Increíble por incierto
El sábado 26/1/05, realicé una lectura muy atenta del artículo del periodista Daniel Rodríguez publicado en la contratapa de LA REPUBLICA. Y confieso que fui concordando totalmente con el enfoque que planteaba. Hasta que llegué al párrafo que dice:
«De allí que suenen graciosas, por decir lo menos, las engoladas convocatorias de los cuatro gatos de siempre, a estar alertas, vigilantes, para exigir que se cumpla el programa. Suena como reclamar a sus padres que alumbren hijos de acuerdo a un identikit. No hay otro vientre para ese sueño más que este, el hecho aquí, con alma, sangre, sudor y mate. Dará lo que tiene para dar, lo que lleva adentro, ni más ni menos«.
Como uno de esos cuatro gatos locos de siempre (la coherencia es una rara virtud en extinción, señor periodista), y sin permiso de los tres restantes, que ha sostenido, desde siempre, en sus humildes notas, carentes de engolamiento, la necesidad de estar alertas y vigilantes, para exigir que se cumpla el programa, como una necesidad irrenunciable de frenteamplista de ley, me rebelo ante el contenido de estos párrafos que transcribo.
Porque además, no es cierto que los compañeros, que tienen el honor de representar a esta fuerza política hoy en el gobierno, sean los padres de los demás compañeros. En todo caso, hermanos de sangre.
Y punto. En eso no le doy la izquierda a nadie.
Y me parece, además, que los gatos son bastante más que cuatro, y además, quizás, pocos en cantidad, pero bien montados, en calidad, como demostraré más adelante.
Acabo de leer en estos días de asunción del nuevo, de nuestro nuevo gobierno, la preocupación por lo que pudiera pasar y el temor expresado por algún otro «gato» periodista de que «el gobierno frentista se fagocite al partido». No nos olvidemos de que contrariamente a lo que propone Rodríguez, la exigencia de que se cumpla el programa es esencial a la coherencia y a la honestidad de nuestra fuerza.
Si no, ¿en base a qué promesas, más de un millón de votantes optaron por el EP-FA-NM?
¿Acaso ahora podemos salir tan frescos a decir que, una vez obtenido el apoyo en esa base, rompemos el cordón umbilical, nos «timbeamos» el programa y hacemos, qué? ¿Lo primero que nos venga a la cabeza o al corazón?
Eso de ofrecer a la gente un programa y después de ganar no cumplir con el mismo me suena a la eterna musiquita del oscuro pasado rosado de los partidos tradicionales. Y así les fue, cuando los orientales despertaron de verdad.
El papel de la fuerza política es de apoyo de lo bien hecho por SU gobierno y de señalamiento irrenunciable, o por lo menos, pedido de explicaciones, de aquellas medidas que generen dudas respecto al apartamiento de lo prometido. El vientre fértil de la izquierda ha parido muchos orientales bien nacidos, de los cuales los compañeros hoy elegidos son una parte importante, pero no la elite infalible.
También nuestro sabio Artigas nos enseñó a no desdeñar la posibilidad de «la veleidosa probidad de los hombres» que requiere irrenunciablemente, el freno del programa, la Constitución y la ley. Para ello es necesario, imprescindible, estar alertas y vigilantes, apoyando a nuestros compañeros e interrogándolos cuando aparezcan dudas, como una forma más de apoyo imprescindible.
¿Quién acaso, por el siempre posible error humano, puede evitar que, por un ejemplo tirado al azar, entre los nombramientos, que descuento hechos con la máxima buena fe, no se nos cuele algún «milico del proceso», con antecedentes como golpeador, torturador o perseguidor de compañeros, exclusivamente por profesar una ideología diferente?
Unirse al «viva-viva» de la deificación de los «padres» infalibles que nos propone el citado es la antítesis del pensamiento frenteamplista
Y en cuanto a esos «cuatro gatos» que opinan diferente, con «engolada convocatoria», le puedo agregar algunas opiniones que, por no pertenecer sino al elenco de apoyo directo que acompaña al compañero Tabaré, están ajenas a cualquier consideración de pertenecer a los «temidos» radicales del Frente.
Así me permito reproducir declaraciones de tres de esos «gatos» a los que se refiere irrespetuosamente el periodista Rodríguez, que por su jerarquía como dirigentes y su apoyo al «proyecto Tabaré», se vuelven insospechables para cualquier frenteamplista, de posible infiltración radical.
1-Edgardo Ortuño, delegado a la M/P por la V/A y diputado: «Hay necesidad de darle al gobierno la importancia que tiene (al Poder Ejecutivo y al Poder Legislativo), pero hay que darle a la fuerza política el lugar que tiene. Sería un error debilitar la fuerza política y que el Estado terminara absorbiendo funciones o roles que le corresponden a aquella, y que deben estar claramente diferenciados.
2- Carlos Gamou, delegado del MPP en la Mesa Política y actual diputado electo: «Hay dos cosas importantes que se entrecruzan: 1-Que la fuerza política funcione mejor y 2 -en el marco de deficiencias (a señalar) el gobierno electo toma algunas decisiones que no presentan, no ya la consulta necesaria, sino tampoco la fluidez de información que debería transmitir.
3- Carlos Coitiño, delegado del PVP en la Mesa Política: «La fuerza política debe absorber los contenidos de esa realidad, y si no lo hace, se convertirá inevitablemente en un mero factor oficialista, sin que se pueda transmitir el juicio crítico de la sociedad sobre el cumplimiento del programa, dejando que ese juicio se canalice a través de los «loobies» en las distintas oficinas institucionales.
Para finalizar, transcribir algunos conceptos de otro «gato», al decir del enfoque de Rodríguez, el periodista Víctor Abelando que nos expresa entre otros conceptos compartibles por jugados y valientes, en momentos en que, para otros muchos, predomina la luna de miel previa a los problemas inmanentes al matrimonio «en serio» y el «viva viva» de los festejos.
«El proceso de transición puso en evidencia uno de los nudos problemáticos de la izquierda: encontrar el equilibrio entre el gobierno y el partido. Los primeros pasos muestran la necesaria emigración de cuadros hacia el Ejecutivo, pero también, algunas tendencias a prescindir de la fuerza política.
El compañero Tabaré pidió a los frenteamplistas, en su última actitud como Presidente del FA, y al renunciar a la misma, que no se olvidaran de ejercer la función crítica con respecto al cumplimiento del programa y sus (futuros) actos de gobierno». El peligro es el ajenamiento del Poder Ejecutivo respecto del poder político. El gobierno es el hoy, la fuerza política, el mañana. En ese entorno de visión, la fuerza política no puede ser limitada a ser informada a posteriori. Ni absorción del partido por el gobierno, como pasó en el P. Colorado, ni omnipotencia del partido como pasó en el socialismo real.
Por un corte inoportuno del cordón umbilical, se puede arriesgar a que la criatura no nazca «de vida», o nazca debilitada, para afrontar los avatares que seguramente le esperan.
A tenerlo en cuenta. *
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