La salud: terminar con el engaño
En la mañana de la pasada Navidad, todos los uruguayos nos sentimos conmovidos por un hecho que, aunque repetido en la crónica roja de la prensa nacional, tenía como partícipe al conocido futbolista compatriota que milita en filas del Valladolid de España, Germán Hornos. En la madrugada del 25 de diciembre, Hornos conducía un automóvil en la ciudad de Durazno y con él viajaban tres amigos, alguno de ellos también futbolista, cuando al llegar a una peligrosa curva, el auto derrapó y se estrelló contra algunos árboles existentes en la citada curva. Como resultado, Hornos resultó con graves lesiones que lo pusieron al borde la muerte en tanto sus compañeros, también con lesiones, sufrieron en menor grado las consecuencias del choque. Esto hubiera querido escribirlo hace casi dos meses, pero el estado de salud de Hornos, de gravedad extrema durante un mes, me impidió hacerlo. Hoy, el jugador se recupera firmemente en España y lucha por volver a ser el que fue y todos nos alegramos de que siga entre nosotros. Pero a lo que ya se escribió sobre el accidente, conocido por todos, fundamentalmente en el mundo deportivo, mi intención es señalar otra faceta bastante desagradable de las consecuencias del mismo.
La gravedad de estado del futbolista después del accidente requirió que el accidentado, junto a sus compañeros, fuera trasladado en una ambulancia a Canelones a la mutualista Caamepa, dado que en Durazno las carencias en materia de salud hacían imposible una atención acorde a la magnitud del problema.
Es de hacer notar que en un momento dado, durante el viaje a Canelones y ante la desesperación de los familiares de uno de los heridos, la ambulancia detiene su marcha porque debía «hacer cola y pagar el peaje» ante el requerimiento de los amigos de Lucio Cáceres, el ex ministro de Transporte. Esta barbaridad sucede con las ambulancias en las carreteras, aunque en su interior se vaya muriendo un herido, pero los ministros de Transporte no están para pensar en estas pequeñeces, mientras los damnificados no sean ellos o algún pariente. Lo narrado fue difundido por el padre de uno de los heridos que viajaba en la ambulancia.
Pero otra connotación más importante y que pone al desnudo la mercantilización de un sistema llamado mutual y que de tal no tiene nada, quedó al descubierto una vez que Germán Hornos llegó a la mutualista citada. Debía ser objeto de una neurocirugía y su costo era de U$S 15.000 (quince mil dólares). Después del accidente se informó del mismo a Paco Casal, quien de inmediato se trasladó a Canelones y también a Juan Ramón Carrasco. El primero, representante del jugador y promotor de su viaje a España, el segundo, su descubridor y técnico en Fénix y la selección nacional. Al llegar Casal a Caamepa se encuentra con que no operaban a Hornos si no había antes por lo menos U$S 7.500 (siete mil quinientos dólares), es decir la mitad de su costo total. En la madrugada de Navidad Casal no tenía ese dinero encima y hubo de salir apresuradamente a conseguirlo a efectos de que el muchacho fuera operado rapidamente, lo que se hizo una vez que apareció el dinero. Todo lo aquí narrado fue divulgado por el propio Juan Ramón Carrasco, presente en la mutualista, testigo de los hechos y que vivió las horas de nerviosismo que la situación demandó antes, durante y después de la intervención quirúrgica.
Este hecho podemos imaginarlo teniendo a cualquier uruguayo como víctima en el lugar de Germán Hornos. ¿ Cuántos se hubieran salvado? ¿Cuántos hubieran dispuesto de U$S 15.000 para pagar la intervención quirúrgica? Sin dudas uno cada muchos miles. ¿Esto es un sistema mutual o un negocio donde los directivos de las empresas y los médicos empresarios han desvirtuado la seguridad social y utilizan como pantalla la mutualidad para amasar grandes fortunas y acudir al Estado cuando los dudosos desequilibrios financieros transforman sus balances en documentos formales poco creíbles?
Hoy existen 48.900 jubilados que mediante el pago solidario, es decir con el aporte común de sus pares, acceden al pago de la cuota mutual por parte del Banco de Previsión Social. Un 65 % de esos jubilados, es decir, más de 30.000, no concurren al médico porque al percibir pasividades menores a $ 3.320 no pueden pagar órdenes, análisis, medicamentos, y un día de estos hasta el aire que respiren dentro de las llamadas mutualistas. El conjunto de jubilados dependientes del BPS está subsidiando al sistema mutual en 11 millones de dólares por año. Tenemos dos ejemplos: el Casmu tiene afiliados 6.979 jubilados que se rigen por sistema solidario del BPS, de los cuales 4.500 no utilizan los servicios de la mutualista, en tanto la Asociación Española, que tiene 6.229 afiliados por el mismo sistema, de los cuales más de 4.000 no utilizan servicio alguno de la mutualista que percibe mes a mes el pago de un servicio que no presta. En definitiva, el Banco de Previsión Social paga tres veces la cuota mutual por cada afiliado que utiliza los servicios mutuales y es el dinero más seguro y puntual que reciben las mutualistas mes a mes. Tan es así que es la garantía de los créditos bancarios que las empresas médicas piden a los bancos de plaza y después les ceden los créditos para que estos bancos cobren directamente al BPS las mensualidades que a ellas les hubieren correspondido. ¿Para esto existe el sistema mutual? Esto así no sirve, es evidente. Hay que terminar de favorecer corporaciones poderosas que, más allá de su denominación, buscan un lucro desmesurado. El caso de Germán Hornos muestra hasta dónde no le sirve al «lobby» médico un Sistema Nacional de Salud. La situación de los jubilados que por un sistema solidario pagan su cuota mutual por el BPS, deja en evidencia la indiferencia de quienes legislan con la pantalla de la seguridad social, escondiendo la verdadera finalidad de un subsidio encubierto pagado con el sacrificio de magras pasividades. Si la gente votó para cambiar, hay cosas que no pueden esperar gradualismos: el Sistema Nacional de Salud es ahora, ya. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad