Una nueva forma de hacer política
A diferencia de otras administraciones, el gobierno del doctor Vázquez se caracteriza por su ejecutividad y por su vocación de cumplir con lo prometido durante la campaña electoral.
Es así que un mes exacto después de asumir el nuevo gobierno, se puso en práctica oficialmente el Plan de Emergencia Social. Corresponde subrayar, una vez más, que esa atención a los sectores más carenciados no implica en modo alguno que el gobierno apueste exclusivamente al asistencialismo. Por otra parte, tampoco es eso a lo que aspira la gran mayoría de excluidos que se beneficiarán con el Panes; antes bien, los uruguayos marginados no pretenden beneficencia sino trabajo. Al respecto resultan ilustrativas las entrevistas realizadas por los medios a quienes se presentaron en las oficinas del BPS para acogerse al plan: casi sin excepción, expresaron su deseo de tener un trabajo digno y dignamente remunerado.
Pero independientemente de la puesta en marcha del Plan de Emergencia, son innumerables las señales de esa vocación ejecutiva del gobierno. Por ejemplo, la renovación de autoridades en los organismos estatales fue rápida, y demostró que los cambios preconizados van en serio. No sólo directores de entes y ministerios fueron sustituidos; en algunos casos, como en la Policía, hubo cambios en escalafones inferiores, como en la Inteligencia policial.
En otros casos, como en la Oficina de Planeamiento y Presupuesto –que se había convertido en una suerte de superministerio– se instaló una Comisión interministerial prevista por la Constitución pero que nunca había sido convocada.
Asimismo, la negociación colectiva y la instalación inminente de los Consejos de Salarios marchan a buen ritmo. Se trata de un punto fundamental de la plataforma electoral de las fuerzas progresistas y de un serio golpe a la flexibilización laboral preconizada por el pensamiento único del neoliberalismo.
A poco de haber asumido, el gobierno debió afrontar una minicrisis financiera como consecuencia de la situación de una cooperativa de ahorro y crédito. La solvencia demostrada por el equipo económico para sortear la crisis no sólo hizo trizas la alarma incipiente sino que generó confianza entre la población.
Al mismo tiempo, una acción decidida para terminar con gastos superfluos en las dependencias estatales –además de la denuncia de situaciones irregulares y el propósito de investigarlas– fueron percibidas con beneplácito por la opinión pública como un claro mensaje de reafirmación de que se combatirá la corrupción y se gobernará con cristalinidad. Todo esto coadyuva a recuperar la tan necesaria credibilidad de los gobernantes, que un manejo irresponsable (cuando no criminal) de la cosa pública había casi destruido.
Si pasamos a la política internacional, vemos que el gobierno marcha por la senda anunciada de fortalecimiento de los vínculos con el Mercosur. El reciente viaje a Brasilia confirma el acierto de la línea que las fuerzas progresistas se han fijado y puede catalogarse como un éxito.
Hemos mencionado apenas algunos aspectos de la gestión gubernamental, pero muchas otras medidas adoptadas van en el mismo camino de mostrar con hechos la voluntad de cambio. Es por ello que el aumento en el precio de los combustibles y en las tarifas de electricidad ha sido recibido con calma y con comprensión por parte de la sociedad. Porque la gente percibe que el cambio va en serio, que no se trata de un mero recambio del personal de gobierno, sino que estamos en el inicio de una nueva era. *
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