Los cien días

El título no refiere al período de la historia de Francia que va desde el retorno del emperador Napoleón de la isla de Elba hasta su derrota definitiva en Waterloo.

Estamos hablando del tiempo transcurrido desde la asunción del doctor Tabaré Vázquez como presidente de la República hasta ayer, cuando se cumplieron cien días de gobierno progresista.

Ayer se conocieron los resultados de las compulsas efectuadas por las empresas que auscultan la opinión pública sobre los índices de popularidad y de aceptación de la gestión gubernamental. Un poco menos de setenta por ciento de aprobación contra sólo un nueve de rechazo es un resultado excepcional que pocos gobernantes –si no ninguno– habían logrado en la historia del país.

En rigor, tales guarismos no deberían sorprender si nos atenemos al resultado de las elecciones municipales de mayo pasado, cuando la izquierda quebró el maleficio y conquistó ocho comunas del interior, al tiempo que acrecentó el apoyo ciudadano en Montevideo por cuarta vez consecutiva. El 8 de mayo de 2005 quedó demostrado que los uruguayos habían cambiado definitivamente su comportamiento electoral y estaban dispuestos a apostar a una fuerza política nueva. Decimos nueva en comparación con las colectividades tradicionales, pero con más de treinta años de vida y sin olvidar la larga trayectoria de lucha social y política de los Partidos Socialista y Comunista.

Sin duda que, más allá de la gestión de gobierno, una inmensa mayoría de uruguayos (tanto quienes votaron al EP-FA-NM como un alto porcentaje de quienes no lo hicieron) ha percibido un cambio. Un cambio en el estilo de gobernar, en la forma de hacer política, en la manera de relacionarse con la sociedad.

Pero los uruguayos –después de padecer durante años la irresponsabilidad de los gobiernos y el incumplimiento de las promesas electorales– ya no se dejan engañar fácilmente ni seducir por la demagogia. Ese alto porcentaje de aprobación que recoge el gobierno progresista se debe en buena medida a una acción de gobierno decidida, que busca plasmar en realidades las propuestas programáticas de la campaña electoral.

La puesta en marcha del Panes –a pesar de las dificultades prácticas que poco a poco van solucionándose y a pesar de las críticas de los escépticos de siempre– ha tenido una acogida más que favorable de parte de la población.

La responsabilidad, la sensatez y la prudencia que han pautado el accionar del equipo económico, dan sus frutos, generan confianza y otorgan credibilidad al nuevo gobierno.

La negociación colectiva y la instalación de los Consejos de Salarios fueron una señal inequívoca de la firme determinación del gobierno de brindar protección a los desprotegidos.

Por otro lado, la denuncia de situaciones irregulares, las auditorías dispuestas en los organismos públicos, la vigilancia del cumplimiento de los contratos de concesión, han sido todas medidas bien vistas por la población, que percibe una actitud del gobierno muy diferente de la negligencia y las omisiones de gobiernos anteriores.

Si a ello sumamos una política internacional independiente, y una actitud firme y decidida en cuanto al terrorismo de Estado durante la dictadura, tendremos un panorama que explica perfectamente bien la adhesión popular de que goza el gobierno del doctor Vázquez. *

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