Los ministros y el Parlamento

El Presidente Lula está por anunciar algunos cambios en su gabinete ministerial. Serán algunos retoques en pocos ministerios y no en los más importantes, los cuales mantendrán a sus titulares.

El motivo de esta pequeña reforma es doble: por un lado, busca cambiar a los ministros que no han tenido un buen desempeño (casi todos son del PT) y también persigue fortalecer la «base aliada». Es decir, darle más cargos a los partidos políticos aliados al gobierno, cuyos votos le son imprescindibles en el Parlamento. No hay que olvidar que el PT no tiene mayoría en ninguna de las dos Cámaras, ya que Lula triunfó en el segundo turno.

Y son justamente estas dos áreas, los ministros y el Parlamento, las que hoy ocuparán la atención de este somero análisis que venimos haciendo de en qué le puede servir la experiencia brasileña de estos dos últimos años al gobierno que hace pocos días comenzó en Uruguay.

La semana pasada vimos los éxitos y la popularidad del ministro de Economía, Antonio Palocci. Pero él no podría haber hecho lo que hizo sin el apoyo de otros jerarcas de esta administración. En primer término, de quienes lo acompañan en el equipo económico: el presidente del Banco Central, Henrique Meirelles, un destacado y experiente banquero a nivel internacional, que antes llegó a dirigir mundialmente al Banco de Boston, y Guido Mantega, quien se desempeñó en Planeamiento hasta hace dos meses, cuando pasó a presidir el BNDES (Banco de Desarrollo), una fortísima institución crediticia estatal. Su anterior titular fue Carlos Lessa, un prestigioso intelectual histórico del PT, que tuvo al frente del Banco una gestión poblada de declaraciones y decisiones que contrariaron las orientaciones del Ministerio de Economía. Tal vez esta minirreforma ministerial que aguardamos haya comenzado con la sustitución de Lessa a fines del año pasado.

Pero no sólo sus compañeros de equipo económico fueron un apoyo para Palocci, también hubo dos ministros fundamentales en esta expansión productiva que tuvo el Brasil en este año: el de Agricultura, Roberto Rodrigues, y el de Desenvolvimento, Luiz Fernando Furlan. Tanto Rodrígues como Furlan vienen de la actividad empresarial privada y hasta ser ministros fueron empresarios de primer nivel en dos de las más importantes compañías del Brasil. Ellos constantemente batallan para que el país produzca y exporte más y acceda a nuevos mercados.

Quien prometía ser la estrella del gabinete Lula, se ha ido opacando en el último año. Era el presidente del PT cuando se alcanzó la victoria, todos lo consideraban el brazo derecho de Lula, fue quien adecuó al Partido a los nuevos tiempos; y además lucía un atractivo pasado de líder estudiantil canjeado por un embajador de los EEUU secuestrado, y que retornó al Brasil, clandestino y con una falsa identidad. José Dirceu ocupa la jefatura de la Casa Civil, un cargo clave en el gabinete. Es una mezcla de Primer Ministro y Secretario de la Presidencia.

Las cosas empezaron a rodar mal para Zé Dirceu un año atrás, cuando se descubrió que uno de sus asesores, Waldomiro Diniz, estuvo envuelto en un escándalo de corrupción en la lotería de Río de Janeiro. El episodio era anterior a este gobierno, pero igual salpicó barro para todos los costados. El Presidente llegó, en los meses subsiguintes, al pico más bajo de popularidad (después volvió a mejorar), pero el principal damnificado fue el ministro Dirceu. Perdió mucho prestigio y, por lo tanto, también poder.

Esto muestra que se debe ser muy cuidadoso en los temas referentes a la corrupción y a quiénes se incluye en los mandos intermedios (Diniz era figura de segundo orden).

En lo relativo al Parlamento, el gobierno de Tabaré Vázquez tiene una ventaja que ya señalamos con respecto al de Lula: tiene mayoría parlamentaria propia. Pero mucho cuidado deberá tener en que esta ventaja no se transforme en un arma de doble filo. Si Tabaré se confía excesivamente en que cuenta con los votos de todos los grupos que lo apoyaron, dependerá mucho de todos y cada uno de ellos. Si en un algún tema específico, alguno de ellos le retacea el apoyo, sobrevendrá una crisis; y de esta manera el Presidente correrá el riesgo de terminar siendo rehén de su propio Partido.

Por eso, aunque no lo necesite para lograr mayorías simples en las Cámaras legislativas, este gobierno debería buscar ampliar su base política. Coaligar con las fuerzas más progresistas de los partidos blanco y Colorado sería una tranquilidad para el Presidente y haría de éste un gobierno no tan «de partido». Lula pudo sortear su crisis con los radicales del PT primero, porque eran pocos (una senadora y tres diputados) y después, porque había hecho coalición con otros partidos, que le sumaban votos en el Parlamento.

Una figura me parece clave en el gobierno que empieza y es alguien que no tiene similar en la administración Lula. Es ministro de Ganadería, un área fundamental para el desarrollo futuro del Uruguay, y además es líder del partido más votado dentro del Frente Amplio. Pepe Mujica es un personaje singular, único. Lula no tiene en su entorno a nadie con tanto peso político propio, con tantos votos (populares y en el Parlamento) y que puede llegar a convertirse en un contrapeso de poder.

De cómo sean las relaciones entre Vázquez y Mujica, y de éste con Danilo Astori, dependerá mucho cómo será el futuro de los orientales. *

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