Primera quincena

Se estila dejar pasar un tiempo prudencial para hacerle las cuentas a un nuevo gobierno, pero las cosas vienen tan veloces que es bueno trazar raya a los quince primeros días. ¿Hay novedad?, ¿hay cambios?, ¿hay líos?, ¿con quiénes, cuáles?

Es difícil encontrar un gobierno que en quince días haya llenado tantas páginas de los diarios, desbordado los noticieros televisivos y producido tantos hechos políticos. Nadie podrá afirmar que es un gobierno que flota. Los vientos vienen fuertes y sostenidos. Es un primer cambio, no poco importante. Cinco años –cuando hay tanto por hacer– se pasan volando.

Al otro día de asumir, el gobierno transmite un mensaje claro en tres direcciones muy precisas: primero, a favor de la producción, de procesos sanos y sostenibles que favorezcan la cadena agroindustrial; segundo, hacia el Interior del país, a la Nación como un proyecto total; y tercero, hacia la integración, una integración con menos palabras y más hechos. La visita conjunta de Vázquez y Lula –con casi todo el gabinete ministerial a Paysandú– tuvo todos esos significados.

Inmediatamente, asistimos al nuevo estilo de los acuerdos ministeriales. Reuniones de concreción y de información a la prensa y a la ciudadanía sobre los principales acuerdos en cada una de las áreas de actividad. Ejecutividad e información inmediata y decenas de anuncios y acciones.

Entre ellas, destacamos la búsqueda de los restos de desaparecidos durante la dictadura en dos dependencias militares. Tiene un valor concreto y un profundo mensaje simbólico: cumplir. Con la ley y con la gente.

Y explotó la primera crisis. En un sector clave: el sistema financiero. A algunos les molestará el término, pero lo utilizamos con premeditación y alevosía. El gobierno anterior dejó expresamente el tema de Cofac para el actual gobierno. El gobierno que se iba no quiso asumir nuevas responsabilidades y enfrentar una situación compleja, para ser generosos. Los motivos de esa postergación pueden ser muchos, los dejamos a la buena voluntad de nuestros lectores.

Al discurso del presidente saliente le faltó una frase: «Le dejamos asimismo una institución bancaria, el único banco cooperativo con una situación comprometida. Arréglense. Total, se trata sólo de algunas decenas de millones de dólares, comparados con los más de mil millones de 2002 destinados a la banca…» Era una prueba difícil, llena de espinas.

En el esquema tradicional de las crisis bancarias uruguayas, las alternativas siempre se presentaron así: o paga toda la sociedad y salvamos al banco o cerramos el banco. Blanco o negro. Y generalmente pagábamos todos. En este caso además, había un elemento que hacía mucho más compleja la situación: se trata de un banco cooperativo, del único banco no estatal de capitales nacionales y de un banco con una clara vocación social y productiva.

Analizar las causas de la situación de Cofac nos llevaría un largo artículo, y no es el motivo de éste. Lo cierto es que la mecha estaba prendida y sobre una situación explosiva y compleja y en medio de la transición de autoridades. Para que no quedara duda de la actitud inocente y gentil del viejo poder.

La salida la conocemos todos: capitalización por parte de socios y clientes grandes, reducción de costos y por lo tanto de salarios, mejoras en la gestión y un plan de negocios que apunta a darle sostenibilidad al banco cooperativo. El gobierno no puso plata de la sociedad, ni siquiera tuvo que adelantar los recursos del fondo de garantías, puso en funcionamiento este mecanismo que le dará mucha mayor solidez al sistema bancario y demostró que se pueden hacer las cosas con flexibilidad e inteligencia sin comprometer al país.

Nobleza obliga a reconocer que todos los partidos políticos trabajaron para esta solución. Chapeau. Primera prueba sorteada con buena nota. Ganó el país, la producción nacional, el sistema financiero, el movimiento cooperativo y naturalmente, Cofac.

Segunda prueba: el Partido Nacional retira sus candidatos de todos los cargos en los entes del Estado, bancos y organismos de enseñanza. Malo para el país, malo para el gobierno. Todos nos augurábamos que había terminado el período de las fracturas y los polos y se avanzaba en un sistema más articulado y flexible. Un poco de candidez. Los viejos tiburones andan siempre sueltos y merodeando y no tienen empacho en utilizar al país para zanjar disputas internas dentro del partido.

¿Quién ganó? Ganaron los que se juegan a una posición dura y frontal de la oposición blanca y colorada, en este caso, el doctor Lacalle. Y ganaron también porque algunas desprolijidades de parte del gobierno progresista sobre el tema de los cargos, los ayudó, les dio fuerza en la interna blanca. Pero una cosa es la chispa y otra el combustible.

La desprolijidad es explicable. Los blancos y los colorados jamás se hubieran equivocado, ellos tienen décadas, siglo y pico de manejar el poder y todas sus roldanas y palancas. Ellos sabían muy bien cómo controlar el Banco de la República. No era un cargo más, era un cargo clave. No hay desproporción entre ese cargo en el BROU y la actitud asumida por el Directorio nacionalista.

Ese cargo es una posición clave de toda su estrategia política-económica. Perdida esa capacidad de incidir en las decisiones del principal banco del país, perdida la capacidad de negociar desde adentro y condicionar desde adentro sin asumir responsabilidades, cambió todo el escenario. Ergo: aunque tarde, el gobierno progresista tiene razón en quedarse con esos cuatro cargos.

De más está decir que no son los blancos, y menos los herreristas, los más indicados para –con voces angelicales– reclamar cargos y posiciones que nunca compartieron. En el gobierno de Lacalle los blancos y los colorados participaron asociados al respaldo parlamentario y en el gobierno Sanguinetti II y Batlle todos los cargos fueron ocupados por la coalición. Ni siquiera se respetó la proporcionalidad en los organismos de control como la Corte Electoral o el Tribunal de Cuentas. Pero los antecedentes sirven para hacer justicia histórica y para que no nos trafiquen gato por liebre; para el presente y el futuro lo que cuentan son los hechos, y la retirada de los blancos de los entes es un retroceso en una firme política de diálogo entre todas las fuerzas políticas. Ni siquiera nos molestamos en los fuegos artificiales, en las declaraciones de circunstancias sobre la vocación de «partido único» o en las tendencias autoritarias. Con ese criterio los últimos 15 años deberían considerarse un oprobio, sobre todo de quienes descienden no de los cielos sino del pacto del «chinchulín». Argumentos poco serios.

El gobierno envió los pedidos de venia con las puertas abiertas, sin llenar todos los cargos. Ahora, los blancos tienen la palabra. Hablamos de los blancos en plural, porque no todos tienen esa visión tremendista y frontal, hay matices, visiones y acentos diferentes. Si no se deciden a llenar esas responsabilidades con el país y con sus propios electores (recordar sus promesas electorales sobre gobierno de entonación nacional) habrá que pensar en serio y urgente en una reforma del Estado y en disminuir cargos.

El primer fogonazo. El Ministerio de Transporte y Obras Públicas anunció el proceso para terminar con la concesión de la Ruta 1.

Cualquiera que haya transitado o mejor dicho ondulado por esa ruta, con defectos de construcción visibles y enormes y haya visto los plazos geológicos con los cuales avanzaban las obras, comprende perfectamente la medida.

Es además, un elemento simbólico, los uruguayos no queremos sólo declamaciones, queremos que las cosas se vean y votamos para que se cambie
n. Y ése es uno de los muchos escándalos sobre los que queremos claridad y ejecutividad. Después, será la Justicia la que determinará si fue por desidia, por incapacidad o por algo mucho peor, que el Estado se degradó a esos niveles: cuatro años de atraso en las obras que llevan 6 años, evasión fiscal, seguros de difícil explicación, créditos bancarios injustificables y otras cosillas…

Para adelante y para futuros artículos dejamos señalados dos temas de fondo: la crisis energética y la crisis de la seguridad pública. Habrá que seguirlas de cerca. Las causas no son sólo la meteorología, la voluntad divina o las espontáneas debilidades humanas. *

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