La lengua no es de trapo

Otras agresiones al idioma

El 15 de abril los lectores de LA REPUBLICA se enfrentaron con este misterioso texto:

«Ello puede deberse en las dificultades de difusión como consecuencia de la renuncia a la campaña en los medios masivos de comunicación en beneficio de que esos recursos a la instrumentación de los programas asistenciales que componen el Panes».

No me detendré en la errónea preposición en puesta en lugar de a sin razón alguna, pues me parece un yerro menor comparado con el indescifrable mensaje que se pretendió transmitir. ¿Se tratará, acaso, de un criptograma vinculado con el lugar en que se halla oculto el Santo Grial? Sólo así se explicaría la ausencia total de sintaxis y de lógica.

Pero no se alarme, estimado lector, que hay otras perlas –formalmente inobjetables– cuyo sentido hermético puede llegar a trastornarnos tanto como los libros de caballería al bueno de Alonso Quijano.

Fíjese atentamente en el enunciado que transcribo a continuación (publicado también en LA REPUBLICA hace un par de años) y lo desafío a desentrañar su arcano sentido:

«Desde una visión enterada del presente, quizás sea posible recrear la esperanza en que la dinámica de un juego de tensión y riesgo entre la política y la economía nos permita, hoy por hoy y no mañana, ir descontando realidades más prometedoras».

¿Qué quiso expresar el redactor (si es que éste sabía qué idea se proponía transmitir)? ¿Qué significa una «visión enterada del presente»? ¿Cómo se hace para «descontar realidades más prometedoras»? En fin…

Otras veces, las agresiones al idioma no pasan por yerros ortográficos, sintácticos o semánticos, y ni siquiera por parrafadas de sentido oculto como las que acabamos de ver. A veces el rebuscamiento y la superabundancia de adjetivos conspiran contra una comunicación decente. Para ilustrar esta aseveración, me remito a los siguientes «trozos escogidos», extraídos de una crónica musical:

«La supremacía creativa llevaba a sus espaldas un peculiar grupo de amigos con la detonante inquietud de juntarse solamente para ver lo que destilaba el antagonismo de sus imaginarios universos. (…) No es difícil darse cuenta de los continuos y florecientes avances que han acechado a la banda y se palpa esto en cada rincón compositivo y sonoro del disco. (…) Vale subrayar el minucioso y sutil arte compositivo del trabajo plasmando una notable armonía entre colores, formas, figuras y conceptos, realmente exquisito. Se torna formidable el plus estético que denota una deliciosa e innovadora fotografía. (…) La idea es completar un rompecabezas donde lo macro se personifica en cada uno de ellos y lo micro o imposible a la luz parece captar y plasmar un momento en cada existencia, interactuando en una suerte de flashback».

–Yo le digo la verdad, Mendieta: pa barroco, prefiero a Góngora…

–¡Qué hombre culto, qué lo parió! *

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