Good bye, FMI

Ha causado un formidable impacto en la opinión pública internacional la decisión del gobierno brasileño liderado por Lula Da Silva, de no renovar el acuerdo stand by con el FMI.

La economía del vecino país ha hecho en estos años de gobierno de izquierda, un considerable esfuerzo por mantener sus equilibrios macroeconómicos, para, en una economía internacional globalizada, zafar del monitoreo cotidiano del Fondo Monetario Internacional.

En economía no se hace lo que se quiere sino lo que se puede.

La herencia de siglos o décadas no se modifica en un corto plazo. Un país de 180 millones de habitantes, con altos índices de desigualdad social y de pobreza y con alto endeudamiento externo requiere de un lapso prudente para ir modificando sus atrasos estructurales.

El planteo prudente pero firme del gobierno de Lula recibió las dificultades lógicas por enfrentar los planes norteamericanos de implantar el ALCA en este año 2005. Sin radicalismos verbales ni actitudes infantiles, buscó fortalecer el Mercosur e incluso la Comunidad de Naciones de Sud América y a nivel mundial impulsar el G 20, nacido en histórica conferencia de la OMC en Cancún.

Para defender posiciones de principio y enfrentar las desigualdades del comercio internacional, se requiere tener fuerza real y hacerse respetar.

Pero además de la contienda con el poder económico que hoy rige el mundo contemporáneo, el gobierno de Lula fue sometido a una crítica de izquierda, tanto desde el interior de su partido, de grupos aliados e incluso de personalidades de alto valor ético.

Convencido del rumbo elegido y que en la mitad del río no se puede cambiar de caballo, avanzó contra viento y marea. Hoy, los hechos le dan la razón, aunque todavía no está ganada la pelea y se deberá mantener la cabeza fría y el corazón atento a las demandas sociales.

En vísperas de esta histórica decisión del gobierno de Lula, la Central de Trabajadores   CUT–, una de las varias que existen en el país norteño envió esta carta al ministro de Economía:

«Ante el debate sobre la renovación o no del acuerdo entre el gobierno brasileño y el Fondo Monetario Internacional, la CUT quiere manifestar a VS. su posición contraria a esta renovación.

Para la CUT en el año 2004, Brasil alcanzó el inédito volumen de casi U$S 100 billones de exportaciones (en miles de millones de dólares) y tuvo un superávit comercial de 34 billones de reales. Con esto obtuvo una situación internacional relativamente favorable e inauguró una nueva fase de crecimiento, inclusive sin afectar recursos autorizados por el propio FMI.

En este momento cumple reafirmar a VS. la histórica posición de la Central Unica de los Trabajadores de oponerse a cualquier acuerdo internacional que comprometa la independencia del país. De una forma u otra, los acuerdos anteriores obligaban a Brasil a cumplir metas gigantescas de superávit fiscal que resultaban perjudiciales para el pueblo brasileño.

Para la CUT, Brasil debe preservar el ajuste de las cuentas públicas y tener como meta el control de la inflación. No obstante, estas directrices deben alcanzarse mediante un entendimiento nacional que articule los diferentes segmentos sociales, de forma de alcanzar un crecimiento económico y social sustentable, con generación de ingresos y empleos, estabilidad de precios, inversiones y mantenimiento de la recaudación fiscal».

La medida adoptada por el gobierno contempló esta postura del movimiento obrero.
Esta decisión del gobierno norteño tiene una gran repercusión para nuestros pueblos latinoamericanos, tan endeudados y tan dependientes. Sirve de experiencia y antecedente del largo y difícil camino para buscar una salida digna de nuestras sociedades . Uruguay viene de una dolorosa experiencia durante la crisis bancaria de 2002, que lo obligó al blindaje de un préstamo internacional que restringe a las nuevas autoridades nacionales.

Pero restricción no significa fatalismo, por ello se deberá lidiar con inteligencia y firmeza de propósitos.

Durante las negociaciones con los organismos financieros internacionales quedó absolutamente claro que el nuevo gobierno aplicará su Programa, pagando el peaje de los compromisos heredados, pero sin dejar de luchar por sus propios objetivos.

La brega por un país productivo con justicia social, con inversión, crecimiento y empleo digno, seguirá siendo el norte de la política gubernamental.

La experiencia del Brasil de Lula, al igual que la de otros países de nuestra región continental, son insumos importantes que deberemos asimilar a la luz de nuestra singularidad nacional.

Cuando Estados Unidos apoyó el golpe de Estado de 1964, su embajador, cual insolente virrey, afirmó «donde vira Brasil, vira América». Las tres décadas siguientes parecieron darle la razón.

Hoy América Latina asiste a otra época y al nuevo viraje de la realidad brasileña, positivo y de signo contrario al nefasto golpe derechista de los 60.

Le deseamos éxitos, que se consolide esta nueva realidad, para bien de su población y de todos los pueblos del continente. Los cambios cuestan, pero vale la pena luchar por ellos, «con la mirada en la utopía y con los pies en la tierra», como bien dijo nuestro Presidente de la República. *

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