Otro femicidio mediáticamente disfrazado
Asegura el dicho popular que: «Tanto va el cántaro a la fuente, que al final se rompe».
Lo que no se rompe, aunque frecuentar la fuente sea más que rutina una responsabilidad, es la tendencia de las crónicas policiales a ocultar la realidad cuando se trata de hechos de violencia doméstica.
Un ejemplo claro es la que se publicó en la edición deLA REPUBLICA del día de ayer.
Arranca con una justificación: «En un enloquecido ataque de celos» para consignar enseguida que «un hombre mató a su ex pareja e intentó quitarse la vida».
Ni siquiera influyó lo que el cronista también sabía y apuntó algunas líneas despúes: «Según testigos, el hombre era violento y era común verlo merodear la zona en busca de su ex pareja, de la que nunca había aceptado la separación».
Pero aún hay más: pretende desdibujar la gravedad de la conducta masculina calificándola de «drástica decisión» cuando lo que cometió el hombre fue un homicidio, delito que merece las más altas sanciones que contempla el Código Penal. Y más estrictamente un femicidio, o sea un exitoso atentado contra la vida de una mujer.
¿Dónde queda en esta crónica la violencia doméstica, un delito tipificado en la Ley de Seguridad Ciudadana y reglamentado en la Ley 17.514?
Ambas leyes están vigentes. Se han creado y están funcionando en Montevideo cuatro juzgados especializados en violencia doméstica. Los operadores involucrados en la atención de esta problemática han sido capacitados, y lo serán aún más en el futuro inmediato, para cumplir su función a cabalidad.
Pero hay operadores de medios –que tanta influencia ejercen en la formación de opinión pública–, que insisten con su vieja canción, ajena a la verdadera naturaleza de hechos que con lamentable frecuencia atentan contra los más elementales derechos humanos, preferentemente del género femenino. ¿Será porque, también preferentemente, son hombres los que redactan las noticias policiales, y su propia subjetividad les juega tan mala pasada? Como sea, la responsabilidad de deformar y ocultar la realidad no es excusable. *
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