corporativos favorecidos en un momento en que tal vez, la decisión política fue la adecuada. Pensamos que el acto delictivo denunciado en su momento por el doctor Batlle no fue el único. Es más, sospechamos que de tantos, se descubre alguno y que hasta por conveniencias políticas y corporativas, no es saludable para los interesados en el asunto que estas cosas tomen estado público, más allá de que el ex presidente estuvo acertado en dar a conocer el hecho en ese momento.

Desde hace ya un buen tiempo, los voceros económicos, tanto del gobierno que pasó como del actual, coinciden en que la riqueza del país crece en forma constante gracias a las permanentes demandas de algunos productos exportables, aunque todos sabemos incluidos quienes alaban el aumento de esos volúmenes, que esa riqueza queda en un círculo bastante reducido de habitantes este país. Hay otros números, que poco se divulgan, que nos dicen que durante el mismo período en que crecieron las exportaciones en forma histórica, la pobreza según el Instituto Nacional de Estadística aumentó de 849.500 uruguayos a 870.000, sin tener en cuenta a las poblaciones que tienen una población menor a 5.000 habitantes, que rondan el 14 % de los habitantes. Esto evidencia que esta forma de crecimiento es indefendible. Pero volviendo a la devolución de impuestos, ahora los exportadores pretenden que el resarcimiento por parte del gobierno se haga al contado, es decir, no quieren esperar varios meses como sucede en la actualidad para recuperar esa dádiva privilegiada que los demás uruguayos no tenemos.

Estas situaciones están en el debe de la discusión política. El Presidente Vázquez ha manifestado su preocupación por la falta de recursos y la devolución de impuestos tiene un costo mayor al calculado para la aplicación del Plan de Emergencia. Creemos que si se piden sacrificios a trabajadores, jubilados, desempleados y 870.000 uruguayos que más que sacrificios tienen muchas necesidades básicas insatisfechas, es hora de terminar con los privilegios de quienes no solamente son insaciables para acumular papeles verdes, sino que nos obligan a los demás a sustituir sus propias obligaciones. Desde el Ministerio de Economía se esperan algunas señales de cambio para que la injusticia deje de ser tal. *

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