La imperiosa necesidad de conocer la verdad

Muchos tienen que comprender definitivamente que lo que manifestó el señor Presidente, sobre el tema de los desaparecidos, no es un ataque de genitalidad. Sólo es, por fin, hacer cumplir las leyes de este país. Muchos tienen que entender que se terminaron las contemplaciones, y como es el Presidente, con tranquilidad, sin estridencias, les dice que es el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas.

Si algunos quieren hacerse los distraídos y mirar para el costado, igual tienen que acatar, porque la ley es la ley. Además todo esto es interés de la República y definitivamente hay que darle una lección de seriedad, unidad con el pueblo y por sobre todo coherencia con los principios.

Todo esto va de yapa, y el que quiera aprender que aprenda y el que tenga que acatar que lo haga. Debe haber lugar para la justicia, porque los uruguayos tienen el derecho a saber lo que ocurrió, y saber quiénes lo hicieron y cómo lo hicieron. Porque nadie tiene el derecho de ocultarles la verdad. Porque es el más elemental de los derechos, pero también porque el país tiene que curar sus heridas, dejarlas al aire libre para que no sigan infectadas y supurando, ya que si se ponen a plena luz, quedarán ventiladas cicatrizando sin contagiar a los que están a su alrededor. Por desgracia hasta el momento ha habido en determinados sectores, el deliberado propósito de impedir la búsqueda de la verdad.

Esta decisión del señor Presidente es con seguridad, con principios de cumplimiento de su palabra. Porque sabedor es el Presidente de todos los uruguayos, que aquí no cabe la búsqueda de ventajas políticas, mayores y menores, ni la firmeza de cómo se interviene. Se mide por el orden de sus comparecencias o el modo de los gritos. Lo único que importa es la responsabilidad.

El señor Presidente sabe que los uruguayos no se cansaron de sostener que este país, sus habitantes, tienen la imperiosa necesidad de recordar el pasado por más triste y angustioso que sea. Porque afirmándose en él, podemos mirar y construir con alegría y esperanza el futuro que tanta falta nos hace. Estoy seguro de que el señor Presidente es sabedor de que en todo esto no hay lugar para la venganza ni el ajuste de cuentas, ya que esta no se puede cobrar por la magnitud de los hechos repugnantes que ocurrieron. Quiera Dios que las cosas se aclaren de una vez, porque mientras esto no suceda, la demora del paso del tiempo seguirá haciendo daño. Creemos –y así será– que cuando evoquemos la memoria de los muertos y desaparecidos por la dictadura, que al dolor no se nos sume la vergüenza. Tenemos la esperanza de que en un próximo aniversario podamos hablar de todo esto sin tener que ensuciar todo tipo de evocación sabiendo cómo los asesinos cometieron sus aberraciones.

En todo caso hay algo que no dudamos que pase con el tiempo. Olvidaremos o no muchas cosas y hasta si hay que perdonar algunas, tal vez las perdonemos. Pero esta deuda que tienen con toda la sociedad tiene que ser pagada y se va a pagar. Estoy seguro de que el señor Presidente hará lo que entienda justo. Con cabeza fría y pulso firme, porque él sabe que la cosa no es andar sacando pecho, sino mantenerlo firme y generoso. *

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