Hacia las municipales
Aunque suene extraño, entre los blancos parecería que hay dos criterios para integrar las listas departamentales. En el interior, cerno y casco fundamental del electorado blanco, los ediles son elegidos en términos electorales generales como Dios manda. Gente «laburante», conocedora en profundidad de las distintas zonas, necesidades y urgencias, alineados conscientemente a la temática e ideas del caudillo correspondiente, lealtad al mismo, etc., con las excepciones del caso que siempre puede haber. Tal vez sea un edil un poco menos informado de la «cocina» partidaria y estrategias que en política nacional tiene el capitalino al tener más contacto permanente con las cámaras sin contar el propio directorio y demás medios de que se goza en Montevideo. Y se aleja a medida que nos internamos tierra adentro. O sea, hay otra forma a mi gusto en campaña, donde se trata prolijamente de no equivocarse en la elección del deliberante comunal porque entre otras cosas se sabe que se gana y si le erran con los ediles, el intendente para la próxima se juega el pescuezo político. Montevideo es distinto. Y no por ser la capital sino por jugar otros valores supongo que psicológicos. Es un departamento que históricamente le ha sido hostil a los blancos en términos generales. Una sola vez ganamos con Fernández Crespo.
De mayorías coloradas y zurdas. Ciudad cosmopolita, exitista en cuanta teoría o bolazo ideológico que flote por el mundo, y siempre mirando con veneración desde la escollera Sarandí hacia fuera. Hacia la Europa admirada, y de todo lo foráneo. Nunca mirando hacia «dentro» de la patria. En el campo, el gaucho es bruto e inculto. Todo es tosco. No hay finos doctores ni se conversa en idioma gringo. No se convencen en ese desprecio, que comen gracias a la carne, lana, producción agrícola, chacra y demás menudencias que los paisanos brutos producen. Y es una realidad. En base a esos criterios tan diferentes y en la idea de que Montevideo es mucho más difícil de ganar, la elección de los ediles en sus listas respectivas es también diferente. Por ejemplo, se ponen comúnmente gurises imberbes para que se vayan haciendo. ¡Como si la Junta Departamental fuese el jardín de infantes donde se enseñan los primeros palotes políticos! ¡Soberana estupidez subestimante de un organismo legislativo que gobierna la mitad del país! Cuando el botija al final del mandato pescó más o menos la honda lo sacan y lo mandan con mucha suerte a otro cargo distinto donde empieza de nuevo.
También se maneja el premiar a algún amigo o allegado a quien no se pudo ubicar por faltante de carguetes y se le da la Junta para que se rebusque un viático decoroso. Todo esto, por supuesto, en términos generales y desconociendo el valor que debe tener el curul en eficiencia de su trabajo en los barrios, que no sólo sirve al ciudadano sino que es fundamental para la recuperación electoral de Montevideo. El edil debe ser un caudillo zonal y conocedor del departamento. El propio Frente Amplio así lo entendió y montó una organización de comités de bases donde se interesó e integró ideológicamente a los barrios y vecinos en general. Estuvieron bien. No fueron chorizos. Algo que los viejos clubes blancos originales también hicieron y llevó a Fernández Crespo al triunfo. Hay realidades estables que el tiempo no cambia ni transfiere. El interior en base a los caudillos trabaja y se mueve. No me preocupa. Pero Montevideo, cuando el plazo se está haciendo más perentorio, está aplanado y frío. No basta con visitas esporádicas, no le da el tiempo, del candidato por más bueno y convincente que se quiera. Un navegante solitario, cual golondrina viajera, es poco lo que pueda hacer.
Los señores diputados en lugar de discutir por los dos o tres presuntos curules que capaz les toquen, salgan a pelearla casa a casa sin dejar en la soledad de las armas al candidato. A la guerra deben ir todos y no uno solito. Y se debe hacer con gente que sepa y conozca la ciudad.
El que con niños se acuesta… Los colorados se juegan a Pedro o Pedrito entre los íntimos. El Bordaberry lo ponen chiquito para que no se vea. No sea cosa de avivar memoriosos. Están ordenando en su torno a la derecha más recalcada.
¡Ojo! ¡Tampoco es poca cosa! Yo no voy a salir a buscar la derecha, es obvio.
Pero el partido debe mover sus engranajes para que esos sectores que los hay en todas las colectividades políticas del mundo y son necesarias, no se pierdan y le den vida en la capital, donde habita el 50% de los ciudadanos, a un batllismo agónico. ¡Vamos a no ser idiotas! ¡No se puede dejar reflotar a los salvajes! ¡Hay que cultivar Montevideo! Y la cosecha no la van a conseguir arañándose por un curul más o menos los diputados. Planteen reformas, ideas, conductas, mejoras administrativas, boca a boca es la manera. Y visto que a los baquianos con el lomo lleno de cicatrices de guerra y conocimientos ciudadanos no les van a dar pelota, por lo menos mojen la camiseta tratando de ganar o de poder estar segundos cerca. ¡Muchachos, por amor de Dios! ¡Aunque sea vasco e hincha de Wanderers, no revivan otro Bordaberry! *
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