Participación y acuerdos

Se acabó el diálogo. Al menos en términos inmediatos, entendimientos entre el gobierno y los blancos cesaron abruptamente. Por supuesto, cada uno esgrimirá sus razones. Pero es obvio que por inexperiencia, intencionalidad o malicia, el Frente cambió las reglas de juego impuestas por ellos mismos.

En lo personal fui siempre partidario de una gobernabilidad, principio wilsonista, para no dejar al gobierno de turno sin apoyo. No así a la coparticipación que obliga y compromete atando a la oposición. Fue el caso del gobierno de Batlle donde Larrañaga al no ocupar coparticipaciones ministeriales tuvo siempre las manos libres en la discrepancia. No fue el caso de los demás sectores esposados por los cargos aceptados en la Coparticipación y sus compromisos. Terminó el gaucho sepultando el acuerdo de marras. Y se fue contrario a la coparticipación, pues eran notorias las discrepancias ideológicas con los colorados, con los cuales quedaba groseramente de manifiesto que se hacía por los carguetes. A tal punto que a posteriori, ninguna iniciativa blanca tuvo andamiento mientras duró la seudo concordia.

Con el Frente las cosas cambiaban, lo he señalado. Es muy cierto que tenían y aún tienen la casa muy revuelta. Hay allí sectores con los que es fácil suponer también discordias ideológicas obvias con los blancos. Pero hay otros con los que rezamos el Padre Nuestro muy parecido, con notorias afinidades por tener orígenes comunes.

Y viene al caso a título de ejemplo, el de las ejecuciones rurales recientes o actuales. Después de las visitas al FMI y consultas piadosas al Tío Sam, Astori y su equipo económico con los planes y soluciones aprobados por el imperio, hasta ayer tan criticado, adoptó la línea dura, de las ejecuciones. ¡Que se jodan por endeudarse! Tesis desde el punto de vista capitalista yanqui, absolutamente correcta. Una tradición muy colorada y batllista de toda la vida al recostarse a la sombra de los grandotes imperiales para subsistir. Sin perjuicio de los costos y dignidades claro está, como Batlle con su amigo Bush.

O sea, si bien las deudas existen y la externa con más razón heredada del coloradismo, se debe ser consciente que laudarla al son de la música yanqui pidiendo misericordia de mano tendida (fotos mediante en la puerta del FMI) a los órganos imperiales, se termina pagando el mismo costo que con Jorge Batlle. No es el caso de Chávez y menos de Fidel que se han mantenido apartados, discrepancias al margen ideológicas que se puedan tener con ellos, y que se han negado a seguir normas y directivas impuestas por esos organismos internacionales imperiales que los termina pagando el pueblo más necesitado. Y vale acá hacer una disquisición. Sobre el tema de las ejecuciones, dentro del Frente, ¿quién defendió a los productores pequeños?

Justamente a los pobres de la tierra. El senador Saravia. ¡Un Saravia al fin! Y abriendo el paraguas, aclaro que no lo conozco ni jamás conversé con él. Claro, me voy a dar cuenta quién es, por el parecido con la foto del pegotín de mi agenda.

Pero lo oí y leí. Y no me desmintió su origen blanco y familiar. No conozco un Saravia deshonesto o jodido. No sería mala cosa que mañana, calmadas las aguas espero, Larrañaga y sus nacionalistas puedan conversar y volver a tirar coordenadas de gobernabilidad con gente como él, con quien tenemos obvias afinidades. Cuando éramos chicos jugábamos con similares sonajeros. Lo digo como referencia, pues me asusta el futuro de la patria. No se ven independencias del imperio. Como blancos y nacionalistas no podemos ser yorugas aporteñados que gritan en la pulpería y se silencian y acatan sumisos órdenes del FMI.

Kirchner con toda la simpatía y expectativas legítimas que despertó su elección termina, alharacas al margen, aceptando el chicote del imperio y pagando.

Dios quiera que me equivoque, pero en esos lares la montaña estaría pariendo un ratón. Una cosa fue Perón y otra muy distinta está siendo Kirchner. Los yanquis lo saben.

No quiero que mi patria se transforme en una estrella más en la bandera imperial como con los colorados. Larrañaga es un nacionalista. Me podrán decir que no todos los dirigentes que están con él lo sean en demasía. Y puede ser. Pero hay dirigentes notorios como él, que han demostrado la fibra blanca ortodoxa de izquierda nacional durante años de prédica, comprometidos con las más duras y también ortodoxas luchas latino indo americanas y mundiales. Como fue y sigue siendo la defensa de las luchas árabes irakíes y las palestinas del gran nacionalista que fuera Yasser Arafat, las independencias vascas, chechenas o irlandesas, y en estas costas continentales la revolución bolivariana de Chávez o la de Marcos y sus indios zapatistas de la selva Lacandona. No retiro mi punto ni corro una coma en la identidad con todos los que nos identificamos con el mejor nacionalismo del padre Oribe, desde la época que pertenecíamos a las juventudes herreristas. Con los de mentalidad colorada, deshojando margaritas en el imperio o gritando como el tero contra el FMI mientras los huevos están puestos en las oficinas de Washington, no me sirven.

Me dejó contento que fuese un Saravia en definitiva, quien defendiera a los chancletudos de la tierra. Pues, aunque se llegara posteriormente a un acuerdo con Astori emparejando los derechos de unos y otros, al fin circunstancialmente se salva el problema por el momento.

Es importante señalar este acuerdo que es el primer indicio, aunque leve, de diferencia con la política económica del antiguo ministro Alfie del gobierno de Batlle. Hasta este ítem por cierto puntual, no había diferencias conceptuales ni prácticas. El senador Saravia, justo es consignar, marca un gol de apertura en las diferencias con las viejas políticas coloradas y muy batllistas de las que Astori parece costarle mucho separarse. *

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