Ecos de Zapicán

Retomando los comentarios sobre la sesión del Consejo de Ministros en Zapicán, creemos del caso insistir en la importancia que revistió la jornada en lo que tiene que ver con la participación popular y la comunicación directa del gobierno con la gente.

Los planteos que recibieron las autoridades de parte de los vecinos resumen la realidad del interior profundo; y las inquietudes y dificultades que esos uruguayos han podido expresar directamente en un mano a mano con el presidente y sus ministros, resultan una síntesis perfecta de las carencias y aspiraciones a las que los gobiernos anteriores hicieron oídos sordos.

El caso de Zapicán es particularmente ilustrativo del progresivo deterioro social del Uruguay rural. En primer lugar, el éxodo en busca de mejores condiciones laborales que tampoco es fácil hallar en otros departamentos; y, como consecuencia de ese fenómeno, la pérdida progresiva de servicios y el cierre de oficinas estatales. Entre los reclamos y sugerencias que los vecinos aportaron destaca la reactivación del ferrocarril, un medio de transporte que la negligencia de los gobiernos anteriores hizo prácticamente desaparecer.

El saldo de este primer encuentro mano a mano con la gente es altamente positivo. No sólo porque permitió que las autoridades se pusieran en contacto directo con las expectativas de la gente, sino también, porque los reclamos –como el propio presidente lo reconoció expresamente– no fueron planteos descabellados. No se pidieron imposibles sino que se formularon propuestas factibles, lo que habla de la madurez de una población castigada por la crisis –y por la pésima conducción de los gobiernos anteriores– y que por primera vez es atendida como corresponde.

Mención aparte merece el discurso presidencial.

Fue un balance de los casi dos primeros meses de gestión en el que resaltó el viraje operado desde el 1 de marzo en el modo de hacer política y reafirmó la voluntad de aplicar el puntillosamente el programa de gobierno de las fuerzas progresistas. Sin embargo, hubo una referencia a la integración de los entes, servicios y empresas públicas que desató una tormenta política de proporciones. El doctor Vázquez reiteró su propuesta de que el Partido Nacional tuviera representantes en los organismos estatales pero anunció que si el 2 de mayo no había respuesta de la oposición, el gobierno procedería a eliminar los cargos vacantes destinados a la segunda fuerza política.

Más allá del matiz semántico respecto de si se trata de un emplazamiento o no, no cabe duda de que el gobierno jugó fuerte y volvió a marcar la agenda. La respuesta airada –casi destemplada– del presidente del H. Directorio, doctor Jorge Larrañaga, fue apresurada y cerró prácticamente las puertas a la posibilidad de un acuerdo entre gobierno y oposición.

Desde estas páginas hemos aplaudido las gestiones para llegar a un entendimiento que permitiera a los partidos de oposición integrar los organismos estatales de dirección colegiada. Por tanto, deploramos la reacción del conductor del Nacionalismo y hacemos votos por que se supere el entredicho. Pero coincidimos con el doctor Vázquez en cuanto a que no es posible mantener al país en vilo y prácticamente paralizado a la espera de una decisión que no puede razonablemente postergarse por más tiempo.

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