Se respira un clima de cambios
No obstante el breve lapso en que se inscribe la gestión del gobierno electo, un arsenal de críticas y pedidos de informes se han planteado, por una oposición que no se resigna a cumplir el papel asignado por las urnas. Y aunque innecesario decirlo, esta observación no significa que no tengan el derecho de hacerlo, sino que en el examen de sus contenidos, se divisa un oculto resentimiento con el pueblo que optó por transitar otro camino.
Felizmente la gente viene percibiendo la voluntad inequívoca, seria y responsable, de modificar sustancialmente las políticas de Estado, que han llevado al país a vivir una crisis social y económica sin precedentes. Como también visualiza que el programa de transformaciones divulgado en la campaña electoral, comenzó a reflejarse en forma gradual en el campo de los hechos, con medidas concretas que se vienen dictando desde el 1º de marzo.
La ciudadanía, que no ha perdido la memoria y mantiene intacto su poder de razonamiento, sabe que la administración que encabeza el doctor Tabaré Vázquez no cuenta con toques mágicos para revertir de un plumazo los índices de pobreza, desempleo e inseguridad –por citar tres sombríos territorios de la vida nacional– y que se requerirá tiempo, paciencia y buena fe, para que la nación se encamine por el rumbo que beneficie a las grandes mayorías.
De manera que en este contexto, la difusión de las dificultades prácticas para alcanzar los grandes objetivos en materia de crecimiento y una mejor distribución de la riqueza serán fundamentales para neutralizar ansiedades, cuestionamientos infundados y planteos que no responden al dominio de lo posible.
Adviértase que el gobierno electo se ha visto obligado por las circunstancias de público conocimiento, a priorizar un Plan de Emergencia para atender el drama colectivo que desencadena el hambre, la falta de techo y el analfabetismo en vastas áreas de la sociedad. Por ello, resulta incomprensible que mientras ocho mil niños viven en situación de calle y cien mil compatriotas en estado de indigencia, los responsables de este vergonzoso legado se hayan permitido cuestionar la creación del Ministerio de Desarrollo Social, que apunta precisamente a rescatar a ese conglomerado humano víctima de la indignidad, exclusión y ausencia de futuro.
Las incongruencias de la oposición llegan a niveles insalvables, pues con la obsesión de apedrear al gobierno, se preocupan de asuntos menores como los costos que insumieron las fiestas populares del 1º de marzo, pero miran para otro lado cuando el ministro Víctor Rossi denuncia la situación contractual con la empresa concesionaria de Ruta 1, o cuando su colega Reinaldo Gargano se encuentra con que Uruguay debe once millones de dólares por atraso en los pagos a organismos internacionales, o el titular de Trabajo, Eduardo Bonomi, se encuentra con un juicio de un millón de la divisa americana, porque no fueron abonadas las mercaderías que los proveedores le suministraban a INDA, o cuando el ministro Mariano Arana constata que se autorizó la construcción de varios complejos habitacionales, sin contar con los recursos respectivos.
Obsérvese que cuando tanto caudal se hace por lo que significan los controles en materia de transparencia, en el lapso 2000 – 2004, miles de observaciones del órgano responsable de dictaminar e informar en materia presupuestal desembocaron en el archivo por desidia e irresponsabilidad de quienes no cumplieron con sus tareas fiscalizadoras. Y si nos trasladamos a la órbita bancaria, comprobamos que no valoran que el seguro de depósito que entrará en vigencia, comporta una herramienta en beneficio de la estabilidad financiera, al constituirse en una modalidad defensiva frente a las crisis que tanto nos han golpeado.
Objetivamente, nadie puede negar que el pueblo humilde constata con enorme satisfacción, cómo el ministro José Mujica explora con sus asesores y el presidente del Instituto Nacional de Carnes, Alfredo Fratti, espacios que permitan que determinados cortes del fundamental alimento como lo es la carne lleguen al consumo con precios accesibles. Y en esa tarea –propia de la autenticidad que lo caracteriza– coloca pases magistrales al estilo de Juan Alberto Schiaffino, cuando anuncia el fin de los subsidios que presta el Estado a las empresas forestales. *
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