Reforma agraria: revisar el dogma para aplicarla

Es indudable que se debe reordenar la actividad agropecuaria no sólo para que en sí misma tenga justicia y equidad social, sino para que se le otorguen por parte de los restantes actores (privados y oficiales) de la economía -con regulación legal- los derechos que siempre debió poseer a través de normas elementales de dignidad, respeto y honestidad mutua, en su relación con interlocutores comerciales y de servicios. No cabría en esta página la larga lista de temas puntuales concretos que hasta hoy no son tenidos en cuenta y que, sin embargo a través de su evaluación-solución pueden y deben racionalizar y hacer más justo y equitativo el resultado de las explotaciones agropecuarias ; a saber y sin comentarios : obligación de balanza en Locales Feria, revisión y legalización del sistema de Remates Feria y gastos que genera al productor, derecho de los productores a pesar en sus propias balanzas, derecho a opción de negocios en pie o segunda balanza, pago al contado en todos los casos, revisión del sistema para la comercialización de productos horti-frutícolas y su marco legal, reforma legal de las cooperativas que negocian productos agropecuarios, eliminación del manejo arbitrario de destares en las pesadas de productos, precios testigos o de referencia, subsidios, endeudamiento, salario rural, cotización del dólar o el euro, manejo de la información de mercados, relación (¿?) de la Asociación de Consignatarios de ganado con la Industria Frigorífica, precios de la reposición, racionalización del crédito bancario y préstamos blandos para el minifundio y/o el peón que desee acceso a la tierra, etc. etc. etc., son todos elementos concretos sin cuya regularización e inclusión en un cauce que cuaje con firmeza como base esencial, no es posible ningún manejo económico-financiero sano, ningún proceso productivo siquiera primario, y menos aún la aplicación de adelantos tecnológicos.

Invito entonces a quienes formulan generalidades difusas y ambigüedades diversas, a que se atrevan en ataques concretos a puntos concretos esenciales de cuya existencia no tiene culpa el productor, lo cual lo exime de responsabilidad en los hechos de : 1) «… Uruguay sigue vendiendo al exterior lo mismo que hace 100 años, carne, lana y otros productos del agro, …» y 2) «… ese mecanismo perverso de producción que va a contramano de lo que se está haciendo en el mundo». ¡Una apreciación que parece hecha por Jorge Batlle que, sin embargo hizo la izquierda! Por supuesto que si el mundo subsidia al productor y el Uruguay no lo hace, nuestro mecanismo de producción va a contramano. Y si las subvenciones hacen que 100 Hás. en Europa sean un latifundio y en nuestro país son un minifundio, iremos siempre a contramano mientras todo sea como hoy. La pregunta es : ¿Pudo el Sector Agropecuario en algún momento de la Historia modificar las cosas, o puede hoy hacerlo sin la tutela regulatoria y fiscalizadora de las Instituciones?

A poco que el nuevo Gobierno aplique apósitos en lo sencillo, y/o hunda el bisturí en lo medular, dando al mismo tiempo al Instituto Nacional de Colonización (sin ningún director corrupto) la oportunidad de ejercer cabalmente el cometido que le asigna la Ley , podremos decir que la Reforma Agraria no sólo está en marcha sino que ha caminado gran parte del camino sin la aplicación de preceptos dogmáticos trasnochados. Sin una Política Agropecuaria que abarque desde la Salud Pública y la Educación hasta la utilización cooperativa de la tecnología y sus implementos, pasando por la eliminación de las rémoras, sanguijuelas y proxenetas que succionan el huevo de oro, no es posible el cambio del modelo productivo, ni la reforma agraria, ni nada.

Con gran frecuencia, hay momentos en que la tozudez irracional de algunas exigencias radicalmente desubicadas dan la pauta de que el proletario necesita y debe voltear al empresario (?), extremo éste que prefiero no comentar.

Existe además -contradictoriamente- una acendrada sensibilidad que cataloga peyorativamente de «consumistas» a quienes reconocemos el derecho a consumir, de los asalariados postergados en sus más elementales necesidades. ¡Carajo! Consumidores son todos los habitantes del planeta. Obviamente se supone que hay grados de consumismo, -a los que nunca mencioné ni tácita ni expresamente- en los que no se incluye a la gente «olvidada» por Batlle. También se me ha atribuido la intención de ridiculizar al Frente colocándome más a la izquierda que la coalición, al pedir la estatización de la Banca Privada «como una demanda para beneficio del Sector Rural». Afirmación tendenciosa, si las hay, habida cuenta de que mi propuesta formulada en LA REPUBLICA del 27/11/04 («Lucha contra la inflación: ¿más de lo mismo?») formaba parte de una solución integral que contemplaba y favorecía a todos los sectores de la economía nacional más relevantes, incluyendo los salarios. Es un desperdicio que algunas inteligencias brillantes no se hayan podido desprender aún de una especie de -permítaseme la licencia- «escolasticismo» enmohecido que les impide aportar su capacidad y una visión práctica de los entuertos concretos a desfacer, de cuya esencialidad nadie puede dudar.

Creo que dentro de la izquierda nacional hay gente de gran valor intelectual y cultural, cuya formación ideológica amalgamada con el indigno y en muchos casos criminal trato recibido de la dictadura, a veces la impulsa a ver fantasmas o a padecer cierto grado de paranoia  muy legítima por cierto- que entre todos debemos ahuyentar. Y cuando digo entre todos, por supuesto que no incluyo al derechismo que, si bien ostenta cuantitativamente mucha inteligencia, ella está dirigida ineluctablemente hacia la ambición y el egoísmo, generadores de deshonestidad y genocidio. Mal podría incluirlo, estando a la vista toda la podredumbre de sus vísceras al aire y su relegamiento a la mínima expresión de incidencia actual.

Cuando digo entre todos, me refiero en primer lugar a toda la izquierda que, hoy por hoy, ostenta todo el poder y el apoyo a los que puede aspirar un partido gobernante, y en segundo lugar a los que no somos zurdos pero sí somos antiderechistas, que debemos convencer a algunas esclarecidas mentes que aún sufren los terribles desgarros de la ignominia dictatorial, que los fantasmas desaparecen en estampida ante el nuevo poder, la luminosidad y la trasparencia. *

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