Tansparencia, franqueza y energía

Qué es lo que más importa en un gobierno que recién asume?

O, mejor dicho, ¿cuáles son los indicios que un observador tendría en cuenta del gobierno de un partido que asume por primera vez?

¿Cuáles son las diferencias iniciales de este elenco con relación a los que lo ejercieron durante los 174 años que lo precedieron?

La primera diferencia es el grado de exposición pública de las ideas y de los planes del gobierno. La transparencia con que se tratan los asuntos de interés público. Y el cuidado que se tiene por trasmitir la información y los planes hacia el público.

Ninguna otra administración, desde hace muchos decenios, ha tenido el grado de sinceramiento que exhibe ésta. Incluso cuando ha habido, aquí y allá, algunos errores, comprensibles por la falta de experiencia, no se ha vacilado en reconocerlos públicamente.

En segundo lugar, tratándose de un elenco que se esfuerza por disminuir el derroche heredado, al mismo tiempo, no hace pirotecnia con lo que va apareciendo a medida que se «desata el paquete» ni aparece con voluntad de ensañamiento con los desatinos y corruptelas que predominaron hasta ahora.

Todo parece indicar que esta prudencia no es sino la antesala de la severidad con que se agotarán ante los magistrados las instancias de contralor de actos contra el patrimonio nacional, a través de las auditorías administrativas que se anunciaron durante la campaña electoral.

Otro aspecto cardinal surge a partir del rumbo que, desde los distintos ámbitos de la Administración Central o Descentralizada, se viene impulsando: los primeros pasos han marcado la voluntad de los nuevos jerarcas por recuperar, todo lo que sea posible, lo que se ha cedido a concesionarios, contratistas o intermediarios que han incumplido con sus compromisos medrando a costa del patrimonio público.

El combate al despilfarro que, en los períodos anteriores, se había adueñado de amplias esferas de gobierno, tiene relación también con un estilo acorde a la situación por la que atraviesa el país y las estrecheces y padecimientos a los que se ve expuesto el pueblo trabajador.

En una palabra, han pasado apenas treinta días desde que asumió el nuevo gobierno y desde el mismo es fácilmente percibible una acción franca y enérgica para abordar los problemas.

Estamos asistiendo a un renacimiento de la política como instancia de debate sobre los hechos públicos.

Se podrá o no estar de acuerdo con el gobierno del Dr. Vázquez, pero nadie puede negar la nitidez de sus objetivos en procura de una mejor distribución de la riqueza nacional y de reparación a los injustamente excluidos del sistema, de la sociedad, de la polis.

Al mismo tiempo el 8 de mayo aparece como una nueva circunstancia en que la última palabra la tendrá la ciudadanía.

Como es obvio aunque ahora de lo que se trata es de la elección de gobiernos departamentales, opción en la que pesan muchos factores propios de cada localidad, es evidente que los primeros trazos dados por el gobierno nacional tendrán una repercusión efectiva en las preferencias de la ciudadanía.

Paradójicamente desde los partidos tradicionales se han deslizado algunas voces criticando «lo interminable de las campaña electorales». Parecen olvidar que las elecciones municipales que se realizarán en mayo se llevan adelante con arreglo a la Constitución vigente de acuerdo a un proyecto impulsado por los partidos tradicionales, al que el Frente Amplio se opuso.

Colocar los grandes problemas nacionales con argumentos y seriedad procurando la intervención del mayor número de ciudadanos posible en la movilización política no debiera ser reprobado por ninguna fuerza política auténticamente democrática. Por el contrario no es sino un deseable proceso de reconstrucción de ciudadanía. *

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