LA LENGUA NO ES DE TRAPO

El subjuntivo y las esdrújulas

«El día que no puédamos, en silencio, nos iremos a tomar mate sin joder a nadie». José Mujica según LA REPUBLICA del 23.04.05.

Es cierto que las palabras esdrújulas (las que van acentuadas en la antepenúltima sílaba y llevan siempre tilde) tienen una particular sonoridad; una sonoridad cantarina que enriquece el mensaje fónico. Pobres los franceses, cuyo sistema fonológico no sólo carece de esdrújulas sino que, además, tiende a agudizar todas las voces.

Pero la expresividad de las esdrújulas no habilita en modo alguno a que demos ese carácter a algunas palabras modestamente graves o llanas. Es lo que sucede con mucha frecuencia entre los hispanohablantes con la primera persona del plural del presente del subjuntivo.

No se me asuste con el nombre de un modo verbal de uso cotidiano. Recordemos que ese modo es el que empleamos luego de expresiones de orden, deseo o duda: El gobierno exige a los blancos que se pronuncien sobre su participación en los entes; Quiere que le regales una bicicleta; No creo que podamos llegar temprano.

Pues bien, es muy común oír enunciados como los siguientes: No va a volver antes que nos váyamos; Podemos hacer lo que quiéramos; Lo llamaremos en cuanto puédamos.

Sin duda lo correcto es …antes que nos vayamos; …lo que queramos; …en cuanto podamos.

Pero quién soy yo para andar enmendando la plana lingüística al pintoresco ministro de ganadería, si hasta el monstruo sagrado de García Márquez se pronuncia a favor de este barbarismo. En un artículo que ya se ha hecho célebre y que circula por la interred, Gabriel García afirma preferir el sonoro «muéramos» al siniestro «muramos». En fin, son gustos.

Supongo que cuando esa forma incorrecta de conjugar la primera persona del plural del subjuntivo se haya expandido lo suficiente entre la comunidad lingüística como para instalarse en el habla de una mayoría considerable (incluidas las capas medias y lo que se llama artistocráticamente «clases cultas»), los gramáticos de la Academia no tendrán más remedio que reconocerla como un hecho e integrarla como variante aceptada de la forma ortodoxa.

Sin ir más lejos –e independientemente de la posición oficial de los académicos– en el Río de la Plata hemos incorporado definitivamente el voseo, una forma de conjugar la segunda persona del singular derivada de una deformación del arcaico tratamiento de respeto. Es así que decimos –y escribimos hasta en los mensajes publicitarios– Vení y no ven; ¿Qué querés? en lugar de ¿Qué quieres? Obviamente, vení es una deformación de venid; y querés, de queréis.

–Aquí estoy, Mendieta, y lo que quiero es tomarme una amarga con vermú.

–¡Qué lo parió! *

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje