Gobierno y participación popular

El adjetivo «histórico» –en referencia a hechos inéditos, sin precedentes, que no habían ocurrido nunca– está apareciendo con harta frecuencia para calificar las primeras medidas y acciones del nuevo gobierno.

En múltiples áreas del quehacer nacional, las decisiones del gobierno progresista se apartan notoriamente de lo que había sido habitual hasta marzo de 2005.

En materia de investigación de casos de desapariciones forzadas, hubo de transcurrir dos decenios de gobiernos democráticos para que el Ejecutivo tomara las providencias del caso en aras de dar cumplimiento a lo estipulado en el artículo cuarto de la Ley de Caducidad. Con la tímida excepción del gobierno de Jorge Batlle –que instaló la Comisión para la Paz, dando un paso importante hacia el reconocimiento oficial del terrorismo de Estado–, el famoso artículo cuarto fue sistemáticamente soslayado. Ni el doctor Sanguinetti en sus dos mandatos ni el doctor Lacalle dispusieron medida alguna tendiente a satisfacer la demanda de familiares de detenidos desaparecidos; antes bien, trataron de obstaculizar por los medios que fuera cualquier acción que apuntara al esclarecimiento que toda la sociedad reclamaba.

Asimismo, el otorgamiento de la cadena nacional de radio y televisión al PIT-CNT para la emisión de un mensaje a la clase trabajadora, también marcó un hito al romper una tradición de negativas a las solicitudes de la central sindical.

El día de ayer será recordado como la primera vez que un presidente de la República reúne a su gabinete fuera de la capital del país. El doctor Vázquez eligió un pequeñísimo poblado en el Interior profundo para que allí sesionara el Consejo de Ministros. Desde luego que la oportunidad fue propicia para que el gobierno en pleno se pusiera en contacto directo con la gente, para que por primera vez en la historia, las autoridades se acercaran a los habitantes del medio rural, siempre postergado. Al igual que Zapicán en Lavalleja, son cientos los poblados y parajes del resto del país que los políticos visitan sólo una vez cada cinco años en busca de apoyo electoral, y que luego son cuidadosamente sumergidos en el olvido.

El hecho adquiere –del mismo modo que las otras medidas inéditas adoptadas por el nuevo gobierno– un particular contenido simbólico: el gobierno demuestra, así, su voluntad de hacer realidad las promesas electorales. Pero la reunión del gabinete en Zapicán no será la única que se desarrolle fuera de la capital; es la primera, pues el Presidente se ha comprometido a proseguir con esta saludable práctica, y serán varias las poblaciones del Interior que podrán asistir a una sesión del Consejo de Ministros, al tiempo que aprovecharán la ocasión para plantear su problemática particular.

Esta característica de participación popular, de mano a mano con la gente, permite al gobierno empaparse de la real situación que viven los ciudadanos, y recuerda en cierto modo los cabildos abiertos, una vieja instancia de democracia participativa que enaltece al gobierno y dignifica al pueblo llano. *

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