Inaceptable chantaje yanqui

Cuando, desde las alturas casi estratosféricas, en aquel famoso vuelo simbólico que nos acercó al primer mundo (?), el compañero Tabaré impuso en el cargo de primer ministro al contador Astori (¿alguno acaso duda ahora de que sea así?), mis temores en cuanto a la transformación de la sociedad sufrieron, lo confieso, un duro revés.

Confirmado por aquellas infelices declaraciones, en tierras hispanas, que daban absoluta seguridad del «respeto de las obligaciones contraídas» (¿por quiénes?), en lo que respecta a la privatización de los servicios del agua, olvidando promesas, y sobre todo, el pronunciamiento de votos del alma en el plebiscito de reciente efectivización. Aun antes de asumir el nuevo gobierno, ya estaban sobrevolando los cielos patrios las aves de rapiña de los OFI (1). Y rápidamente pudimos comprender que, olvidando (casi se me escapa otra cosa…), el compromiso de que lo primero iba a ser «la parte» del Pueblo, había acuerdos «muy gratos» al FMI, que llevaron a nuestro nuevos «representantes» (?) a contactos cortos y «fraternos»… ¡Hasta las fotos de la ocasión mostraron una identidad de filosofías!

En ese marco, ya como gobierno, se llegó a tergiversar la vieja ecuación presupuestal, I – E = R donde el resultado R surgía de llenar con números la I de Ingresos y la E de egresos, siendo los primeros datos y el último la consecuencia numérica resultante.

Ahora resulta que la ecuación ha quedado así: I – SPI = E

Es decir, que los egresos han dejado de ser un dato del problema y han pasado a ser lo que queda, después de deducir de los Ingresos, el superávit previamente impuesto (por los acreedores).

Y ese SPI es, ni más ni menos que la «tajada» de los ingresos, que el FMI nos impone, desfachatadamente, como dato del problema, y subraya previamente, para que el gobierno le asegure, sin ninguna posibilidad de cambio, el pago de intereses y amortizaciones, establecidos de acuerdo con su (del FMI) avidez de rapaz.

Establecido este acuerdo, le queda claro hasta al más desconocedor en materia de economía, que LO QUE QUEDA, alcanzará poco y nada , para salir de esta posición de país empobrecido en vías de default, más temprano que tarde, que hemos heredado de tantos gobiernos consustanciados de sumisión.

Pero lo que todavía no se había definido con nitidez, fuera de la imposibilidad de cumplir con Dios y con el Fondo, eran las otras obligaciones, que aparecen con letra chica, o sencillamente, emergen como disimuladamente, en «otros escenarios».

Y aparece, más temprano que tarde, el Tratado de Inversiones con el gobierno yanki. Ya aceptado por los vendepatrias de turno antes del 1º de marzo, pero que debe ser «refrendado»(?) , como «convidado de piedra» del nuevo Parlamento recién instalado. De su contenido, apenas si han aparecido algunas «perlas». Pero más que suficientes. La primera, la del art. 17, que establece que el tratado se puede declarar unilateralmente como inválido, por una de las partes (¿adivinen por quién?), si la otra parte tiene contactos comerciales con naciones catalogadas como «terroristas» por los dueños del mundo. ¿Se imaginan contra quién va la «indirecta»?

Obsérvese que el tratado es, en su esencia (como decían en Matemáticas refiriéndose a un tipo de polinomios cuyos coeficientes eran todos ceros),»idénticamente nulo».

Dado que una de las partes, en este caso los yanquis, es, nada menos que el terrorista número uno del planeta Tierra (y sus adyacencias, porque los yankis, eso sí, vuelan alto…).

La segunda se refiere a que cada parte tendrá el derecho a ser tratada como «nación más favorecida», cuando la otra obtenga tal tratamiento, y ello significaría, nada menos, que EEUU tendría derecho a dicho tratamiento, en todas aquellas oportunidades en que Uruguay mereciera ese calificativo, dentro del Mercosur. ¡Pavada de prebenda! Demasiada casualidad para ser una consecuencia «de carambola» que aparece en el tratado como inocentemente… Y las explicaciones suenan huecas.

Que si me tengo que comer un pan podrido… Que si nos portamos mal y no les vendemos la invalorable dignidad de los orientales al bajo precio del chantaje yanki, no nos compran más carne… Primero me tendrían que demostrar que no hay otra que comerse el pan podrido, sin poderle sacar la parte más podrida.

Y respecto al CHANTAJE (con mayúscula) del embajador Silverstein, no tengo palabras para traducir el asco que siento. Y mientras tanto, con las dificultades económicas y financieras que enfrentamos, le hemos pagado el subsidio a tan solo ocho mil beneficiario del Panes; y hay más de 90.000 esperando. Pero lo único que está seguro, son los millones de dólares que desembolsaremos, sin que se les mueva un pelo a los responsables económicos de este gobierno, en los años sucesivos.

Y cuando nos digan que no hay plata para los jubilados, ni para mejorar a los obreros, ni para sacar escuelas y liceos del estado calamitoso en que se encuentran, ni hacer viviendas para los que ya están en situación de calle, ¿qué les vamos a decir a esa gente que encima nos votó?

Con una voz que disimule la falta de argumentos, ¿les vamos a salir a decir que «sólo hace quince minutos que estamos en el gobierno»?

Porque para quince minutos de partido, ya nos hemos hecho unos cuantos goles en contra. Me ahorro enumerártelos, para no cansarte y ahorrar papel, y evitar que se me suba la presión, y porque ya te los vengo «cantando» desde que estábamos «calentando» en el vestuario. ¿O ya no te acordás? ¿Qué vamos a esperar? ¿Que se nos venga la maroma del frío invierno?

Aprovechemos esta «primavera trasnochada» que estamos viviendo. Por la bonanza del tiempito climatérico, que le dicen, y también por «la luna de miel de los cien días».

Pero, como ya transcurren los primeros días de junio, y seguramente se acaban las dos, por las dudas, consultá todos los días a Torraca…. o a Núbel…

¡Ah! Y antes de que me olvide, y para evitar maledicencias.

Sigo perteneciendo, todavía, todavía, orgullosamente y desde su fundación, al Frente Amplio. Integrando, desde siempre, ese conglomerado de «independientes de cabeza«, sin trazas de «obsecuencia indebida», que nucleados circunstancialmente o no, en grupos políticos, forman hoy los «poquitos» a que se refirió Galeano (1), que integran «la divergencia dentro de la confluencia», por ser esta, la mejor forma de «ayudar al gobierno a gobernar», tal como lo pidió Tabaré en su última aparición como presidente del FA. Y me siento uno más de los que «sin el miedo de que la discrepancia sea confundida con una herejía o pecado de traición, voy a salir a la calle y a hacerme notar».

Porque es mucho lo juramentado y prometido que está en juego. Y seguramente este gobierno, es quien preferentemente, no debe olvidarlo.

Es por eso. ¿Estamos?

 

(1) Organismos Financieros Internacionales (nada que ver con el fóbal del Interior)

(2) LA REPUBLICA 28/5/05, pág. 35. *

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