20 días de pasos firmes
Firmes, seguros y por el buen camino son los primeros pasos que la nueva administración está dando desde hace 20 días. Actitudes, decisiones, toma de medidas hablan a las claras de la voluntad de las fuerzas progresistas de cumplir el programa prometido a la ciudadanía durante la campaña electoral. Pocas veces un gobierno había dado señales tan inequívocas en ese sentido; poquísimas veces –si no ninguna– un gobierno había exhibido tanta celeridad para implementar las medidas pertinentes que permitieran concretar las promesas electorales y hacerlas realidad. Parece haberse acabado el tiempo de las dilaciones en el cumplimiento de los programas de gobierno; atrás ha quedado la inveterada práctica de omisiones de colorados y blancos, expertos en interponer chicanas e inventar pretextos para entorpecer la puesta en marcha de su propio programa de gobierno.
Corresponde, pues, resaltar el radical cambio que el gobierno del doctor Vázquez ha impuesto en el país. El propio presidente lo dijo en su discurso ante el Parlamento: pasó el tiempo de los gobiernos amnésicos. Se podrá argüir que la gran diferencia de este gobierno con los anteriores es que éste cuenta con mayoría en ambas cámaras y que por eso no tiene dificultad alguna para plasmar sus iniciativas. A esto es preciso responder, que todos los gobiernos posdictadura -desde que Wilson Ferreira anunció que su partido aseguraría la necesaria «gobernabilidad», hasta la formalización de la coalición rosada liderada por el doctor Batlle, que gobernó el país en el quinquenio pasado- contaron con sólidas mayorías regimentadas y, no obstante ello, se caracterizaron por el más absoluto desprecio hacia los compromisos asumidos ante la población.
El gobierno progresista, en cambio, ha venido tomando una serie de medidas que la ciudadanía recibe con especial beneplácito y que no hacen sino acrecentar la credibilidad de la nueva administración.
La reanudación de las relaciones diplomáticas con Cuba por un lado, y la firmeza en investigar todo lo relativo al terrorismo de Estado en el más estricto cumplimiento de las disposiciones legales, por otro, son medidas que apuntan a cumplir compromisos emblemáticos asumidos durante la campaña electoral y luego del triunfo de octubre.
La puesta en marcha del Plan de Emergencia Social también deja en evidencia la férrea voluntad política de cumplir sin demora las promesas electorales.
El manejo de la minicrisis financiera de Cofac y la solución hallada a la misma, traslucen idoneidad, sensatez y firmeza y por ello la comunidad se muestra satisfecha y confiada.
Es preciso resaltar, asimismo, la adopción -por parte de los nuevos jerarcas de los organismos estatales- de medidas de austeridad, así como el trabajo de las auditorías que ya permitió conocer situaciones irregulares en algunas oficinas públicas debidas al manejo irresponsable de directores y gerentes de la administración anterior.
La derogación del decreto que autorizaba las razzias fue una medida que, aunque recibió críticas de sectores conservadores, ha sido recibida con satisfacción por la gran mayoría de la sociedad y con especial regocijo de parte de los jóvenes, principales víctimas de una norma liberticida.
Finalmente, el traslado de ciertos delincuentes de cuello duro y guante blanco de la Cárcel Central al módulo 1 del Comcar, es una señal inequívoca de la vocación justiciera del gobierno, dispuesto a barrer los privilegios y a hacer realidad el precepto constitucional de que todos somos iguales ante la ley.
En esta breve reseña no hemos apuntado sino algunas de las medidas gubernamentales que destacan, particularmente, por su pertinencia y que son percibidas por la opinión pública como decisiones acertadas que hacen recuperar la confianza de la población en sus gobernantes. *
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