Benedicto XVI: en defensa del dogma

Hay un nuevo Papa. La elección en muchos sectores intelectuales, políticos y sociales, del alemán Ratzinger, ha producido una desilusión en función de su perfil conservador. Estas corrientes –supongo– esperaban algo parecido a Juan XXIII, el Papa bueno como se le conocía, con una política de composición intermedia con el progresismo. El error está en creer que las opciones solo se limitan a lo político, desvirtuando por ignorancia o malicia los aspectos espirituales y dogmáticos que deben ser permanentes. La Iglesia tiene más de 2000 años de «edificada» sobre Pedro y a través de esa extensa prolongación en los tiempos, con los altibajos de los casos puntuales, se ha tenido y se tiene que seguir adecuando a los tiempos con su reconocida experiencia y practicidad ideológica. Nadie debe pensar en cambios dogmáticos. Venga el Papa que venga. Juan XXIII el bueno tampoco varió las normas o principios básicos en su mandato; el dogma es inamovible y permanente. De lo contrario dejaría de ser Iglesia para transformarse en sectas virtuales adecuadas a las circunstancias o modismos ocasionales sin fundamentos éticos.

El tema de la condena al infame crimen del aborto, la defensa de la familia como núcleo básico de toda sociedad sana atacada por el divorcio, la pornografía, y su fomentación, el celibato de los sacerdotes y claustro de las monjas incluyendo la negativa al sacerdocio femenino, la sodomía y su práctica degenerativa de la sagrada reproducción de la especie humana, etcétera, son mandatos previstos desde la creación misma y tienen para los creyentes mandato «superior» imperativo y dogmático. Que la Iglesia en su política de relevamientos sociales y materiales con las naciones se adapte como se hizo siempre, es natural.

En lo espiritual y en la defensa del hombre y la familia, nunca.

Es el caso de la explotación del hombre por el hombre por parte de los imperios que en función actual de su capitalismo salvaje, ya condenado por Juan Pablo II como es notorio (particularmente de EEUU que disfraza con argumentos falaces como el «de la defensa del bien sobre el mal» de Bush, y terminan arrasando, explotando y depredando a las naciones débiles del tercer mundo), se tendrá que volver a condenar. Desde el otro polo, la caída del comunismo con su materialismo dialéctico que llegó incluso a la persecución de la Iglesia Católica durante décadas, se disolvió hacia un ateísmo difuso al principio por las que concentraba las pertinaces críticas a esos principios morales cimientos de la religión cristiana. No se atacan otras profesiones de fe o religiones como se hace reiterada y permanentemente con la católica. Avanza, al decir correctamente del teólogo Methol Ferré, ese ateísmo libertino que fomenta el socavo de las bases morales y normas religiosas.

No es lo sustancial ser para la Iglesia de izquierda o derecha en los valores espirituales y dogmáticos que es por otra parte, su razón de ser que debe hacer el Papa, el conservar los principios de la fe. El nuevo Pontífice se integra entonces, al cerno mismo de la interpretación del dogma con su infalibilidad reconocida, manteniendo una Iglesia unida y coherente como lo hicieron sus predecesores y Juan Pablo II pacientemente. Las influencias y críticas de afuera, interesadas en destruir el dogma y sus enseñanzas no deben alterar los cimientos de San Pedro. Hoy se abre un período diferente, pues diferentes son los tiempos en permanentes cambios naturales. Pero los principios de la fe, no cambian. La obediencia de parte de su feligresía en esa materia debe mantenerse rígidamente. Es el sostén del Credo en la tierra. El materialismo perverso fomentando la corrupción, la sodomía, el aborto, la violencia y explotación de los más necesitados, protección a la integridad de la niñez, etcétera, nos obliga a la defensa y pureza de esas normas naturales y básicas en el dogma. Ratzinger no será un anti Papa. Por el contrario, todo indica que será una garantía de la permanencia vital del mandato de Cristo. Su propia elección por mayoría aplastante y casi inmediata del Colegio Cardenalicio así lo amerita. No hay ni siquiera aparentes fisuras. El tiempo avalará el acierto de sus decisiones. *

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