Lecciones aprendidas en La Habana
Los frentistas estamos preocupados por una cantidad de problemas, muchos de ellos internos de nuestra fuerza política. Alguien podría pensar que esa prioridad excluye el interés por lo que pasa en otras tierras donde también se lucha contra la reglas de hierro que desde los grandes centros de poder quieren imponerse contra los intereses de los pueblos. Creo que no es así. Para lo nuestro también precisamos horizonte…
En el recientemente celebrado Foro de La Habana, contra el terrorismo y por verdad y justicia, se configuró una aportación variada y rica de testimonios, algunos de los cuales condensan tal grado de significación que vale la pena difundirlos.
Es el caso del joven Javier Couso Permuy, hermano del fotógrafo gallego José Couso.
El corresponsal fue muerto de un disparo efectuado desde un blindado militar de los EEUU que operaba en la zona del Hotel Palestina. Couso se encontraba grabando escenas de los combates que se libraban en Bagdad. El militar que ordenó los disparos lo hizo sabiendo a quién atacaba y por qué quería eliminarlo.
Acallando al periodismo independiente
Junto con Couso falleció Taras Prostyuk, un fotógrafo ucraniano. Otros periodistas que se encontraban en el lugar salvaron su vida por milagro. Ese mismo día fueron atacados, a cañonazos, los estudios de la agencia árabe Al Jazeera. Se trataba, evidentemente, de una acción destinada a acallar las voces alternativas instaladas en Irak. A la manera hitleriana, las tropas de invasión norteamericanas querían asegurarse no sólo el control militar sino la «administración» de lo que el resto del mundo conocería acerca de lo que estaba sucediendo.
El testimonio realizado por Javier, en el Palacio de las Convenciones de La Habana, pronunciado con serenidad, no buscó concitar emociones. El contenido de su relato tuvo una fuerza tan nítida que todo el Congreso guardó silencio para no perder ni un tramo de su exposición de unos veinte minutos.
La familia del fotógrafo asesinado, según narró, recibió la noticia de la muerte del periodista con sorpresa y amargura. Hasta ese momento habían creído que la presencia de José en Bagdad, en el ejercicio de su labor profesional como reportero, no lo exponía al riesgo de perder la vida.
El día anterior a su asesinato, el oficial al mando de uno de los blindados que operaban en las inmediaciones del hotel subió hasta la habitación donde se encontraban grabando los reporteros. Los miró con intensidad uno a uno identificando a la agencia para la que trabajaban.
El día de su muerte, el fotógrafo había grabado a ese blindado mientras efectuaba disparos a distintos «objetivos» en la zona del hotel. Lo hizo hasta que, desde el tanque, se apuntó a su cabeza y se lanzó el disparo que lo hirió de muerte. Las autoridades militares norteamericanas dieron distintas y sucesivas «razones» acerca de por qué se había efectuado el disparo: todas ellas se revelaron como falsas. No había, como se pretendió, francotiradores en los tejados y obviamente no fueron los fotógrafos ultimados quienes dispararon sobre el tanque.
La familia se moviliza
Enterados del asesinato de José, sus familiares sintieron el dolor y la angustia de cómo se habían desarrollado los hechos. Presentaron una demanda ante las autoridades españolas que el gobierno neofascista de Aznar bloqueó mientras duró su mandato.
En ese momento de desesperación, contó Javier, se les hizo presente una experiencia que siempre les había resultado conmovedora y que ahora los iluminó: las Madres de Plaza de Mayo alzando las fotos de sus hijos y saliendo a la calle, todas las semanas, puntualmente, en plena dictadura, reclamando por los desaparecidos.
Desde entonces la denuncia de la familia a los responsables, norteamericanos y españoles, del asesinato del periodista, ha continuado con tenacidad. La familia se traslada regularmente a Madrid para exigir justicia, desfilando con sus pancartas frente a la sede de la Embajada de los Estados Unidos.
«Mitad gallego, mitad iraquí»
En 2003 Javier decidió seguir la senda de su hermano. Y hacerlo empleando su misma «arma»: una cámara. Viajó a Irak para seguir adelante la tarea de contarle al mundo la verdad de los crímenes que están cometiendo los militares norteamericanos contra el pueblo iraquí.
En Bagdad primero, y en Faluja después, Javier Couso se sorprendió por la simpatía y la hospitalidad que le brindaron los hombres y mujeres del pueblo iraquí. Saludaron su llegada y su gesto solidario. Apreciaron su coraje y su tenacidad para saber de su hermano y continuar con su lucha por la verdad.
A partir de esos días Javier se hizo un poco iraquí.
«Faluja es la Guernica iraquí», narró en su testimonio. Buena parte de la ciudad está completamente destruida. Cuando se inició la invasión, lo primero que hicieron las tropas norteamericanas fue tomar el hospital.
El mismo día que fueron muertos los periodistas del Hotel Palestina, habían ingresado más de 970 civiles heridos o agonizantes al hospital. No obstante, los reporteros heridos fueron atendidos por más de once médicos. Los profesionales del hospital habían comprendido la importancia de salvar la vida de aquellos hombres que le estaban narrando al mundo la verdad de las atrocidades cometidas contra su pueblo. Después de horas de trabajo médico, Couso falleció a causa de las heridas y de la sangre perdida.
Una lucha que va de un extremo al otro del mundo
Han pasado más de dos años y Faluja sigue siendo una ciudad mártir, con miles de casas destruidas y decenas de miles de civiles, incluidos niños y ancianos, muertos por el fuego de quienes fueron allí para «implantar la democracia».
Hoy en Irak, en Bagdad, Faluja y decenas de otras ciudades mártires ya hay más de 15.000 desaparecidos.
Javier se ha convertido ahora también en un luchador por verdad y justicia y contra la impunidad. Los crímenes de Irak cambiaron el curso de su vida y la de su familia, que un día fue golpeada «como por el odio de Dios», diría Vallejo.
Todo eso lo contó en el Foro que se realizó en La Habana. Antes que él, decenas de testigos habían narrado otros crímenes y otros años, otros países y otras Guernicas perpetradas por las tropas norteamericanas: la invasión a Guatemala contra el gobierno constitucional de Jacobo Arbenz, el apoyo en 1964 al golpe contra el gobierno legítimo de Joao Goulart y la invasión en 1965 de los «marines» a Santo Domingo, la conspiración contra Allende, el respaldo a Pinochet y a la Junta presidida por Videla, la invasión a Granada, el bombardeo a Panamá.
En el Foro estuvieron las Madres de Mayo, delegaciones de todos los países de América Latina y el Caribe, la comisión de DDHH del PIT-CNT y académicos y activistas que, en el seno mismo de la sociedad norteamericana, documentan y denuncian sus crímenes.
Una pequeña reflexión final: sólo Cuba podía haber organizado este Foro, a la vez histórico y actual, contra la impunidad. Todos los que luchamos por verdad y justicia sabemos cuánto necesitamos la solidaridad de ese pueblo valeroso. Y cuánta significación conlleva la lección permanente de su dignidad nacional frente al imperio, de su enhiesta independencia y soberanía.
Todas las sesiones del encuentro, que duraban muchas horas cada día, fueron transmitidas en directo por la TV cubana.
El pueblo de Cuba, normalmente bien informado, recibió el impacto emocional y ético de los testimonios que allí se aportaban a viva voz por parte de los protagonistas.
Y en su inmensa hospitalidad, Cuba recibió también la retribución simbólica, de pal
abras y de gestos en sus demandas de verdad y justicia sobre los miles de crímenes de los agentes de la CIA, como Posada Carriles, protegido por los EEUU, expresión de solidaridad de quienes están junto a ella, hermanados en la lucha contra los crímenes del Imperio.
El testimonio de Javier condensa, en una «historia de vida», la universalidad de los valores que hoy están en juego. Con religiones distintas y hablando idiomas muy diversos en Santiago de Chile y en Buenos Aires, en algunos círculos universitarios de Europa y los EEUU, en Faluja, en Montevideo y en Galicia, se lucha por verdad y justicia, por el reinado del Derecho y no de la fuerza bruta.
Finalmente, estas reflexiones suscitadas a partir de la dramática peripecia de una familia gallega, las dedico a los combativos sindicatos de la Intersindical (CIGA) y a mis amigos del Bloque Nacionalista Gallego, a quienes deseo, para las próximas elecciones autonómicas del 19 de junio, el mejor de los éxitos en su lucha contra el fascismo residual que sigue pesando sobre los destinos de ese pueblo. *
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