La lengua no es de trapo

Otra vez el dequeísmo

Hace pocos días, con motivo de la baja cotización de la divisa estadounidense que angustia a los exportadores, un informativo radial aseveraba que «la estrepitosa caída del dólar llevó a que el gobierno dicidiera de que es hora de intervenir».

Con franqueza reconozco mi más absoluta ignorancia en temas financieros y particularmente en política monetaria, por lo que me limitaré a opinar sobre la forma y no sobre el contenido del mensaje transcripto.

¿Alguien ha oído decir, por ejemplo, que «el juez decidió de procesar al imputado»? ¿O que «el MSP ha decidido del cese de un funcionario»? Jamás oiríamos semejantes disparates, ¿verdad? Diremos «el juez dicidió procesar al imputado» y «el MSP ha decidido el cese de un funcionario…».

El dequeísmo –un vicio de lenguaje bastante frecuente aunque casi exclusivo de la lengua oral– consiste en mechar la preposición de antes de la conjunción que en enunciados cuya construcción exige que la subordinada introducida por que no vaya precedida de preposición alguna. Sin embargo, desde el dirigente político que muy solemne nos espeta: «Nosotros pensamos de que la Impositiva debe mejorar la recaudación», hasta el comentarista futbolero que afirma: «El técnico les explicó a los jugadores de que tenían que mentalizarse para el juego ofensivo», pasando por el periodista que pregunta: «¿Usted lo nombró sabiendo de que tenía antecedentes?», abundan los ejemplos de dequeísmo. Se ve que a muchos les parece más correcto (o que queda mejor, o que es más elegante) introducir esa preposición de innecesaria y disparatada.

Creo que el hecho se explica por una confusión con otros verbos que sí necesitan la preposición de. Me refiero, por ejemplo, a los pronominales en general (darse cuenta, enterarse, etcétera), que deben seguirse de de: uno se da cuenta de algo, se dio cuenta de que había olvidado las llaves; y también se entera de alguna cosa, me enteré de que el decreto había sido derogado.

Y hay otros verbos que no son pronominales y que también deben ser seguidos de de. Por ejemplo el verbo advertir cuando significa «prevenir, avisar, hacer notar», que entonces va seguido de la preposición de. El Servicio meteorológico nos advierte de la proximidad de un temporal, por ejemplo. Por tanto, diremos muy correctamente (y sin caer en el barbárico dequeísmo): «el Directorio advirtió al personal de que no tolerará más situaciones como esta.»

¡Ojo! A no confundirse. Este mismo verbo debe construirse sin de cuando significa «notar, observar, reparar, fijar la atención»: No advirtió el error o no advirtió que se había equivocado.

–Cúmpleme informarle, amigo Mendieta, de que mi copa está vacía, por si no se había percatado de ello. ¿Por qué no le pide al patrón de que sirva la otra?

–Porque no se pide de que sirva una vuelta, sino simplemente que sirva una vuelta, sin de.

–¡Qué lo parió! *

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