Wilson y los ausentes

Un 15 de marzo, hace 17 años moría Wilson. Su familia de todos los años como cristianos que son organizan una misa en la fecha consignada. Algunas fueron en la Catedral y las últimas en la Basílica del Cordón. Para los Blancos y si tenemos connotaciones históricas con el origen mismo de su Movimiento Por la Patria, es un ritual sagrado concurrir fiel y religiosamente a rendir una oración por su alma. Entregó su vida por su Partido y por el país. Y al mencionar el país o patria toda, abarco por supuesto a los blancos pero también a la ciudadanía de todas las filiaciones. Por el hombre colorado, por el frentista y sus «peladitos» y por los soldados que también cayeron en una lucha fratricida. Por todos. Por la libertad, la concordia y la paz. No por la de los cementerios sino por la paz verdadera con justicia social. Esta breve oración que como católico le ofrecí con su misa, correspondería se convencieran todos. Me explico. Había el día de la misa y también en años anteriores, representantes de distintas y muy variadas colectividades políticas, religiosas y raciales. Fueron colorados. Stirling, Hierro López, y Flores Silva por citar algunos. Y admito que se me atragantaron 170 años de rencores a esa colectividad ante la grandeza del gesto. La colectividad judía también se hizo presente. Por lo menos un religioso, supongo que Rabino por el Kepa en la cabeza, pude ver. Estuvieron en un templo como el Cordón que es de profesión cristiana y no es justamente la que ellos profesan.

Con respetuosa y digna presencia saludaron y presenciaron el oficio. Gesto que los dignifica. También los árabes y libaneses rindieron presencia y homenaje entre otras muchas representaciones. Hasta acá, macanudo. Sin embargo, lo digo con amargura y dolor, una sola colectividad jamás hizo acto de presencia y ayer tampoco: el Frente Amplio Habiéndose jugado la vida Wilson también por ellos, nunca un dirigente frenteamplista fue capaz de hacer presencia que yo sepa o hubiese visto, y rezar en ese momento crucial que es el magno Oficio que representa sus creencias filosóficas, un humilde Padre Nuestro.

Sí, ya sé. Me dirán que senadores como Fernández Huidobro o Mujica en Cámara y en prensa han vertido generosos y laudatorios conceptos por él. Y está bien. Pero se me ocurre que mejor estaría que en lugar de proselitear y tratar de conmover prensa «geteando» electoralmente, ellos como blancos que no dudo en el «fondo» lo sean, sin publicidad y discretamente, lleven un clavel blanco al altar mayor por el alma de quien les facilitó y logró al final, que fuesen libres y hoy puedan ocupar bancas que en «aquellos» días no se imaginaban. Hay otros blancos que tampoco están en el partido del «padre» Oribe, legisladores y antiguos titulares de intendencias departamentales y actuales vice presidente de la República, que usufructuaron su «sombra» para transitar un camino y llegar a lo que son, que tampoco vimos y que supongo por un elemental agradecimiento a su lucha de la que sacaron partido alguna vez, deberían estar. El doctor Perogrullo creo que opina igual. Pero hay más dirigentes y nadie pasó ni por la vereda. Y seamos justos. ¡Los blancos cumplimos! Cuando falleció Seregni, unos en el velatorio del Palacio Legislativo (pasos perdidos) y Alianza Nacional con el propio Larrañaga a la cabeza, en su casa misma de Colonia y Ejido, fuimos a solidarizarnos con el natural y humano dolor de su pueblo y su familia. Y no se tome un mero acto protocolar, sino que se le acompañó incluso hasta el Cementerio Central en respetuoso recogimiento. Es obvio que tenemos otros sentimientos. Algún «suspicaz» mal pensado, me «sopló» al oído, que tal vez alguna logia misteriosa y esotérica, como Wilson era católico y su homenaje se realiza en una Basílica de esa profesión de fe, el Cordón, verían mal avalar con la presencia de su feligresía. ¡La verdad, que no lo creo! ¡No creo en brujas! Aunque por ahí, dicen que las hay. De todas maneras, la misa oficiada por el Reverendo Sturla, hermano del también gran amigo y muy cristiano Martín, tuvo un entorno, sin perjuicio de lo religioso, nostálgico y emotivo. Un fuerte abrazo de hermandad y sentimiento blanco selló junto a su digna y discreta gran familia un momento de grandes recuerdos partidarios y patrióticos. Al cerrarse las puertas del atrio, la sombra de la noche fue absorbiendo la presencia de sus amigos. Pero todos, de seguro nos llevamos en la mente y en el alma aquella amplia e iluminada sonrisa que supo salvar la Patria y devolverle la libertad a todos. Incluso, a los que lo odiaron, denostaron y hoy lo olvidan. Amén. *

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