Las prioridades del Ministerio del Interior

Días pasados el subsecretario del Interior Dr. Faroppa hizo en el programa de Lanata unas importantes declaraciones que resumen según él, el programa del gobierno sobre la gestión a desarrollar en Ministerio del Interior.
El funcionario destacó como prioridades de la gestión del actual conducción, tres conceptos a mi entender fundamentales: La defensa de los derechos humanos de la gente, la defensa de los derechos de los funcionarios policiales a vivir con un mínimo decoro, y la defensa de los derechos humanos de los encarcelados

Estos tres principios, son como de perogrullo; alguien puede decir, ¿y si no hacen eso, qué es lo que van a hacer?

Pero no es tan sencillo. Por supuesto el principal cometido del ministerio del Interior es velar por la seguridad de la gente, esto es casi la esencia de su existencia. Tal es así que en el correr de los años el Ministerio del Interior se ha ido transformando en un verdadero Ministerio de Policía con una plantilla de más de 28.000 funcionarios.

Sabemos que el Dr. Faroppa no es un improvisado en materia de seguridad, fue alto funcionario del Programa de Seguridad Ciudadana durante la Administración colorada y luego como funcionario de las Naciones Unidas se ocupó especialmente de la suerte de la niñez en riesgo de calle, organizando seminarios internacionales con las policías de Mercosur. Integrando además la comisión de seguridad del E.P.F.A.

En una palabra, conoce de larga data el Instituto Policial, sus necesidades y sus carencias, tiene claro las aspiraciones de la gente a mejorar su calidad de vida y su seguridad, y finalmente conoce de primera mano el sistema carcelario.

En relación con estas prioridades, no hay duda que debe trabajar, en lo básico; no solo tener buenas calificaciones internacionales en materia de seguridad turística, sino lograr una real sensación de seguridad en nuestra población.

No cabe discusión, pero, siempre hay un pero, las administraciones anteriores dejaron dos asignaturas pendientes. La recuperación de los encarcelados, y la situación del personal policial.

La administración colorada hizo caso omiso a los reclamos de funcionarios de todos los rangos en regularizar y/o mejorar la situación salarial.

Hoy, las diversas jefaturas de policía componen la mayor agencia de seguridad del país llamada 222, donde fuera de horario los policías trabajan contratados para empresas del Estado y privadas como guardias de seguridad.

Muchos funcionarios viven en asentamientos precarios y en la mayoría de los casos dependen de los ingresos adicionales del servicio 222 para subsistir.

Unos no están motivados, otros están cansados por las largas jornadas a las que están sometidos, muchos de los agentes han ingresado a la función por ser la única salida laboral a la que pudieron acceder.

Terminado el Programa de Seguridad Ciudadana en abril del 2004, no existen cursos de capacitación ni de apoyo, salvo los de pasaje de grado.

Son de los pocos funcionarios del estado, que pueden ser destituidos sin más trámite.

En cuanto a las cárceles, no da ni para escribir. Yo creo que son peores que los campos de concentración, porque en ellas además de todas las carencias y falta de recursos que todos conocemos, la perversión del sistema hace imposible que alguien se rehabilite.

La lentitud de nuestra justicia (conocemos casos de 11 años para dictar sentencia), el aumento de las penas, la carencia de políticas orientadas a rescatar y reinsertar a la sociedad la niñez en riesgo, la carencia de planes de libertad condicional y vigilada para aquellos que mostraron condiciones de recuperación, el poco uso de la facultad que tienen los jueces de aplicar penas alternativas, hace que las cárceles sean un peligroso caldo de cultivo de resentimiento frente a una sociedad que parece dar la espalda a una segunda oportunidad.

Es mucho más sano invertir dineros en políticas sociales, políticas de rehabilitación que seguir construyendo cárceles.

En fin, nos parece muy acertado el énfasis que ha puesto el Dr. Faroppa en las prioridades del Ministerio. Esperemos –eso sí– que no se transformen en meros enunciados de buenas intenciones, que queden empantanadas en el marasmo de las presiones políticas. *

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